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¡QUE VIVA Y CREZCA EL DECRECIMIENTO!


Muchas organizaciones por el decrecimiento global han adoptado como logo el caracol,
en referencia a las sabias palabras de Iván Illich sobre la "Lógica del Caracol"
(1)

No acumulen (no acrecienten, decrecienten) para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen (acrecienten) para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

El ojo es la lámpara del cuerpo. Por tanto, si tu visión es clara, todo tu ser disfrutará de la luz. Pero si tu visión está nublada, todo tu ser estará en oscuridad. Si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué densa será esa oscuridad!

Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas. JESÚS (Mateo 6:19-24).


¡Dejen sitio!

¿Crecer o no crecer? ¡He aquí la cuestión!¿Realmente nos hemos creído que es posible un crecimiento ilimitado en un mundo limitado? Ésta es la pregunta que impulsores de un movimiento en auge, que no nuevo, llamado actualmente decrecimiento lanzan, al tiempo
que responden con rotundidad: no es posible continuar creciendo a este ritmo porque no hay recursos naturales suficientes.

Mientras los economistas y políticos neoliberales hablan del crecimiento como una necesidad natural y congénita del capitalismo, se alzan voces críticas que tratan de mostrar que el crecimiento puede ser, en sí mismo, un serio problema.  Ellos y ellas son los promotores del decrecimiento. 

La palabra castellana decrecimiento proveniente del latín ‘decresco’; en alemán utilizan la palabra ‘wachastumsrücknahme’, en catalán 'decreixement', en francés ‘decroissance’, en euskera 'desazkundea', en inglés ‘degrowth’, en gallego 'decrescimento', en italiano ‘decrescita’, en portugués ‘decrescimiento’, en México ‘descrecimiento’. (2)

A pesar de la falta de consenso sobre su significado, decrecimiento tiene como definición la empleada por Vicente Honorant: “El decrecimiento es una idea a contracorriente, pero llena de esperanza. Define la gestión individual y colectiva basada en la reducción del consumo total de materias primas, energías y espacios naturales”. Una definición más articulada y reciente, la ofrece Wikipedia: “El decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social favorable a la disminución regular controlada de la producción económica con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, pero también entre los propios seres humanos. Rechaza el objetivo de crecimiento económico en sí del liberalismo y el productivismo; […] La investigación se inscribe pues en un movimiento más amplio de reflexión sobre la bioeconomía y el posdesarrollo, que implicaría un cambio radical de sistema”.(3)

A partir de esta definición por el uso, esta palabra “sucia”, antipática, que no gusta, que es molesta, que genera una reacción, que no deja impasible al que la escucha, provoca un debate sobre el dogma del crecimiento, porque ataca la raíz de la mayoría de nuestros problemas: la búsqueda del crecimiento continuo. 

Se trata de una palabra difícilmente reciclable por aquellos que buscan prolongar el modelo de sociedad que cada vez más gentes ya no queremos. Es una palabra que desafía nuestro mundo productivo-consumista de modo inequívoco, pero abre espacio para una discusión sobre cómo construir el nuevo mundo que buscamos.

El decrecimiento deviene entonces el caballo de Troya de una "guerrilla epistemológica", según el buen decir de Serge Latouche (4).

Esta noción deconstruye lo implícito en todos los discursos sociales narcisistas, mediáticos, institucionales, militantes y políticos que predican el crecimiento ilimitado de la economía inventada.  

Para los decrecentistas el problema no es la pobreza de los países del Sur, sino la mal entendida “riqueza” y el consumo excesivo de los países del Norte. Estos países han llevado a una situación límite la cuestión de sostenibilidad del planeta, en el que una tierra por sí sola ya no es suficiente. El problema no es si la producción es capitalista guiada por el crecimiento ilimitado, o si es socialista guiada por la idea de progreso igualitario. Es que, la mayor parte del Norte sobrepasa en más de una tierra la huella ecológica, siendo el caso estadounidense, uno de los más extremos, con 12,5 Ha. per cápita durante el año 2005. Por otro lado, el 20% de la población mundial, la que goza de las mayores riquezas, consume el 85% de los recursos naturales. (5)

