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La predicación hoy

(Segunda parte)

 

En la primera parte ofrecimos nuestra comprensión de la predicación y sus implicaciones pastorales para hoy. Este segundo trabajo intenta compartir cinco desafíos para nuestro ministerio como predicadores y predicadoras.

Los cinco “síes” de una predicación pastoral contracultural transformadora.
Y aquí consideraremos brevemente solo las realidades que hacen a la actitud y talante, estilo y énfasis centrales de la predicación.

1.  Sí, es una predicación preñada de autoridad. Debe ser proclamación en y desde la autoridad delegada por la gracia y propósito de Dios. La predicación pastoral eficaz, que es fruto del estudio constante, necesita tomar siempre nota de las nuevas corrientes de moda en la homilética, especialmente cuando éstas provienen de contextos ajenos a los nuestros. Aquí necesitamos aplicar también la necesaria lectura crítica o mejor, la hermenéutica de la sospecha. El púlpito es cátedra pastoral desde la que se hace la teología orgánica y por eso contextual de cada día, al servicio del pueblo de Dios y el mundo. Por tanto, no solo sus contenidos sino también sus metodologías necesitan ser cuidadosamente consideradas.

La corriente de moda más reciente en homilética tiene su origen en destacados expertos y expertas en la materia, mayormente estadounidenses, cuyas credenciales y trayectoria en el púlpito y la docencia son extraordinarios.(1) Esta escuela procura renovar, hacer más aceptable e influyente el púlpito contemporáneo, a través de cambios formales como por ejemplo -y mencionamos solo el más importante a nuestro entender- movernos del proceso homilético deductivo tradicional, al acercamiento o desarrollo  inductivo. Afirmamos enfáticamente la pertinencia de incorporar el abordaje inductivo en la preparación de sermones. Creemos y hemos probado su valor a través de nuestra experiencia teórica y práctica. El problema está en que tal énfasis inductivo, cuando es unilateral, convierte de hecho al proceso deductivo y proposicional en la predicación como falto de pertinencia para nuestro tiempo. Al respecto se han hecho análisis que algunos rayan en lo caricaturesco. Y en esto estamos en total desacuerdo.

Creemos que la pertinencia del púlpito contemporáneo no está en su forma sino en su fondo. Eliminar la propuesta o proposición sermonaria, de la que se deduce y desarrolla el sermón, y hacer esto para no caer en imposición o autoritarismo, denota un exagerado respeto que raya en claudicación ante un sesgo típico de la posmodernidad, que es su sospecha y rechazo de toda autoridad. Por eso afirmamos que predicar sólo para sugerir, “como quien no tiene autoridad” -en una relación del tipo corporación-cliente y con la ideología implícita de que “el cliente tiene siempre la razón”- es propio de una iglesia castrada en su sesgo profético, fruto y no levadura de la decadente sociedad actual.

El sermón inductivo, excelente propuesta iniciada por Fred Craddock y ampliada o matizada por otros colegas en otros aspectos de la disciplina homilética como, por ejemplo, la importancia de recuperar una predicación narrativa vibrante(2) , el énfasis en el valor de la estructura y dinámicas  propias del texto bíblico para su expresión en el bosquejo del sermón(3) , y la importancia de la predicación étnica, que no racial(4) , representan expresiones creativas del genio homilético contemporáneo de la iglesia. Les damos la bienvenida como una bendición que enriquece los recursos homiléticos de quienes predicamos. Pero no aceptamos hacerlo, si es en desmedro u olvido, desecho o destitución del llamado sermón deductivo. Esto no lo hacemos solamente porque el abordaje deductivo haya sido hasta aquí el enfoque primario de nuestra escuela homilética y, por lo tanto, no estaríamos dispuestos a un cambio. Todo lo contrario. Creemos y promovemos todos los cambios de forma y de fondo, realmente transformadores, que la iglesia y la predicación requieren. No nos extendemos aquí en nuestra objeción mencionada, por no ser parte del propósito de este trabajo.

El estilo de predicación que utilizó JesuCristo en el Sermón del Monte no ha sido considerado con toda la importancia y la necesaria divulgación que merece. Haya sido un solo sermón o la compilación de varios, es la pieza oratoria más larga del Señor en el Nuevo Testamento. Si lo analizamos, notaremos un profundo sentido de autoridad y urgencia desde el comienzo al fin. Las multitudes sintieron su autoridad (Mt 7:2,-29). Jesús no estaba citando a una que otra autoridad del pasado o de su tiempo. El declaraba la Palabra de Dios. Reconocemos que lo hacía desde su muy propia y única autoridad, que le permitía reiterar “pero yo les digo”. Si enfatizamos que Él es nuestro paradigma, modelo por excelencia en todo y para todo, entonces sigámosle a él, vivamos como él, y prediquemos como él, con autoridad y solo para la gloria de Dios. El evangelio del Reino no se puede proclamar con fidelidad radical, si lo hacemos como una opción válida entre muchas, como se cree en nuestra cultura postmoderna. Debemos proclamarlo con autoridad.

