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En época de sequía no te angusties


Me resulta eficaz la amistad que me une a Dios, y no quiero que se entienda que le trato como si fuese un talismán. Hablo de confianza.


La sequía azota mi región. La prensa anuncia que las previsiones de lluvia son pesimistas. A falta de novedades creo que, a veces, rebobinan la información para repetirla un día tras otro. No hay nubes, ni cerca ni lejos. Con toda la ilusión del mundo, para salir del paso, adornan nuestro querido mapa con alguna brumilla matutina. 


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Foto de Vicky Sim en Unsplash CC.

El contenido de los pantanos se encuentra lejos de la capacidad que se espera y, para colmo, cuentan las malas lenguas que hasta el rocío nocturno va a declararse en huelga. Creo que si esto no cambia, los meteorólogos, o sea, los predicadores del tiempo, tienen los días contados. Ellos, quizás muchos no lo sepan, dependen de la gracia que  Dios les da a través de las variaciones del tiempo. ¿No les notáis cierto nerviosismo a los que salen en televisión? Cada día, para no dar la cara, se acusa más su postura de perfil mientras nos hablan y, cada día, aunque quieran demostrar cierto dinamismo corporal, tienen menos que decirnos. ¿Os habéis fijado que no levantan la mirada cuando el regidor les obliga a ponerse de frente? Eso es para no darnos falsas esperanzas, para no echarnos en cara, bien lo saben, que estamos matando nuestro planeta además de dejarlos en el paro. Pobre gente.

 ¡Lo que son las cosas! Comentan los entendidos que algunos han empezado a orar. ¿A quién rogarán los predicadores del tiempo para que ocurra lo contrario de lo que sucede, a quien le piden las novedades que necesitan? 

A mí me resulta eficaz la amistad que me une a Dios, y no quiero que se entienda que le trato como si fuese un talismán. Hablo de confianza. Por ejemplo, cuando veo que el nivel de gracia empieza a bajar en el pantano de mi corazón, le pido su lluvia. Cuando noto que en nuestro lago de relaciones familiares baja la comunicación, le pido su lluvia. Cuando los hectómetros cúbicos de salud quieren evaporarse, le pido su lluvia. Cuando la relación de amor con nuestros amigos comienza a sufrir cortes diarios, le pido su lluvia.

Bendita la persona que confía en el Señor y pone su confianza en él. 
Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; 
no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes. 
En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto.
(Jeremías 17:7-8)

 

Publicación en otros medios:
Protestante Digital



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