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¿Qué es eso de “lenguaje figurado”?

—III—

¿Cómo entender la parábola?
(Primera parte)

Ya vimos, en el artículo anterior, que en la parábola hay que distinguir entre el relato (mundo simbólico, trama de la narración) y lo que el relato quiere comunicar (mundo simbolizado, lo que la historia que se narra quiere enseñar a los oyentes o lectores).

Al leer las parábolas de los Evangelios podríamos enfrentarnos a algunas dificultades; por ejemplo, desde el momento en que Jesús contó sus parábolas hasta que fueron escritas en los textos que hoy tenemos (los Evangelios del Nuevo Testamento) pasaron bastantes años; además, durante ese tiempo, los predicadores cristianos, que recibían las parábolas a viva voz y a viva voz las transmitían, también las usaron y adaptaron en su predicación, para la edificación de las comunidades cristianas que iban estableciéndose. Podríamos preguntarnos —y, de hecho, muchos se lo han preguntado— lo siguiente: el contexto en que se colocan y el uso que se hace de estas parábolas en los Evangelios, ¿corresponden a la situación y al propósito originales? Muy probablemente, en muchos casos no.

Pero hay algo que tenemos que tomar en consideración: nuestro texto canónico, el texto que es fundamento de nuestra fe, es el Nuevo Testamento. Nos interesará, pues, de manera muy particular, estudiar las parábolas tal como los diversos autores las recogieron y las registraron en los Evangelios.

Por tanto, el primer paso que tenemos que dar, al tratar de entender una parábola es estudiar el contexto en el que esa parábola está narrada. Ese contexto nos ofrece, con mucha frecuencia, información relacionada con preguntas muy importantes: ¿En qué ocasión dijo Jesús determinada parábola? ¿Qué perseguía Jesús al contarla? ¿Quienes constituían su auditorio? ¿Qué relación se había establecido entre Jesús y aquellos a quienes dirigía el relato? ¿Es la parábola respuesta a una pregunta? ¿a una crítica? Y quizás otras preguntas más...

Dicho lo anterior, débese añadir que no siempre el asunto es tan fácil. Hay parábolas que parecieran “no tener” contexto. En esos casos, la pregunta pertinente al estudiar una parábola sería esta: ¿Por qué la colocó el evangelista precisamente en este lugar de los Evangelios en que ahora la encontramos?

Veamos al menos un caso específico: “Nadie arregla un vestido viejo con un remiendo de tela nueva porque el remiendo viejo encoge y rompe el vestido viejo, y el desgarrón se hace mayor. Ni tampoco se echa vino nuevo en cueros viejos, porque el vino nuevo hace que se revienten los cueros, y se pierden tanto el vino como los cueros. Por eso hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos” (Marcos 2.21-22, en La Biblia de estudio Dios habla hoy, de donde se toman todas las citas que se hacen en este artículo). Este es uno de los relatos a los que podríamos calificar de microparábolas. Notemos: tiene forma de narración; hay seres humanos, auque sea para decir lo que no hacen (“Nadie”); los elementos que componen la parábola (vestidos, desgarrón, remiendos; vinos, cueros) son todos bien conocidos por los oyentes; el interés no radica en lo que nadie hace con esas cosas, sino en algo que trasciende el coser remiendos o el envasar vino; y cuando Jesús dice que “nadie hace esto o lo otro”, está indicando que hay otras realidades (que no son ni un pedazo de tela ni un líquido) respecto de las cuales los oyentes tienen que tomar decisiones.

El contexto inmediatamente anterior de esta parábola tiene que ver con la pregunta que le lanzan a Jesús de por qué sus discípulos no ayunan (versículo 18). En su respuesta, Jesús enlaza varias comparaciones: las dos que hemos visto, precedidas por la del novio y los amigos del novio (versículos 19-20). En este último caso, la referencia al ayuno es directa. Los otros dos casos (versículos 21-22) parecieran estar aquí como dichos independientes. ¿Tienen que ver estrictamente con el mismo problema planteado a Jesús?

En casos como este, hay que mirar a un panorama más amplio y tratar de determinar el contexto más general que nos permita comprender por qué el autor puso, precisamente aquí, estos dos dichos parabólicos. Y entonces notamos lo siguiente:

(1) Marcos nos explica, desde el comienzo de su escrito, la naturaleza del evangelio del cual él va a hablar. Y así registra las palabras de la primera predicación de Jesús en Galilea (resumen en 1.15).

(2)  Pero también se describe en el Evangelio, inmediatamente después de ese resumen, una serie de acciones de Jesús que se constituyen en la explicación o explicitación del significado de aquella predicación para la vida de los seres humanos: llama a sus primeros seguidores; sana a un endemoniado; cura a una mujer; “limpia” a un leproso; perdona y sana a un paralítico; va a comer a la casa de un cobrador de impuestos; quiebra reiteradamente el sábado y, en una de esas ocasiones, su actitud es tan retadora que los enemigos deciden matarlo (véase 3.6).

¿En qué sentido son esos relatos explicación de aquella predicación?
(Continuará)

[Nota del autor: este texto y el siguiente—resumidos en uno solo— serán publicados en la revista El Intérprete, de la Iglesia Metodista Unida, en el volumen 2, año 45, de marzo-abril del 2007.]


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Plutarco Bonilla
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