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Cristianas radicales del siglo XIX

Semblanza de dos luchadoras pioneras por los derechos de la mujer

 

Los derechos humanos en general y de la mujer en particular, a pesar de las luces y sombras del devenir humano, son realidades en creciente consolidación, ya no sólo en occidente, sino en todo el planeta. Como todas las conquistas del progreso humano, estas costaron sangre, sudor y lágrimas a pioneros y pioneras –la mayoría desconocidos. En estas notas deseamos destacar brevemente la vida y acción de dos mujeres cristianas, radicales en sus convicciones evangélicas. Que fueron y son ejemplos de ministerios proféticos por los derechos humanos de la mujer.

 

aa Lucrecia Coffin-Mott  (3 de enero, 1793 -11 de noviembre, 1880) fue una extraordinaria y perseverante mujer cristiana, defensora de los derechos de la mujer, pionera dentro del movimiento feminista que pasó a la historia, entre otros motivos, por participar en la realizaciónde la Convención de Seneca Falls. 

Lucrecia nació en el seno de una piadosa familia cristiana cuáquera, siendo la segunda de siete hermanos. Su padre, Thomas Coffin, era capitán de un buque ballenero. Su madre, Anna Folger, dirigía la explotación agrícola familiar. La vida y pensamiento cuáquero va a ser determinante en la formación de sus ideas.

Especialmente la convicción –muy radical para su tiempo y contexto- de la igualdad detodos los seres humanos de ambos sexos ante Dios. Este es uno de los énfasis que desdesiempre predica y caracteriza al cuaquerismo, movimiento evangélico pacífico y pacifista, contestatario del cristianismo occidentalizado institucional. Es quizás por eso, que algunos sociólogos y sociólogas de la religión -pocos, a Dios gracias- consideran al cuaquerismo como una secta, en lugar del reconocerle el rango que merece como denominación protestante histórica. 

A los trece años, Lucrecia ingresa en la “Nine Partners Quaker Boarding School”, un colegio cuáquero, acreditado según la práctica de la época, donde recibe su sólidaeducación humanística, y donde más tarde ejercerá como profesora. 

El 10 de abril de 1812, a sus 19 años, Lucrecia contrae matrimonio con James Mott, otro profesor de su escuela. El matrimonio tuvo seis hijos, muriendo el primero a los cinco ños. En 1821 la pareja se traslada a Filadelfia y ella es allí  nombrada oficialmente predicadora del grupo cuáquero local. Esta asignación en el cuaquerismo es equivalente a la ordenación eclesiástica en la mayoría de los concilios o presbiterios, denominaciones o movimientos del protestantismo histórico troncal.

El contexto y momento histórico de lucha por la abolición total de la esclavitud y contra la marginación de la mujer en EUA en todos los aspectos de la vida pública y profesional fueron vividos por Lucrecia en el marco de la comunidad cuáquera. Esto influyó profundamente en el pensamiento de esta luchadora por nacimiento, contexto y vocación. 

Durante el Congreso Abolicionista Internacional de Londres en 1840, Lucrecia -junto con su compañera de lucha Elizabeth Cady Stanton y otras participantes- asumieron un rol clave de protesta contra la marginación integral de las mujeres en la sociedad de aquel tiempo. Tras este encuentro se inició una profunda amistad y estrecha colaboración entre ambas líderes. Los dos primeros frutos de tal asociación fueron la celebración de una convención y la creación de una asociación para la defensa de los derechos de la mujer.

 

Elizabeth Cady Stanton (12 de noviembre de 1815 - 26 de octubre 1902) fue una "cristiana no convencional” según su propio testimonio personal. Pese a esto, cada 20 de julio ella es conmemorada en el Calendario de Santos y Santas de la Iglesia Episcopal, junto a otras abdestacadas cristianas del pasado, como Amelia Bloomer, Sojouner Truthy y Harriet Ross Tubmanl.  

Elizabeth, activista social estadounidense, pensadora radical adelantada para su tiempo, y escritora prolífica, fue figura destacada del movimiento abolicionista y de las mujeres de su país. Su Declaración de Sentimientos, presentada en la primera convención de derechos de la mujer, sostenida en 1848 en Seneca Falls, Nueva York, es a menudo acreditada por historiadores serios como el manifiesto que dio inicio a los movimientos organizados por los derechos civiles de la mujer en los EUA.

Antes que Stanton redujera su enfoque político casi exclusivamente a los derechos de la mujer, fue también una activa abolicionista de la esclavitud, junto con su esposo, Henry Brewster Stanton y su primo, Gerrit Smith. A diferencia de la mayoría de personas de aquella época involucradas en el movimiento de derechos de la mujer, Stanton abordó una serie de cuestiones relativas a las mujeres más allá de los meros derechos de sufragio. Sus preocupaciones incluyeron el apoyo al matrimonio interracial, los derechos parentales y de custodia de las mujeres, los derechos de propiedad, derechos de empleo e ingresos, leyes de divorcio, la salud económica de la familia y el control de la natalidad. También fue una abierta partidaria del Movimiento por la Templanza en el siglo XIX. 

Después de la guerra civil estadounidense, el compromiso no negociable de E.C. Stanton con el sufragio femenino causó un cisma en el movimiento de derechos de la mujer. El factor desencadenante ocurrió cuando ella y Susan B. Anthony declinaron apoyar la decimocuarta y la decimoquinta propuestas de enmiendas a la Constitución de los Estados Unidos de América. 

Se opusieron a otorgar mayor protección legal y derechos de sufragio a los hombres afroamericanos, mientras se continuaba negando a las mujeres -negras y blancas- los mismos derechos. Ambas líderes sostenían que la protección y derecho de sufragio para los hombres afroamericanos era injusta, en tanto no fuera conquista también para las mujeres de todo color. 

Su posición indeclinable sobre este tema, sus pensamientos -heterodoxos para muchos- acerca del cristianismo institucionalizado, y el agregado de sus énfasis femeninos mucho más allá de los derechos al voto, produjeron la formación de dos organizaciones separadas, ambas luchando por los derechos de la mujer.

Durante dos décadas de separación, la historia dio la razón a la postura inalterablede Stanton. Ambas organizaciones se re-unieron, con Stanton como presidenta de laorganización conjunta.

Hoy Lucrecia Coffin-Mott y Elizabeth Cady Staton son preciosas e inspiradoras cartas abiertas. Testimonios históricos del poder transformador del evangelio del Reino. Ambas representan a la creciente pléyade de mujeres de Dios, de toda edad, etnia y condición, cristianas profundamente radicales en su interpretación del rol femenino en el Evangelio, que lucharon, luchan y lucharán por la emancipación, desarrollo y participación cada vez más activa y creadora, justa y  plena de la mujer en nuestro mundo.

 

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Osvaldo Mottesi

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