Creemos que la iglesia, como una comunidad contracultural transformadora, es administradora al mundo de la meta narrativa de salvación y nueva creación, que es el evangelio de JesuCristo. Por eso debe proclamar, con autoridad -la que ha recibido por gracia y comisión y que paradojalmente debe ganarse cada día con su testimonio- lo que siempre ha sido, es y será el evangelio, la gran propuesta de Dios.

2.  Sí, es una predicación con carácter y talante de manifiesto. Y esto es correlativo a lo anterior. La palabra manifiesto proviene del latín manifestus, y suele ser un documento escrito a través del cual se hace pública una declaración de principios e intenciones, propósitos o doctrinas.

JesuCristo insertó este estilo de comunicación en un contexto religioso. En talante de manifiesto presentó la plataforma de su ministerio cuando leyó, en la querida sinagoga de su barrio Nazaret de Galilea, su programa ministerial. Este era y es el manifiesto de lo que sería el propósito ministerial y la intencionalidad ética de toda su vida (Lc 4: 14-22).
Volvemos a lo ya reiterado: la predicación pastoral pertenece a la escuela de la proclamación que, según las circunstancias y necesidades, puede y debe ser afirmación teológica, evento educativo, cuestionamiento ético, consejo pastoral, protesta profética, anuncio esperanzador o cálido aliento consolador. El núcleo fundamental y fundante de la identidad y autoridad de quien predica está en poder  afirmar: “creo, luego afirmo mi ser y convicciones, comprometo mi vida y ministerio con y por JesuCristo y Su Reino”.

3.  Sí, es una predicación intencional y enfáticamente discipuladora. Estamos experimentando un fenómeno demográfico social muy singular. La humanidad se está haciendo cada día más longeva pero, a la vez,  las generaciones como tales, se están acortando. ¿Cómo predicar y al hacerlo enseñar con eficacia  y resultados de bendición para las congregaciones de hoy? Una generación, a inicios del siglo XX, tomaba un período de longevidad de unos 25 a 30 años. La sociología académica habla todavía hoy de sólo cuatro generaciones desarrolladas en los últimos cien años: los silentes (primera mitad del siglo XX), los “baby boomers” (segunda mitad del siglo XX), la generación X, y la generación “YouTube” o “Web” (principios del siglo XXI). Otros analistas hablan de la generación “baby busters”  (subproducto de los “baby boomers”). Además incluyen “la generación Y” también llamada “la generación mosaico” (surgida entre los 80 y 90), y “la generación Z” (nacida de 1995 en adelante). Y podemos leer también acerca de la generación “beat”, los “twixters”, “la raza cosmética”. “la generación light”, “la era buey (güey)”, “la raza virtual”, “la generación Big Bang”, etc.

Estemos o no de acuerdo con las diferentes conclusiones que en miles de páginas  podemos leer hoy acerca de estas realidades, hay algo incuestionable, y es lo que  llamamos “la aceleración generacional”. Es decir, que cada cinco, no más de seis años, surge una nueva “generación” que -para no entrar aquí en conflicto con los gurús de la sociología académica- decidimos denominar “sub-generaciones”. En otras palabras, expresiones muy contextuales que se dan especialmente en los grandes centros urbanos de los países más industrializados. El criterio clave para denominarlas como lo hacemos, es que cada una de ellas desarrolla sus propios mitos y símbolos, lenguajes y habilidades, hábitos y adicciones, actitudes y tendencias.

Por lo anterior, una congregación urbana mediana en nuestros días, puede contener hasta cinco o seis diferentes generaciones o sub-generaciones. Cinco o seis universos, necesidades y expectativas, intereses o indiferencias distintos. ¡Tremendo desafío!