Desde el siglo XVIII se ha transformado el 45% del territorio del planeta. Hoy, las ciudades ocupan el 2% de todos los continentes y crecen a un 0,25% anual. En el último siglo, la población se ha cuadruplicado y continúa creciendo un 1% cada año y el consumo energético y de agua por persona se ha multiplicado por 20. Científicos y decrecentistas nos alertan: “¡Hemos sobrepasado la capacidad de carga de la Tierra!”.(6)

Y es un desastre anunciado, porque ya lo habían advertido expertos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en los años 70, cuando prepararon un informe para el Club de Roma, y mucho antes Mahatma Gandhi, y mucho antes los mismos economistas clásicos, como John Stuart Mill o Joseph Schumpeter, quienes auguraban que la acumulación indefinida no era posible y que tarde o temprano vendría el estancamiento. Pero la euforia económica de la segunda mitad del siglo XX trajo consigo la amnesia y pronto el mundo se olvidó de sus propios límites. 

Dicho de otra forma, la mayor parte de los países del Norte han tomado "prestado" de los países del Sur y del planeta tanto recursos como mano de obra desde hace siglos, lo que ha llevado a distintos autores decrecentistas a reconocer a los países del Norte como deudores de crecimiento para con los países del Sur y con el planeta. Algunos han considerado que tal deuda debería incorporar un conjunto de deudas definidas a partir del estudio del impacto del modelo de crecimiento occidental:

  • Deuda económica, donde el crecimiento del Norte se ha dado debido al intercambio desigual con el Sur.
  • Deuda histórica, donde el crecimiento del Norte se ha estado dando desde la colonización hasta las múltiples formas renovadas de dominación para con el Sur (neocolonialismo y globalización).
  • Deuda cultural, donde el modelo de crecimiento del Norte ha destruido culturas y los estilos de vida en los países del Sur.
  • Deuda social, donde el crecimiento del Norte ha impactado en las condiciones de vida, de salud, y de derechos humanos de las poblaciones del Sur.
  • Deuda ecológica, donde el crecimiento del Norte ha impactado en el planeta y en los países del Sur debido a las emisiones de dióxido de carbono, la biopiratería, los pasivos ambientales y la exportación de residuos. (7) 

Según afirman los decrecentistas, el impacto al planeta se traduce como efecto invernadero, la desregulación del clima, la pérdida de la biodiversidad y la contaminación. Como consecuencia de esto ocurriría una degradación progresiva de la salud humana, en mayor medida en los países pobres, incluyendo la salud de la flora y la fauna, ocasionando entre otros efectos adversosesterilidadalergiasmalformaciones, etc.

El decrecimiento se opone tanto a la economía liberal y productivista como a la noción de desarrollo sostenible. Desarrollo y sostenibilidad serían, hoy por hoy, incompatibles. Todo el planeta aspira a alcanzar los niveles de vida occidentales (con el 20 % de la población del planeta consumiendo el 85% de los recursos naturales). Por lo tanto el desarrollo no podrá ser sostenible. En el mismo orden de ideas, Latouche crítica el término de desarrollo sostenible, que considera simultáneamente oxímoron  y pleonasmo (8), es decir, o es desarrollo o es sostenible, pero no los dos.

Según muchos ecologistas, “el desarrollo sostenible” ha pasado a convertirse en un argumento que utilizan los gobiernos y las propias multinacionales. Intentan así demostrar que tienen en cuenta los efectos medioambientales a la hora de tomar decisiones. Por eso se ha transformado en la máscara para aparentar un respeto inexistente, o al menos insuficiente -como por ejemplo el Protocolo de Kyoto- con el entorno. A pesar de su postura no radicalmente pro-decrecimiento, Mari Carmen Gallastegui, premio Euskadi de Investigación 2005 afirma: “aunque la concepción original de sostenibilidad  tuvo la virtud de enviar el mensaje de preservación del medio ambiente y la cohesión social, ahora se le agrega el adjetivo sostenible a absolutamente a todo y, al final, no significa nada”. (9)

La idea de decrecimiento nos invita a huir del totalitarismo economicista, desarrollista y “progresista”. Muestra que el crecimiento económico no es una necesidad natural del ser humano y la sociedad. Lo es sólo para la sociedad de consumo, que ha hecho una elección por el crecimiento económico, adoptándolo como mito fundador y energizante. Serge Latouche y el Instituto de Estudios Económicos por el Decrecimiento Sustentable, con sede en París, lanzaron los 8R, “Los Ocho Requisitos o Pilares del Decrecimiento”. Estos sintetizan nuestra responsabilidad con la Creación, de la cual todos somos llamados a ser mayordomos:

  • Revaluar: Se trata de sustituir los valores globales, individualistas y consumistas por valores locales, de cooperación y humanistas.

