Con Acento Poét.

  Enfermería

  ERE

  Evangelismo

  Misión Urbana

T por una Sonrisa

  Visita a los asilos

  Álbum de Fotos

  Entrevistas

  Forwards

  Locura General

  Artículos

  Reportajes

  Testimonios

  Enlaces

Inicio


Cuando Jesús pasa, algo pasa
(IV)


 

Simón el de Cirene (Marcos 15.21)

En todo el Nuevo Testamento, solo en este versículo (y en los textos paralelos de Mateo y Lucas) se habla directamente de Simón de Cirene. Es la persona a la que obligaron a cargar con parte de la cruz de Jesús y seguir a este camino del Calvario.

A ciencia cierta no sabemos mucho más de él. Solo que tenía al menos dos hijos, llamados Alejandro y Rufo y que, cuando lo obligaron a cargar la cruz “llegaba entonces del campo (Marcos 15.21). Algunos lo identifican con el Sim(e)ón de Romanos 13.1, pero tal identificación no es absoluta.

Comentaristas del Nuevo Testamento consideran que el Rufo que los Evangelios presentan como hijo de Simón es el mismo Rufo que se menciona en Romanos 26.13, a quien Pablo elogia como “cristiano distinguido” cuya madre fue como una madre para el propio Apóstol. Un dato interesante y digno de ser tomado en consideración, respecto de este asunto, es que el Evangelio de Marcos, que es el único que menciona a los hijos de Simón, habla de ellos como de personas conocidas por la comunidad cristiana a la que primeramente se dirige ese escrito (los cristianos de Roma, muy probablemente).

De estos datos surge la idea –al margen del hecho de que los Evangelios indican que Simón fue obligado a cargar sobre sus hombros el patibulum (como se llamaba el travesaño de la cruz)– de que a fin y al cabo le resultó ser un privilegio realizar tal acción, dado el significado trascendente que va a adquirir todo el sufrimiento de Jesús.

El cristianismo no es, ciertamente, una religión masoquista, que ensalce el sufrimiento personal por sí mismo. Pero hay un aspecto fundamental al tratar este tema, y tiene que ver con la búsqueda o la explicación de las causas del sufrimiento.  Pedro, en su primera carta, lo expresa con claridad: “Si alguno de ustedes sufre, que no sea por asesino, ladrón o criminal, ni por meterse en asuntos ajenos. Pero si sufre por ser cristiano, no debe avergonzarse, sino alabar a Dios por llevar ese nombre” (4.15-16). Para el cristiano no hay valor en sufrir por el sufrir mismo. Lo que puede darle sentido a su sufrimiento es que este se deba a su fidelidad a Jesucristo. (El sufrimiento propio del paso de los años es otro aspecto del tema, que no tocamos aquí, aunque hay enfermedades que se adquieren por la entrega personal en el servicio cristiano).

También Pablo trata repetidamente el tema del sufrir como cristianos, y desde diferentes perspectivas: “Pues por causa de Cristo, ustedes no solo tienen el privilegio de creer en él, sino también de sufrir por él” (Filipenses 1.29), e indica que cuando ese sufrimiento ha dejado huellas en el cuerpo, tales huellas son “las señales de lo que he sufrido en unión con Jesús” (Gálatas 6.17). Por eso afirma, además, que “dondequiera que vamos, llevamos siempre en nuestro cuerpo la muerte de Jesús” (2 Corintios 4.10). Es más, en un pasaje teológicamente muy cargado, el Pablo de Colosenses interpreta su sufrimiento por la comunidad a la que escribe como el “ir completando, en mi propio cuerpo, lo que falta de los sufrimientos de Cristo por la iglesia, que es su cuerpo” (1.24).

En otras palabras, cuando Jesús pasa por nuestra vida, al cristiano puede concedérsele el honor de ser también partícipe, en mayor o menor grado, del sufrimiento de él. O sea, de ser un renovado cireneo.

Plutarco Bonilla

Tres Ríos, Costa Rica

Enero, 2015

________________________________

*Biblia Dios habla hoy. Edición de estudio. Mientras no se indique otra cosa, todas las citas bíblicas en esta serie están tomadas de esta traducción.


    -Indice de artículos de Plutarco Bonilla
    -Indice general de artículos



Quiénes somos      Contacto      Preguntas Frecuentes