4.  Sí, es una predicación desafiadora a una vida comprometida con Dios y con la gente. Proclama con convicción y pasión lo que, según la iglesia light, es el impracticable Sermón del Monte, el cual se considera implícitamente producto de un predicador místico e idealista, desenchufado de su real realidad.
Ocurre que la iglesia influida por aspectos negativos de la posmodernidad, experimenta un doble cansancio. 1) Está agotada ante un púlpito desafiador. Lo que sí anhela, consciente o inconscientemente, es un púlpito “resuelve problemas”. Le agobia que la desafíen a quijotadas por el Reino. Lo único que desea es relajarse y que le solucionen sus problemas. 2) Está cansada de apelaciones, pues solo desea soluciones. Le fatiga el Evangelio de las demandas del Reino, pues es una apasionada del evangelio de las ofertas. Su fatiga  evangélica le lleva a buscar “el púlpito dulce” y alejarse del que proclama “el Cristo amargo” que llama a cargar la cruz, a bendecir a nuestros enemigos y a orar por quienes nos ultrajan y nos persiguen. (5) Por eso, le fascina la iglesia electrónica y sus grandes shows, atentos a las directrices del “marketing” religioso, sabias en el manejo de quienes solo quieren “creer sin pertenecer”.

Lo anterior, que no es crítica agria desde el balcón, sino diagnóstico triste en el camino, es la realidad desafiante que enfrenta la predicación actual. Pero solo hay una alternativa. Como afirmamos en el artículo anterior, la comunidad cristiana es convocada por el Señor a proclamar a tiempo y fuera de tiempo, con convicción y autoridad, el Evangelio. Nuestra vocación es, entre otras, la de predicar con la misma fidelidad por Dios y por el prójimo, y hacerlo de tal manera que el mundo pueda exclamar como los alguaciles de Jerusalén dijeron de Jesús: ¡Nunca nadie ha hablado como este hombre! (Juan 7:46).

5.  Sí, es una predicación edificadora de una iglesia y un mundo nuevos. Parte de una escatología que no es detallista ni partidista, sino simple y humildemente optimista. Esta afirma que JesuCristo fue, es y será el Señor. Su esperanza no se adhiere a escuelas o teorías almidonadas de interpretación escatológica, por pedantes, sectarias y sectarizantes. Con humildad reconoce que por encima de todo, Dios, el Señor de toda escatología, es misterio. Por eso, el centro de su proclama y esperanza es que Dios es Reyes de Reyes y Señor de señores y que JesuCristo, nuestro segundo Adán, culminará la historia y abrirá los cielos y tierras nuevos de la nueva creación. Lo demás, aunque parezca importante, entre otras cosas para hacer millonarios a ciertos autores de obras apocalípticas, es accesorio. Lo central del ser y quehacer de cada discípulo o discípula y de todo el pueblo de Dios, es la afirmación que Dios en Cristo ya venció, reina y reinará.

Lo anterior no significa abandonar la escatología como muchos hacen. Todo lo contrario. Quien esto escribe es un enamorado y estudioso de la literatura bíblica apocalíptica en general, y del libro de Apocalipsis en particular, que hemos podido enseñar del principio al fin. El asunto no es cuánto sino cómo -con que actitud y grado de fidelidad a ese texto en su contexto- lo proclamamos para inspirar a la comunidad de fe, a constituirse en agentes en la marcha hacia el mundo nuevo de Dios. ¡Eso es predicar!

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(1) Entre los más influyentes autores solo destacamos el trabajo creador y pionero de Frebd B, Craddock, ministro ordenado de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo), quien es “The Bandy Distinguished Professor of Preaching and New Testament, Emeritus, en la Candler School of Theology de Emory University. Ha escrito buen número de libros y numerosos artículos, casi todos, en alguna medida, relacionados con la comunicación del evangelio y como herramientas útiles para el predicador o predicadora estudiosos. Con respecto a nuestra inquietud y comentario aquí, destacamos As One Without Authority, 1971 (con nuevas ediciones revisadas en 1974 y 1979) y, Overhearing the Gospel, 1978. Hay quienes consideran a Craddock el padre de la actual escuela homilética estadounidense.  

(2) Ver, Eugene Lowry, The Homiletical Plot. The Sermon as Narrative Art Form. Atlanta: Westminster John Knox Press, 2001, 138 págs.

(3) Ver, David Buttrick. Homiletics. Moves and Structures. Philadelphia: Fortress Press, 1987, 497 págs.

(4) Ver, Henry Mitchell. Black Preaching. The Recovery of a Powerful Art. Ashville: Abingdon, 1990.143 págs.

(5) La expresión “el Cristo amargo” fue acuñada por predicadores campesinos, líderes de distintas expresiones del ala radical de la Reforma Religiosa del XVI en Alemania, en especial Tomás Müntzer, por su interpretación de la vida cristiana como un llamado radical a cargar la cruz y seguir a JesuCristo. Ver John Howard Yoder (compilador). Textos escogidos de la Reforma Radical. Buenos Aires: Editorial La Aurora, 1975, 490 págs.

 

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Osvaldo Mottesi

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