  • Reconceptualizar: Encaminado sobre todo a la nueva visión que se propone del estilo de vida, la calidad de vida, la suficiencia y “la simplicidad voluntaria” ya mencionadas.
  1. Reestructurar: Adaptar el aparato de producción y las relaciones sociales en función de la nueva escala de valores, como por ejemplo, combinar “la eco-eficiencia y la simplicidad voluntaria”.
  2. Relocalizar: Es un llamamiento a la autosuficiencia local, con fines de satisfacer las necesidades prioritarias disminuyendo el consumo en transporte.
  3. Redistribuir: Con respecto al reparto de la riqueza, sobre todo en las relaciones entre el Norte y el Sur, en procura de un balance justo para ambas regiones.
  4. Reducir: Con respecto al cambio del estilo de vida consumista, al estilo de vida sencilla y todas las implicaciones que esto conlleva.
  5. Reutilizar y 8. Reciclar: Se trata de alargar al máximo posible el tiempo de vida de los productos, para evitar el consumo y el despilfarro excesivos. (10)

Decrecimiento es una palabra simple, con valor como lema o consigna, y como llamada a la unidad de quienes se rehúsan a aceptar el modelo actual de sociedad productiva-consumista. Más que un concepto es, como dice Serge Latouche, un “eslogan político” para romper con la ideología del crecimiento o, según José Manuel Naredo, una “ocurrencia publicitaria provocadora”. 

A mi personal entender, todo comenzó el siglo pasado en un país nórdico europeo: Suecia. Esta nación es pequeña en tamaño. Su superficie es menor que la de los estados de California y de Sao Paulo. Tiene una población de poco más de nueve millones de habitantes. Está entre los cinco países del mundo con mayor expectativa de vida y menor tasa de natalidad. Tras la Primera Guerra Mundial era una nación de típica emigración europea gradualmente en un país de inmigración a partir de la Segunda Guerra Mundial. Casi el 12 % de su población nació en el exterior y casi una quinta parte son o bien inmigrantes o hijos de estos. Los mayores grupos de inmigrantes provienen de Finlandia, la antigua YugoslaviaIrán, Noruega, Dinamarca, Chile y Polonia.

He visitado Suecia en tres ocasiones. Las dos últimas porque cautivó mi corazón de sociólogo. No conozco otro país con una cultura social excepcional como pueblo, como la de Suecia. Sólo le siguen en Europa otros pocos y también “pequeños” países del norte escandinavo. La pequeñez geográfica y poblacional de Suecia no ha impedido que sea uno de los países más industrializados del mundo, con la producción de marcas de gran prestigio mundial como Volvo, Erickson, Nokia, Skandia, Electrolux, Nobel Biocare, ABB, etc. ¡Ah! también fabrica ya por más de tres décadas, motores para los cohetes propulsores de la NASA. Y lo más importante: la seguridad social de los suecos no es sólo económica ni sólo para la tercera edad, sino integral y para toda edad. Según un decir popular es “desde la cuna hasta el ataúd”. Nada despreciable ¿verdad?

Suecia ha creado, desarrollado y propulsado -al menos en  algunos contextos europeos- la “cultura del slow down”. Por ejemplo, en Volvo, los suecos se reúnen en incontables sesiones de análisis antes de lanzar un nuevo modelo de auto. Está establecido que no sale al mercado ningún producto nuevo, sin menos de dos años de pruebas. Lo someten a series de evaluaciones de calidad. Consideran sus más mínimos detalles. Es que los suecos no se han rendido a la “ley de la urgencia”, típica del espíritu competitivo del capitalismo, marcado por la filosofía del crecimiento continuo e ilimitado. Su búsqueda es por calidad, no por cantidad. Esto se manifiesta en lo más importante: su constante preocupación y ocupación por una vida humana personal y social de calidad, donde es más importante el ser (realización humana plena) que el tener (nivel económico de vida). Su legislación social integral y ejemplar así lo testifica.

