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La Iglesia terapéutica



  Cada día en el trabajo les oigo suplicar a Dios desde su desesperada angustia. ¿Han conocido ellos el mensaje del Evangelio? En una misma frase son capaces de insultar, maldecir, blasfemar y clamar para que el Ser Supremo les socorra.

Hablo de muchas personas que, ingresadas en la unidad de Salud Mental, desean que un rayo de luz disipe por completo la oscuridad en la que se encuentran. Puedo ver como mejoran mentalmente con la ayuda de los profesionales.


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Como creyente me pregunto a cerca de la salud espiritual de todos ellos. Cuestiono también si las distintas congregaciones eclesiales están capacitadas para ser verdaderas comunidades terapéuticas. ¿Querrán recibir con los brazos abiertos la llegada de feligresía compuesta de gente con trastornos psiquiátricos? ¿Serán las comunidades cristianas lo suficientemente maduras para no etiquetarles como endemoniados, poseídos o similares? ¿Serán cautelosos con ellos para no favorecer los delirios místicos y religiosos?

Aunque la problemática que planteo se puede trasladar a peñas, clubes, asociaciones, etc., me llama particularmente la atención en las iglesias, porque opino que éstas, no solo tienen una labor importante con el prójimo, sino que pueden dar respuesta espiritual y sentido a la vida de personas que lo necesitan.

Creo que deben formarse estructuras medianamente sólidas que faciliten su integración, y que, por otro lado, aseguren auxilio en el caso de que surjan brotes y descompensaciones en el ambiente cúltico o comunitario. Se han producido resultados negativos por un mal proceder en estas situaciones. Si no se toman medidas cuando se ven llegar los temporales, lamentablemente ocurrirán los desastres.

El tema es delicado, de hecho, la atención y consejería pastoral, tan importantes, pueden ocasionar más daño que ayuda cuando se pretende suplantar la ayuda psiquiátrica y psicológica profesional. Pero tampoco debe ser una excusa para no hacer nada. Es un camino difícil que debe recorrerse. Observando el texto de Lucas 4.18 considero que aquel que vino para dar buenas nuevas a los pobres, sanar a los quebrantados de corazón, pregonar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, tiene mucho que hacer con estas personas. No se lo impidamos.

 
Publicación en otros medios:
CLAI Consejo Latinoamericano de Iglesias



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Rubén Bernal Pavón.
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