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Rut la extranjera


Pocas veces a lo largo de la historia se han producido tantas salidas masivas, ya sea por hambre, guerra, ideología política como en nuestro tiempo.


Luego Booz preguntó al capataz de los segadores: 

–¿De qué familia es esa muchacha? 

El capataz le contestó: 

–Es una moabita, que vino de Moab con Noemí. Me pidió permiso para ir detrás de los segadores recogiendo espigas, y se ha pasado trabajando toda la mañana, hasta ahora mismo que ha venido a descansar un poco.

Entonces Booz dijo a Rut: 

–Escucha, hija mía, no vayas a recoger espigas a ningún otro campo. Quédate aquí, con mis criadas, y luego síguelas a donde veas que los segadores están trabajando. Ya he ordenado a mis criados que nadie te moleste. Cuando tengas sed, ve a donde están las vasijas del agua y toma de la que ellos sacan. 

Rut, inclinándose hasta el suelo en señal de respeto, le preguntó a Booz: 

–¿Por qué te has fijado en mí y eres tan amable conmigo, siendo yo una extranjera? 

Booz respondió: 

–Sé muy bien todo lo que has hecho por tu suegra desde que murió tu marido, y también sé que dejaste a tus padres y tu patria por venir a vivir con nosotros, que éramos gente desconocida para ti. ¡Que Dios te lo pague! ¡Que el Señor y Dios de Israel, en quien has buscado amparo, te premie por todo lo que has hecho! Rut 2,5-12.


2

 

Todos conocemos el hermoso libro de Rut, la moabita, la bisabuela de David, la que forma parte de la genealogía de Jesús. De él podemos extraer diferentes enseñanzas, todas ellas hermosas. Leamos versículo a versículo.

Luego Booz preguntó al capataz de los segadores: 

–¿De qué familia es esa muchacha?

No conoce a Rut y siente curiosidad por saber quién es y a qué familia pertenece esta muchacha que ve descansando después de haber estado trabajando todo el día.

El capataz le contestó: 

–Es una moabita, que vino de Moab con Noemí. Me pidió permiso para ir detrás de los segadores recogiendo espigas, y se ha pasado trabajando toda la mañana, hasta ahora mismo que ha venido a descansar un poco.

Hay que resaltar la figura de este capataz, un hombre que aparece poco en esta historia pero que, cuando lo hace, brilla. Hemos visto que Booz no está ajeno a la llegada de Rut a Belén. Al verla se interesa por ella pero, al no identificarla, no se atreve a hablarle directamente y se ve obligado a preguntarle a su encargado que sí está al tanto de su presencia. Fue a él a quien se acercó la joven para pedirle permiso con respeto y recoger las espigas que saciarán su hambre y la de su suegra. 

La ha estado observando y sabe cómo se ha comportado durante todo el día. Puede dar una respuesta negativa al dueño del campo, puede tergiversar la conducta de Rut, pero es leal cuando responde a su señor. 

Teniendo en cuenta el poco valor que en este tiempo se le daba a una mujer, su buen comportamiento es evidente y el capataz sabe presentársela a su señor de manera impecable. Este "pasaporte" es el que le vale a Rut para que Booz se le acerque, pues al oír el nombre de Noemí, se le refresca en la memoria la triste historia que todos conocen, las trágicas experiencias que estas dos mujeres han vivido y el cariño que Rut le tiene a su suegra.  

Booz se siente con la confianza que necesita para hablar con ella y tener un acercamiento delicado:

–Escucha, hija mía, no vayas a recoger espigas a ningún otro campo. Quédate aquí, con mis criadas, y luego síguelas a donde veas que los segadores están trabajando. Ya he ordenado a mis criados que nadie te moleste. Cuando tengas sed, ve a donde están las vasijas del agua y toma de la que ellos sacan. 

Porque en su corazón Booz sabe que no sólo los que pertenecen a Belén disponen del derecho al sustento y le abre las puertas con generosidad, la acoge, le hace hueco. En principio la protege como a una más entre el grupo de sus criadas y da orden a sus trabajadores para que nadie la moleste. Lo que poseen sus trabajadores lo pone al servicio de la muchacha. Hace de la extranjera una más entre los suyos. A la que viene de lejos, a la que no sabe de otro sitio mejor adonde ir más que volver a los orígenes de su marido y su suegra, la que se ha visto obligada a dar un giro en su vida y volver atrás para empezar de nuevo, a la que no pertenece a la comunidad de Booz él le abre las puertas sin ponerle más difícil su estado de necesidad.

Rut no entiende tanta buenaventura, no espera un comportamiento así de un hombre tan importante e inclinándose hasta el suelo en señal de respeto, le pregunta:

–¿Por qué te has fijado en mí y eres tan amable conmigo, siendo yo una extranjera?

La muchacha, además de tener la desgracia de ser mujer, también es pobre y es extranjera. Se sincera al reconocer que no está acostumbrada a tanto bueno. Sabe que nada de lo que hay a su alrededor le corresponde, que no tiene más pertenencias que el apetito que ella y su suegra traen consigo. Es entonces cuando Booz le expone todo lo que sabe:

–Sé muy bien todo lo que has hecho por tu suegra desde que murió tu marido, y también sé que dejaste a tus padres y tu patria por venir a vivir con nosotros, que éramos gente desconocida para ti. ¡Que Dios te lo pague! ¡Que el Señor y Dios de Israel, en quien has buscado amparo, te premie por todo lo que has hecho!

Con sus palabras reafirma a Rut en todo lo bueno que ha hecho, le allana el camino, le tiende la mano y como si fuese él quien le debiera algo a ella, como si fuese él quien estuviera agradecido por algo que ella ha hecho en su favor le dice: ¡Que Dios te lo pague! ¡Que el Señor y Dios de Israel, en quien has buscado amparo, te premie por todo lo que has hecho!

En este pequeño texto de ocho versículos podemos ver la importancia de resaltar ante los demás lo bueno, como hace el capataz, que otros tienen. 

Cambiando algunos matices, este caso tan antiguo sigue siendo contemporáneo, demasiado contemporáneo, ya que pocas veces a lo largo de la historia se han producido tantas salidas masivas, ya sea por hambre, guerra, ideología política como en nuestro tiempo. 

¿No es verdad que todo extranjero que viene y va, llega a su destino con la esperanza de poder decir a los que le acogen: ¿Por qué te has fijado en mí y eres tan amable conmigo, siendo yo un extranjero? Y nosotros, como buenos anfitriones, tenemos la ilusión de responderles: Escuchad, amigos, no vayáis a ningún otro lugar. Somos conocedores de vuestras penurias. Quedaos aquí, con nosotros, id a donde veáis que hay trabajo, alimentaos y alimentad a los vuestros. Id tranquilos. Hemos ordenado que nadie os moleste. 

Poco podemos hacer ya por todos los que han muerto en su lucha por intentar lograr una vida mejor. Lo que no hemos querido o no hemos podido hacer por ellos hagámoslo por los que sí llegaron y nos acompañan, por los que están por venir. Roguemos a Dios por ellos.

Recomiendo el libro Rut la moabita. Una historia de amor. Ediciones Camino Viejo. Stuart Park.

Publicación en otros medios:
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