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Pastorado universal


Jesús es el buen pastor y son sus maneras las que hay que imitar. A estos que menciono, deseosos de universalidad, no hemos tenido la oportunidad de conocerlos.

El Señor es mi pastor;

nada me falta.

Me hace descansar en verdes pastos,

me guía a arroyos de tranquilas aguas,

me da nuevas fuerzas

y me lleva por caminos rectos

haciendo honor a su nombre.

Aunque pase por el más oscuro de los valles,

no temeré peligro alguno,

porque tú, Señor, estás conmigo;

tu vara y tu cayado me inspiran confianza.

Me has preparado un banquete

ante los ojos de mis enemigos;

has vertido perfume sobre mi cabeza

y has llenado mi copa a rebosar.

Tu bondad y tu amor me acompañan

a lo largo de mis días,

y en tu casa, oh Señor, por siempre viviré.

Salmo 23


2

 

Reflexiono sobre el salmo veintitrés y el ejercicio del pastorado y me paro a pensar en aquellos que afirman ser pastores universales y exigen este reconocimiento de todas aquellas personas a las que nunca han cuidado, ni cuidan, ni cuidarán, ni pertenecen a su congregación y con las que es posible que no se vean nunca, si acaso una vez en su vida y después no vuelvan a encontrarse. Me refiero a aquellos que se cuelgan el ministerio en la solapa y se crean un aura de sublime importancia. Piensan que todo está o debe estar bajo su control, ya sea aquí o en Pekín, que su labor es internacional aunque todavía no hayan tenido la oportunidad de salir de su pueblo.

Es justo, por supuesto, que si llegan a visitar a otros cristianos se les presente como pastor de tal o cual iglesia, y es justo también que se les respete como todos somos dignos de respeto. Otro tema distinto es la cuasi adoración.

Jesús es el buen pastor y son sus maneras las que hay que imitar. A estos que menciono, deseosos de universalidad, no hemos tenido la oportunidad de conocerlos. No sabemos cómo están llevando a cabo el desarrollo de los miembros de su iglesia. 

El pastor de otra iglesia no es mi pastor pues, por muy buena persona que sea, no me protege, no me alimenta, no me conduce.

En mi humilde opinión pienso que no estamos obligados a aceptar como cuidador  a quien no está ejerciendo como tal. No estamos llamados a reconocer tal cosa, pues la aceptación del servicio que prestan no siempre traspasa las puertas de sus templos. Es más, los hay que ni siquiera permiten que los de sus comunidades visiten a otros hermanos sin su permiso, y cuando van los otros a visitarlos les exigen que hayan pedido la aprobación de su pastor. Como si los cristianos tuviesen dueños cuyo poder les coartase la libertad. 

Concluyo. El jefe de una empresa ajena a la mía no es mi jefe, puede ser mi amigo, pero jefe no. El médico de mi vecina no es mi médico, quizá estudiaron juntos la carrera, pero no me cura. El padre de mi amiga no es mi padre, ni su hermano es mi hermano. ¿Por qué el pastor de otra iglesia ha de ser también mi pastor?

El que quiera honra que la gane. No se puede pedir si no se ha dado antes. No se recoge si no se siembra. Sólo Jesús es pastor universal de todos.

 

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Isabel Pavón.
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