Suecia es muy influyente en la Europa de hoy, donde el “slow down” como principio y estilo de vida está prendiendo. Un movimiento reciente y relacionado es el “Slow Food”, contestatario de la chatarra denominada “fast food”, un invento de la urgencia y ansiedad que genera la fiebre del crecimiento permanente. En Italia, con su culto por la gastronomía como placer y medio de sociabilidad, esto ha prendido bastante fuerte. Roma es la sede de la “Slow Food International Association”. (11)

Esta asociación y sus miembros enfatizan el dedicar tiempo para gozar de la preparación y alimentación sana y sabrosa, en relación con colegas, amigas y familiares. Comer lenta y pausadamente, para saborear, ingerir y digerir con calidad. Calidad de vida, calidad del ser y del compartir. Es decir, vivir en lugar de sobrevivir. Esto significa recapturar los valores de la familia, de los amigos, del tiempo libre para el buen ocio, de la fe y la espiritualidad, y de la relación cara a cara en las pequeñas comunidades. Es volver a valorar lo pequeño donde todos, todas somos importantes, frente al gigantismo, el crecimiento delirante de las megalópolis, la urbanización frenética que niega la persona disuelta en la muchedumbre, y donde sólo sobrevive quien “gana” en esa ley de la selva.

La sorpresa es que el “slow food” ha generado el movimiento más amplio de la “Slow Europe”, analizado y destacado por una edición europea de la revista “Business  Week”. Esta “slow attitude” ha impactado a muchos estadounidenses, hijos e hijas de lo “fast” (rápido) en todo y para todo y el “do it now!” (¡hágalo ya!), es decir, ¡vivamos corriendo! Cuestionar esto no significa trabajar y producir menos. Todo lo contrario. Implica trabajar en un ambiente menos coercitivo, sin estrés excesivo, donde la acción en equipo procura la calidad más que la cantidad, pues esta va casi siempre en desmedro de la primera. Los sabios refranes antiguos como “sin prisa se llega lejos” o “la prisa es enemiga de la perfección” han vuelto, para los sabios y sabias de hoy, a tener relevancia. ¡Gracias a los países y personas, movimientos y colectivos pioneros de la “slow life attitude”!

La palabra decrecimiento quizás no surgió al principio como demasiado subversiva para triunfar en la escena pública. Hoy, la evidencia empírica nos lleva sin lugar a dudas a otra conclusión: el decrecimiento es un “término obús” que tiene una capacidad fenomenal de convocatoria, como lo prueba el éxito relámpago de los colectivos decrecentistas, y la afluencia numerosa a cualquier tipo de charla o conferencia que lleva decrecimiento en su título. Esta capacidad de convocatoria, casada con los deseos positivos de muchos de experimentar nuevas ideas, ha permitido crear un ambiente de trabajo propicio al encuentro de diferentes alternativas. Esto es, al “diálogo globalizado”.

El decrecimiento, es pues, un movimiento que ya está en marcha. 

Aunque en principio la palabra-idea que nos ocupa no fue creada para tal fin, es ahora una gran herramienta política en manos de los grupos que la adopten, para reflexionar sobre la realidad y también incidir sobre esta. Es clave en la invención de un proyecto de acción política no-violenta y de carácter voluntario, de emancipación ideológica y de superación de la idea de progreso. El crecimiento para el Norte quedaría así totalmente descartado, mientras que quedaría como objetivo únicamente para los países del Sur y sólo hasta un nivel de vida modesto, que luego tendría que ser la regla global para todos. Esto es, balance socio-económico equitativo, “solidaridad globalizada”.

