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Como viendo al invisible



Sabemos que tenemos que abandonar la vida que hasta ahora llevamos. El camino cuesta, se hace largo. Pero Dios nos guiará a salir del vano entorno.



Por fe, Moisés dejó la tierra de Egipto, sin miedo al enojo del rey; y se mantuvo firme en su propósito, como si viera al Dios invisible. (Hebreos 11, 27)

En ocasiones nos surgen problemas que podemos comparar con este versículo, ¿escapar o perseverar en una situación? El miedo surge en cualquier momento. Los problemas aparecen, las dudas crecen. La permanencia se vuelve relativa, ser fiel a la esclavitud, un atraso. Vemos ante nosotros una opción diferente, un nuevo recorrido por el que podemos proseguir. Sabemos que tenemos que abandonar la vida que hasta ahora llevamos. El camino cuesta, se hace largo. Lo pasamos mal porque sabemos que con tal determinación nos vendrán problemas de todo tipo, pero no podemos soportar más. 


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Foto de Pedro Henrique Santos en Unsplash CC.

Con frecuencia nos sentimos observados en la lucha, señalados. Nadie nos apoya ni nos alienta. Es más, parece que disfrutan al ver nuestro pertrechado estado. Nos hallamos solos. No nos entienden. Pensamos que no valemos para salir airosos de este proyecto que se nos presenta como liberador y dudamos si emprenderlo. En primera instancia nos convencemos de que no tendremos fuerzas suficientes. Nos cansamos antes de comenzar. Decae el ánimo. 

Todos estos sentimientos y vacilaciones son legítimos, forman parte de nuestro ser. Sin embargo, lo importante es saber, convencerse de que Dios nos da la fuerza si nos mantenemos con la mirada puesta, no en nuestro alrededor sino en él, sólo en él

El Señor guió a Moisés para salvar al pueblo de la esclavitud. La situación se había hecho insostenible. Era necesario marchar. De igual modo, a todos los que se encuentran viviendo atados a una circunstancia que no soportan, los guiará hasta salir del vano entorno, o entorno tóxico en el que viven, para comenzar el principio de un nuevo ciclo. A veces en silencio activo, a veces con manifestaciones visibles.

Sea llano o pedregoso, el buen Dios no abandona a sus criaturas. Está atento a las injusticias y le duelen. Igual que Moisés, es necesario estar atentos, como viendo al invisible, esperando en él, confiados en su ayuda y compasión. No hay amor más grande que el suyo.

Y cuando la resolución esté tomada en firme, el causante del mal que en el versículo es mencionado como rey de Egipto, pero en nosotros tiene el nombre que cada cual conoce, quedará atrás desarmado, viendo cómo prosperan aquellos que han escapado de la mano que lo ataba.

 


Publicación en otros medios:
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Isabel Pavón.
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