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Resiliencia de la palmera

Los golpes no siempre se pueden esquivar. Hay que tener mucha voluntad para remontar y superar situaciones difíciles de soportar.

Para las personas que pasean a diario por este parque de Fuengirola, esta palmera les es muy conocida por su particular figura. Su tronco es robusto y fuerte, pero al llegar a lo alto algo pasó que cambió su manera de crecer. Yo diría más, yo diría que estuvo mucho tiempo dando la impresión de que había muerto. Sin embargo, sólo estaba cogiendo las fuerzas que necesitaba para progresar. 

Si queremos, al observar la foto podemos fantasear con que su copa se inclina porque sostiene la inmensidad del cielo. Quizá sea eso, aunque lo más probable es que haya sobrellevado el peso de una adversidad continuada. Una profunda adversidad que no ha logrado acabar con ella.

 


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Palmera en un parque de Fuengirola. / Ferb Bernal

Vemos que, lejos de estar mustia, es frondosa y llena de vida. Percibimos que está cuidada con esmero, no tiene ramas secas que le afeen aún más su singular figura. Aunque en la imagen no aparecen frutos, estoy segura de que los da en abundancia, pues un grupo de jardineros la riega y la mima para que así sea. 

Este árbol es un modelo para nosotros. No todas las personas somos iguales, cada cual tenemos una trayectoria. La vida se nos tuerce por cualquier circunstancia desfavorable y esa situación se apodera de nosotros sin pedirnos permiso. 

Los golpes no siempre se pueden esquivar. Hay que tener mucha voluntad para remontar y superar situaciones difíciles de soportar. A esto se le denomina resiliencia y aparece como contrapartida al trauma. Ella es la fuerza que nos empuja a rebelarnos contra lo negativo; a levantarnos cuando caemos; a seguir adelante cuando las fuerzas no acompañan lo suficiente. A pesar de nuestra carga, de nuestra singular hechura, la resiliencia es la que conduce nuestro barco contra viento y marea; la que nos da el tono de humor para ponernos el mundo por montera; la que nos ayuda a mirarlo todo de manera diferente; nos conduce hacia adelante, a crecer a pesar de los pesares y a dar flores y frutos cuando llegue el momento oportuno. 

Si a la resiliencia le sumamos el cariño de los que tenemos cerca, mejor que mejor. Y si le añadimos el cariño de los que tenemos lejos, vamos, vamos, esto es ya el no va más. Esto es la caraba.

 

Publicación en otros medios:
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Isabel Pavón.
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