Un marxista ortodoxo reiría ante tales afirmaciones, las que consideraría “utópicas” peyorativamente hablando y, por lo tanto, inalcanzables como metas. Su clave hermenéutica “objetiva” de la historia es “la lucha de clases”, sin excepciones. Cree que sin ella es imposible toda real transformación, es decir, una  verdadera revolución. No acepta ninguna posibilidad de voluntarismo de las partes y de acción transformadora no violenta ¡He aquí su “fundamentalismo dogmático”! El cambio radical de la actual competitividad desenfrenada de la globalización neoliberal, por una verdadera cooperación social fruto de una globalización solidaria, levanta hoy un montón de interrogantes ideológicos y estratégicos aún por responder. Sin dudas, hay un largo camino todavía por recorrer. Pero los utópicos de ayer y de siempre reafirmamos, con el mayor realismo histórico, que las grandes transformaciones -con o sin lucha de clases- marcharon siempre detrás de grandes utopías.

Nuestro proyecto del decrecimiento prioriza los bienes comunes y relacionales, el cuidado y la cooperación, la  reciprocidad y mutualidad, la diversidad y multiculturalidad. Asume los límites biofísicos de la Tierra. Por tanto, se propone siempre disminuir al máximo posible los flujos de energía y materia utilizados en los procesos productivos y ciclos de consumo. Es una construcción de nuevas formas de vida, que tienen como prioridad fundamental el cuidado colectivo-global. Es decir, es una revolución civilizadora que reconoce que las personas somos seres vulnerables e interdependientes. Que el más importante de los mentados “derechos humanos” es priorizar y atender a las verdaderas “necesidades humanas”.

Esta transformación radical o revolución global requiere de un proyecto de decrecimiento, un cambio de valores, una verdadera deconstrucción del pensamiento económico. La misma pone en cuestión nociones importantes como crecimiento y acumulación, desarrollo y progreso, eficiencia y cooperación, producción y consumo, durabilidad y sobriedad, pobreza y subdesarrollo, necesidad y ayuda, etc...

No existe aún un modelo definido, pero sí ideas potenciadoras que generan claras sugerencias de una sociedad futura basada en la cooperación, la eficiencia y el respeto a la naturaleza, donde la tecnología adecuada, como las energías renovables, nos permitirían mantener muchos de los hábitos de vida a los que estamos acostumbrados. “No es cuestión de volver a las cavernas”, sugiere un catedrático, para alivio de muchos. Pero... “¿qué tienen de malo las cavernas?”, se pregunta el crítico francés Serge Latouche.

Esta revolución global radical –inicial pero en marcha- considera y usa la economía como un medio para la vida humana y no como un fin. ¡QUE VIVA Y CREZCA EL DECRECIMIENTO!
¡SÍ SEÑOR, QUE VIVA Y CREZCA!
 

 

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS  

Cassiani, Pablo. Decrecimiento o barbarie. Para una salida no violenta del capitalismo. Barcelona: Icaria Editorial, 2010.

Demaría, Giaccomo y otros. Decrecimiento: Vocabulario para una nueva era.
Barcelona: Icaria Editorial, 2015.

Gali, Joseph M. Consumicidio: Del carácter al consumo in(sostenible).
España: Omnia Publisher, 2013.

Illich, Ivan. Energía y equidad: Los límites sociales de la velocidad. Díaz & Pons, 2015.

Latouche, Serge. La apuesta por el decrecimiento: ¿cómo salir del imaginario         dominante? Barcelona: Icaria Editorial, 2008.
Decrecimiento y posdesarrollo. El pensamiento creativo contra la economía del absurdo. España: El Viejo Topo, 2009.
Pequeño tratado del decrecimiento sereno. Barcelona: Icaria Editorial, 2010.
Sobrevivir al desarrollo. España: Juventud, 2010.

Salir de la sociedad de consumo. España: Editorial Octaedro, 2010.

Hecho para tirar. La irracionalidad de la obsolescencia programada.

España: Editorial Octaedro, 2014.

Latouche, Serge y Didier Harpages. La hora del decrecimiento. España: Editorial Octaedro, 2010.

Simijaca, Neira y Juan Alonso. Del Desarrollo Sostenible al Decrecimiento: Reflexiones recientes. Madrid: Editorial Académica Española,  2012.

Taibo, Carlos. En defensa del decrecimiento: Sobre capitalismo, crisis y barbarie.Madrid: Los Libros de la Catarata, 2009.

