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Salud, vida y bendición


Certifiquemos sin cansarnos la dicha de los que amamos al Creador de todo el universo.

Los que temen al Señor vivirán,
porque esperan en su salvador;
el que teme al Señor no se alarmará
ni se acobardará, porque él es su esperanza;
dichoso el que teme al Señor,
¿en quién confía, quién es su apoyo?
El Señor se fija en los que lo aman,
es su robusto escudo, su firme apoyo,
sombra en el bochorno, reparo a mediodía,
protección del que tropieza, auxilio del que cae,
levanta el ánimo, alumbra los ojos,
da salud y vida y bendición.
Eclesiástico 34, 13-17


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Foto de Kassem Mahfouz en Unsplash.

¡Qué lectura tan hermosa y alentadora aparece en este libro deuterocanónico, y cuánto bien puede hacernos! Su contenido, tan cercano como entrañable, nos permite modificar el verbo temer por el de amar. 

No dejemos de recordar que los que amamos al Señor viviremos sin que la angustia nos asalte durante largo tiempo, por que tenemos puesta la esperanza plena en quien nos salva.

No olvidemos que los que amamos al Señor no nos alarmaremos de manera extrema, ni perderemos el control ante las causas que nos vienen en contra. Porque toda nuestra confianza está arraigada con fuerza en el corazón del Señor.

Certifiquemos sin cansarnos la dicha de los que amamos al Creador de todo el universo. ¿En quién vamos a confiar sino en sus brazos protectores? ¿En qué nos apoyaremos sino en el cuidado que nos tiene?

Nos deleitamos sabiendo que no hay otro. Es el Señor quien pone su mirada y su interés en todos los que conociéndole le aman. Él es para ellos como un fuerte acompañante que los defiende dondequiera que estén. Es el firme apoyo en quien poder sujetarse si persiste la adversidad.

Todos invoquemos al Señor. Es la sombra que se acompaña de brisa fresca y protege del castigo que escolta la calima de nuestra existencia.

Hemos de saber que cuando se produzcan los tropiezos estaremos protegidos. Cuando caigamos seremos auxiliados. 

El Señor reanima a los desanimados, a los que hemos perdido la ilusión que nos levantaba en la mañana. Hace brillar los ojos de los que tenemos apagada la mirada por causa del desaliento. 

Verdaderamente él es el único que nos da salud y vida y bendición. No hay nada que se le parezca.

Este hermoso texto nos recuerda certezas que se duermen y necesitan ser despertadas con urgencia; consuelos que se esfuman y precisan ser renovados.

 


Publicación en otros medios:
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Isabel Pavón.
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