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Por mí lo hicisteis

“Si alguno ama a Dios, Dios le conoce a él”. ¿Y de qué manera se le conoce?

“Cuando venga el Hijo del hombre rodeado de esplendor y de todos los ángeles,se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará a unos de otros como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Y dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid vosotros, los que mi Padre ha bendecido: recibid el reino que se os ha preparado desde la creación del mundo. 

 

Entre todos la mataron...

2

 

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recibisteis, anduve sin ropa y me vestisteis, caí enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y vinisteis a verme.’ Entonces los justos preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿O cuándo te vimos forastero y te recibimos, o falto de ropa y te vestimos? ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’ El Rey les contestará: ‘Os aseguro que todo lo que hicisteis por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicisteis.’ Mt 25,31-40.

“Si alguno ama a Dios, Dios le conoce a él”. 1 Cor 8,3

¿Y de qué manera le conoce?

Cuando se le acabó la ayuda familiar a Manuela y entre todos los de la iglesia la sacasteis del apuro destinando la parte oportuna para ella y su familia.

Cuando Juan, a causa de todos sus problemas cayó en una gran depresión e hicisteis todo lo posible por animarle en vez de culparle de sus desgracias.

Cuando los hijos de Josefa se fueron enfadados de casa y con todo respeto os interesasteis en preguntar qué había pasado, porque considerasteis que sus problemas eran también los vuestros y que lo mismo que le había pasado a ella os podía pasar a vosotros.

Cuando Rodolfo y Conchita se separaron porque las cosas no iban bien desde hacía tiempo, su casa era un infierno y entendisteis que era la solución más adecuada, tuvisteis además la deferencia de conversar con ellos sin entrometeros en sus intimidades. Los llamasteis por teléfono, los invitasteis a tomar café, paseasteis juntos  con tal de que pudieran desahogarse.

Cuando vuestro hermano en la fe metía la pata y se lo dijisteis con franqueza en vez de andar criticándole a sus espaldas. 

Cuando el pecado de Juani fue público y no le retiraste la palabra porque todos sabíais que lo que hizo él, lo hacéis vosotros también a escondidas.

Cuando pusieron en disciplina a Teodoro y no le retirasteis vuestra amistad, ni mirasteis para otro lado, ni cruzasteis de acera.

Cuando no hacéis distinción entre las personas según su género.

Cuando supisteis oponeros a las normas establecidas con tal de apoyar la dignidad de Ester.

Cuando no menospreciasteis al prójimo por su aspecto, ni por su acento, ni por el color de su piel, ni por su manera de vestir, ni por su idiosincrasia. 

Cuando aceptáis con amor las meteduras de pata de Joaquín porque os fijáis más en las ganas de avanzar que tiene.

Cuando prestáis atención al que no comparte vuestra misma fe.

Cuando no creísteis las mentiras que dijeron de Eduardina y tuvisteis el valor de preguntarle la verdad.

Cuando dais la cara por vuestros hermanos defendiéndolos. 

Cuando os interesáis por los que no veis con frecuencia y queréis saber si están bien.

 Y porque “muchos no hacen lo bueno que quieren hacer, sino lo malo que no quieren. Ahora bien, si lo que no quieren hacer es lo que hacen, ya no son ellos quienes lo hacen, sino el pecado que está en ellos”. Ro. 7:19-20.

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Isabel Pavón.
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