El decrecimiento explicado con sencillez. Madrid: Los Libros de la Catarata, 2009.

Taibo, Carlos  y otros. Decrecimiento explicado con sencillez. Madrid:
Los Libros de la Catarata, 2009.

Varios. ¿Hacia dónde va el mundo? Barcelona: Icaria Editorial, 2012.

Decrecimiento: 10 Preguntas para Comprenderlo y Debatirlo.
Madrid: El ViejoTopo, 2014.

Wikipedia. La enciclopedia libre. https//Wikipedia.org/Wiki.

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(1) En el decir de Ivan Illich: “El caracol construye la delicada arquitectura de su concha, añadiendo una tras otra las espiras cada vez más amplias. Después cesa bruscamente y
comienza a enroscarse esta vez en decrecimiento. Una sola espira más daría a la concha una dimensión dieciséis veces más grande que su cuerpo. Esto, en lugar de contribuir al bienestar
del animal, lo sobrecargaría. Desde entonces, cualquier aumento de su productividad serviría
sólo para paliar -o defenderse de- las dificultades creadas por este crecimiento de la concha,
fuera de los límites fijados por su finalidad. Pasado el punto límite de la ampliación de las
espiras, los problemas del sobre-crecimiento se multiplican en progresión geométrica, mientras
que la capacidad biológica del caracol sólo puede, en el mejor de los casos, seguir una
progresión aritmética”.
Ivan Illich. Energía y equidad: Los límites sociales de la velocidad.
Díaz & Pons., 2015,  pág. 15.

(2)Ver Carlos Taibo y otros. Descrecimiento explicado con sencillez. Madrid: Libros de la Catarata, 2010.
Págs.3-5.


(3) Wikipedia. La enciclopedia libre. https//es. Wikipedia.org/Wiki.

(4)Destacado ideólogo francés contemporáneo, considerado el más importante divulgador
del decrecimiento. Fundador y en la actualidad presidente del Instituto de Estudios Económicos
por el Decrecimiento Sustentable con sede en París. Prolífico escritor y conferenciante muy solicitado. Recomendamos, entre otros, su libro:
La apuesta por el decrecimiento: ¿cómo salir
del imaginario dominante?
Barcelona: Icaria Editorial, 2008.

(5)Wikipedia. Op. Cit.

(6) Joseph M. Gali. Consumicidio: Del carácter al consumo in(sostenible). España: Omnia Publisher, 2013,
pág. 3.             

(7) Wikipedia, Op. Cit. 

(8) Un oxímoron es una figura retórica en la que aparece una contradicción, combinándose dos
palabras o expresiones de significado opuesto y que dan lugar a un sentido nuevo. Procede del griego
 
ὀξύμωρον. El oxímoron puede aparecer en diferentes contextos, aunque se utiliza como recurso literario especialmente en la poesía. Ejemplos: Mis libros están llenos de vacío(Augusto Monterroso).
Es hielo abrasador, es fuego helado. (Francisco de Quevedo). La música callada, la soledad sonora 
(San Juan de la Cruz). Oscuros deslumbrantes (Mario Benedetti). El pleonasmo sería la figura literaria
contraria al oxímoron. En el pleonasmo se añaden una o varias palabras que no aportan información adicional,
ya que se consideran redundantes, pero brindan expresividad.  Ejemplos: Voló por los aires, la soledad
solitaria
o la soledad más sola. Los dos últimos ejemplos los uso al hablar de la soledad de
Jesús en la cruz, cuando grita “¡Dios mío, Dios mío!
 

(9) Citado en Carlos Taibo. ¿Porqué el decrecimiento?: Un ensayo en la antesala del colapso.
España: Libros del Lince, 2014, pág. 17.
 

(10) Ver Serge Latouche. La apuesta por el decrecimiento, España: Icaria, 2008, págs. 22-24. 

(11) La “Slow Food International Association” fue creada por Carlo Petrini en 1986.
Es la sede internacional del movimiento “Slow Food” iniciado por Petrini en 1985, contra la apertura del primer negocio de “McDonald’s” a pocos metros de la estratégica “
Scalinata di Trinità dei Monti” en el centro de Roma. Hoy el movimiento tiene más de 100.000 miembros
en más de 150 países.


 

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