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El sermón contemporáneo fructífero

Doce Componentes Esenciales

 

¿Cómo predicar con poder y frutos? A través del sermón evangélico eficaz. Este es:

1. El que nace, crece y continúa en la oración; en un sentido absoluto de dependencia de Dios. Sin genuina unción espiritual, fruto de íntima comunión con Dios y de un pleno control del Espíritu Santo, no hay predicación. Será sólo un parloteo superficial. 

2. El que está basado sólidamente (hunde sus raíces) en la Palabra de Dios, de la cual es siempre exposición. Nunca imposición. El sermón que no es bíblico en su fondo -no sólo en su forma- no es sermón. 

3. El que sigue legítimamente las leyes de una hermenéutica contextual y una exégesis inquisitiva y creativa. Es fruto de las “equivalencias dinámicas” entre el ayer y el hoy. 

4. El que es dominado por quien predica, persona que ha de estar profundamente inmersa en el contenido. El texto y su tema deben dominarnos, tocarnos profundamente primero a nosotros y nosotras. Luego, debemos dominar plenamente el sermón. Nunca lo contrario. 

5. El que tiene una tesis, proposición o tema objetivo, definido, claro y legítimamente derivado del texto. Tema que es movido por un propósito asequible, específico y práctico (pues trata con la vida diaria y la experiencia de cada oyente). 

6. Es carente de abstracción.  La Biblia es libro de concreción

7. Es bien ilustrado: "una buena ilustración vale más que mil palabras". Con ilustraciones: interesantes, culturalmente pertinentes, comprensibles, breves, veraces, y bien dominadas. 

8. Su geografía (estructura y desarrollo) es lógica y clara. Su bosquejo es un mapa. Quien escucha sabe dónde se encuentra y hacia dónde lo llevan, en virtud del buen arreglo. 

9. Demanda preparación profunda, pues la superficialidad es nociva.  El Espíritu Santo más bendice a quien más estudia. Spiritus Sanctus non vagabundus est (Martín Lutero). La riqueza de la Biblia es sólo producto de quien la cultiva y explora.  "Cada minuto de mi sermón me cuesta una hora de preparación" (Harry Emerson Fosdick). 

10. Es rico en interés.  Pobre en monotonía. Debe interesar, cautivar, ocupar, preocupar, invitar, desafiar y movilizar. Todo eso y nada menos que eso.   

11. Es presentado con dinamismo, con el fuego de una elocuencia espiritual e inteligente persuasiva, que apela a la personalidad íntegra del o de la oyente, es decir, a su inteligencia (razón), tanto como al corazón (sentimiento), como a la voluntad (acción). 

12. Es un sermón (verbi homini) basado en el mensaje (verbi Dei), pero ambos jamás desvinculados del momento actual. Debe ser pura teología, orgánica y contextual. 

PREDICAR ES CIENCIA Y ARTE; QUIEN PREDICA ES CIENTÍFICO Y ARTISTA; EL SERMÓN SU OBRA MAESTRA; SU VOCACIÓN "UN ROMANCE". 

 

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Osvaldo Mottesi

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