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Ayuno del profeta Daniel

No creo que, la llenura o la vaciedad de mi estómago, le sea a Dios de interés para concederme o no las peticiones.

Después de tantos años intentando aprender algo nuevo sobre el Señor que me ayude a seguirle de mejor manera, encuentro que esto, imagino que como otras tantísimas cosas que se llevan a cabo entre los creyentes, se me había escapado. No sé cómo he podido vivir hasta ahora sin esta información. Me refiero al ayuno de Daniel. A alguien se le ocurrió coger la dieta mencionada en este libro profético y apocalíptico y trasladarla al presente con la intención, imagino, de conseguir más favores de Dios en caso de que por otros medios no hayan podido lograrse. Estoy anonadada. Me siento estúpida. ¡Soy una mala hija que no está atenta a comer lo que su padre le recomienda!


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Voy ahora en serio. 

Debo confesar, de igual manera, que aunque respeto a los que son afines a ella no participo en las cadenas de oración porque pienso que Dios oye a todos a todas horas, sin necesidad de que pasemos una noche en vela ofreciéndole el sacrificio como presión para que suelte prenda, tampoco participo en los ayunos que se suelen proponer, no soy dada a esta práctica porque no creo que, la llenura o la vaciedad de mi estómago, le sea a Dios de interés para concederme o no las peticiones. Estás prácticas me recuerdan, más bien, a las promesas que se hacen al Señor en otras confesiones de fe poniéndolas como anzuelo para que conteste al ver que la petición conlleva un sacrificio físico que a él le resulta agradable y satisfactorio. ¿Le agrada a Dios que pasemos hambre?, pues, si por las obras no ganamos el cielo, por ayunar con tal de conseguir favores creo que tampoco. Si esto es así, si al Creador le encanta el hambre, tanto los adultos como los niños del tercer mundo que no tienen nada que llevarse a la boca y ayunan a diario habrían pasado a formar parte del primer mundo y habrían alcanzado ya todos sus deseos. Pero sabemos que la realidad es otra. La realidad es que mueren.  

Todo es por gracia, no me cabe la menor duda aunque no lo entienda del todo.

Pues ya que he confesado estas opiniones con la sinceridad que da un corazón abierto a un público que en su mayoría desconozco, confieso, además, que no me siento culpable por ello. 

Repasemos los textos en los que está basado este ayuno de Daniel y el por qué.

Primero, Nabucodonosor da órdenes para formar a jóvenes bien parecidos, sin defectos físicos y de familias distinguidas. Además, les dará de comer los mismos alimentos que él come.  Quería que se formaran física e intelectualmente antes de que le sirvieran. Daniel 1,5: Nabucodonosor ordenó también que a estos jóvenes se les diera todos los días de los mismos alimentos y vinos que a él le servían, y que los educaran durante tres años, al cabo de los cuales quedarían a su servicio

Ante este mandato, Daniel y tres de sus amigos se niegan a participar de esta propuesta que duraría tres años. No querían contaminarse y pidió al jefe del servicio de palacio que no les obligara a comer aquellos alimentos, proponiendo a su vez otro menú. Daniel 1,12: Te ruego que hagas una prueba con estos tus servidores: ordena que durante diez días nos den de comer solamente legumbres y de beber, solamente agua.

El resultado de comer solamente legumbres y agua está en Daniel 1,15: Pasados los diez días, su aspecto era más sano y más fuerte que el de todos los jóvenes que comían de la comida del rey.

Leemos en 1,17: A estos cuatro jóvenes, Dios les dio inteligencia y entendimiento para comprender toda clase de libros y toda ciencia. Daniel entendía además el significado de toda clase de visiones y sueños.

Pasamos ahora al capítulo 10, 2-3, donde desaparecen de nuevo el vino y la carne durante tres semanas: En aquellos días, yo, Daniel, estuve muy triste durante tres semanas. No comí alimentos exquisitos, ni probé carne ni vino, ni me puse ningún perfume hasta que pasaron esas tres semanas. 

Me pregunto qué se desea conseguir, cuál es la oferta hoy día para los creyentes que siguen el llamado ayuno de Daniel, pues no sé hasta qué punto se puede considerar ayuno comer todos los días legumbres y beber agua. ¿Quiere decir que en pleno siglo XXI se niegan a pertenecer al séquito de Nabucodonosor? ¿Quieren adquirir inteligencia y entendimiento para comprender toda clase de libros, toda ciencia y conocer el significado de sueños y visiones? ¿En serio las proteínas y vitaminas de lentejas y garbanzos dan para tanto? De ser así me temo que la unión legumbres-agua es mayor que el poder de Dios, aunque algunos necesitarán más de tres semanas para conseguir los resultados.

Expongo a continuación un bello poema que nos habla sobre el ayuno agradable a Dios.

 

Día de ayuno

(Evangelio según San Juan 4. Jesús les dijo:

“Mi comida es que haga la voluntad del que me envió”)

 

Quiero ayunar, Señor, cual ayunaste .

Ayunar de violencia dando paz.

Hacer ayuno de la indiferencia,

amando a aquellos que no me amarán

Quiero ayunar, Señor, cual ayunaste.

Ayunar de los ritos sin calor.

Ayunar del hablar sin compromiso.

Hacer del pan un bien de partición.

Quiero ayunar, Señor, cual ayunaste

de aceptar la injusticia y el dolor,

el mundo como está y los poderosos.

Proclamar el Reino nuevo del amor.

Quiero ayunar, Señor, cual ayunaste

de dividir los seres por su piel,

su religión, su género o fortuna.

En cada humano quiero hermanos ver.

Quiero ayunar, Señor, cual ayunaste

de callar la buena nueva del amor

y de sumarte a la antivida silenciosa.

Quiero dar voz a los que no tienen voz.

Quiero ayunar, en fin, como el muchacho

que te entregó el zurrón con pez y pan.

Sé que en Tus manos este pobre ayuno

se volverá pan vivo de la eternidad.

 

(Domingo Ferrari) Tomado de La Red de Liturgia del Clai

 

Publicación en otros medios:
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Isabel Pavón.
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