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Jesús no necesita nuestros anzuelos



Jesús no necesita de nuestros anzuelos, esos ganchos que usamos mostrando una irrealidad que llevará a estrellarse al inocente y a despotricar de la fe más adelante.


Jesús no necesita de tus anzuelos, de que vayas al salto de la mata contando por ahí al primero que pasa que si le sigue, él le hará grandes milagros, y que ese que está en la lista del paro encontrará un trabajo superior en cuanto le acepte como Señor y Salvador, que en su vida el mal jamás hará acto de presencia. No, Jesús no necesita que engañes diciéndole al prójimo que será el ser más feliz del universo, porque la tragedia nunca llamará a su puerta si es que Jesús entró por ella. No mientas. No quieras convencer de que el creyente no tendrá jamás enfermedades, tú también las tienes; que nunca tendrá que pisar una farmacia, tú vas de vez en cuando; ni visitar al médico porque su salud será de hierro, tú eres usuario de tu centro de salud. No. Todos vamos a morir de un modo u otro, de una manera u otra. Como todo ser mortal, estamos expuestos a cualquier cosa.

 


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También yo me lo aplico. No mintamos pintando arcoíris de colores que no son ciertos cada vez que damos testimonio público de nuestra fe. Jesús no necesita de nuestros anzuelos, esos ganchos que usamos mostrando una irrealidad que llevará a estrellarse al inocente y a despotricar de la fe más adelante.

Por supuesto que Jesús nos libra de todo lo que quiere él librarnos, cuando quiere librarnos, como quiere librarnos, y donde quiere hacerlo, pero no siempre. Sin embargo, que esta certeza no perturbe nuestra devoción ya que la relación con Dios no es un negocio. Nuestra fe no tiene que estar agarrada a los posibles beneficios que nos esperan. Si vienen, bien, y si no, también. 

Jesús no se vende dándonos regalos para que creamos en él. Pidámosle cada día más fe y procuremos que no la pierdan los que se encuentran en momentos difíciles de su vida haciéndoles creer que, si no reciben bendiciones, es porque no dan la talla delante del Señor, ¿los demás la damos? Acordémonos de Job y los consejos de sus amigos para no caer en el mismo error.

Cuando alguien no encuentra solución a sus problemas y cree y ve que otros van por ahí presumiendo de lo bien que les va, se sienten maldecidos, frustrados y desconfían de la justicia y el amor de Dios. 

 

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Isabel Pavón.
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