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Si no te sometes, no eres humilde



Estos que se empecinan en obligar a los demás a someterse con toda humildad, espantan a la gente por la tufarada que exhalan.


Repito el enunciado: “Si no te sometes, no eres humilde”. ¿Has oído  esta expresión alguna vez? Es posible que tu respuesta sea afirmativa. Hay personas que ya sea desde el púlpito o a ras de suelo, con mirada profunda y postureo se dirigen a su  iglesia con el fin de convencerles de que están faltos  de humildad. Lo hacen queriendo convencerles de que en su consejo no hay soberbia, que su consejo es sano. 

Acusan a miembros asertivos, con dones y ganas de trabajar para el Señor de ser vanidosos, no sujetos a las normas que ellos han impuesto. Normas que con bastante seguridad son insulsas y establecidas en beneficio propio. 


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Foto de Mariah Solomon en Unsplash CC.

Creen estos dirigentes que de esta manera, amedrentando, es como pueden tapar sus propios defectos, su falta de preparación para guiar a la congregación y mostrar la ausencia de otros dones de los que escasean. Tratan de inculcar a los que quieren que les sirvan que tienen la verdad absoluta y poseen la unción de Dios. La razón en los demás no existe, sólo en los mandamases, aunque no posean sabiduría o preparación alguna.

El tema consiste en que estos los pequeños endiosados, bajo la cobertura de algunos incondicionales con los que han tramado un pacto, quieren hacer creer que han sido señalados por el Señor para gobernar las vidas de los demás. No se tienen por orgullosos y tachan de eso mismo a los que no acatan sus mandatos. 

Si te apartas a un lado y no entras por el aro que han establecido para venerarse a sí mismos, no eres humilde. Simplemente no puedes tener criterio propio, está prohibido.

Te advierten de que tienes que aprender a obedecer porque así lo manda el Señor o recibirás todo el daño divino que pueda caerte encima. No obstante, se ve con claridad que son ellos los vanidosos. 

Estos que se empecinan en obligar a los demás a someterse con toda humildad, espantan a la gente por la tufarada que exhalan. Son expertos en debilitar los ánimos. Fomentan, eso sí, la desgana, ríos de lamentos y cascadas de silencios.

Por desgracia, cuánto daño se hace en algunas congregaciones, con lo hermoso que es el Señor y lo que nos quiere. Mirémosle sólo a él, recibamos su apoyo, sus instrucciones y estemos atentos al ejercicio del don de discernimiento.


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Isabel Pavón.
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