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Leamos el Apocalipsis en clave pastoral

Juan Stam entrevistado por Jacqueline Alencar



Hoy nos vamos a Costa Rica para entrevistar a Juan Stam, nacido en Paterson (Nueva Jersey, 1928), en una familia de origen holandesa.


Stam cursó sus estudios universitarios en la Universidad de Wheaton, Illinois (Bachillerato en historia 1950; Maestría en Nuevo Testamento 1955) y en el Seminario Fuller (Bachillerato en teología 1954). Después de estudios de literatura y filosofía en la Universidad de Costa Rica (1957-1961), hizo los estudios doctorales con Oscar Cullmann, Bo Reike y Karl Barth en la Universidad de Basilea, Suiza, obteniendo su doctorado en teología en 1964. También realizó estudios post-doctorales en la Universidad de Tubinga, Alemania, con Hans Küng, Walter Kasper, Jürgen Moltmann, Ernst Kaesemann y Otto Michel.

Se casó con Doris Emanuelson en 1954, y a fines del mismo año emigraron a Costa Rica, donde comenzaron su ministerio con un pastorado rural en el norte del país. Son costarricenses naturalizados desde hace muchos años.

También ha enseñado en universidades y seminarios en casi todos los países de América Latina y en la India, Holanda, Estados Unidos y Canadá.

Juan Stam es autor de “Apocalipsis y profecía”, “Escatología bíblica y misión de la iglesia”, “Profecía bíblica y misión de la iglesia. Hasta el fin del tiempo y hasta los fines de la tierra”, “Haciendo teología en América Latina” (2 tomos, 2004 y 2005) y “Comentario del Apocalipsis” (4 tomos). Es autor también de “La Historia de la Salvación y la Misión integral de la iglesia”, en  La Misión de la Iglesia,  Valdir Steuernagel (ed.), y “La misión en el Apocalipsis”, en  Bases Bíblicas de la Misión,  René Padilla (ed.).

Ha escrito numerosos ensayos y artículos en Diccionario Ilustrado de la Biblia, Pensamiento Cristiano, Certeza, Boletín Teológico, además de “Apocalipsis y el Imperio Romano”,  en Lectura Teológica del Tiempo Latinoamericano  y “Tomás Müntzer y la Teología Latinoamericana”, en  Teología Alemana y la Teología Latinoamericana. 

Desde 2007 ha escrito unos 220 artículos para su blog,  www.juanstam.com .

Pregunta.- ¿Qué lo motivó a dejar su país para afincarse en esa hermosa tierra centroamericana que es Costa Rica? ¿Cómo se vive esta experiencia? ¿Es necesario contextualizarse a la nueva cultura?

Respuesta.- De joven, a mis 17 años, visité Costa Rica y Colombia y conocí la obra misionera, especialmente el Seminario Bíblico Latinoamericano. Después en la universidad, preparándome para ser profesor de historia, tomé un curso de Patrística y escogí para mi monografía el tema "La epistemología de San Agustín". Quedé profundamente conmovido por su visión del conocimiento y de la fe y por la conmovedora belleza de sus escritos. Me encantó su frase, "el verdadero filósofo es un enamorado de Dios" ( verus philosophus amator dei est ). Decidí que en mi caso particular podría ayudar mejor al desarrollo personal integral de mis alumnos y alumnas en teología que en historia. Al entregar mi monografía, entregué también mi vida para servir a Dios en la enseñanza bíblica. Unos años después, ya comprometido con Doris Emanuelson, Dios nos llamó a enseñar su Palabra en América Latina.
¡A lo mejor soy el único misionero protestante llamado por Dios por medio de un antiguo Padre de la Iglesia!
En esa visita a Colombia en el año 1945, en la ciudad de Sincelejo, fui impactado por una serie de mensajes de don Kenneth Strachan sobre un tema favorito suyo, "la Encarnación como modelo para misioneros y para misiones". Esas charlas sembraron en mi conciencia un compromiso con la teología de la encarnación y, después, con la identidad cultural con América Latina y la solidaridad integral con sus pueblos.
Hacia fines de 1954, a pocos meses de nuestro traslado a Costa Rica, don Kenneth estuvo en Wheaton y nos visitó. Yo estaba a punto de ser ordenado al ministerio por la congregación que pastoreaba en Troy, Illinois. Para nuestra sorpresa, don Kenneth me dijo, "No lo hagas, Juan. Espera, aprende el castellano y déjate ordenar por la iglesia nacional". Unos años después, esa decisión nos llevó también a tomar la nacionalidad costarricense.
Para nosotros, venir a vivir en América Latina fue, desde el inicio, una gran aventura y un desafío encarnacional. El choque cultural lo sentíamos, severamente, cuando regresábamos a los Estados Unidos. Estando Costa Rica muy cerca de los Estados Unidos, nuestros familiares nos visitan acá con considerable frecuencia, sin que tengamos nosotros que interrumpir tanto nuestras vidas para viajes a nuestro país natal.

P.- ¿Es la contextualización importante para la misión de la Iglesia?
 R.-Nuestra fidelidad en misión comienza con nuestra fidelidad en la interpretación bíblica, la cual requiere una doble contextualización del texto, primero en su situación original antigua (exégesis) y segundo la contextualización en la realidad actual (hermenéutica). Las relecturas contemporáneas deben basarse en la mejor interpretación posible del texto de ayer y de la realidad de hoy.
De manera similar, la tarea de la teología, más que la de armar un "sistema" teórico de ideas abstractas, es la de aclarar el significado del evangelio para los siempre nuevos contextos de la historia. En eso consiste también la contextualidad de la misión. Los grandes cristianos han sido los que mejor han entendido su momento histórico: San Agustín ante el colapso del imperio romano, San Anselmo (y Abelardo) a inicios de la Edad Media, Tomás Aquino en el apogeo del mismo, los Reformadores en el siglo XVI y Karl Barth a inicios del XX.

P.-He oído que entre los personajes que han influido en su vida está Unamuno… ¿Cómo se adentró en su pensamiento?
R.-En una fase formativa de mi vida (los 60s) leí bastante de las obras de Unamuno. Me gustaron -y me edificaron- las dos relecturas de la historia de Caín y Abel ("Abel Sánchez" y "El Otro"), como también "San Manuel Bueno, Mártir". He admirado la confrontación de Unamuno con los falangistas que gritaban "Viva la muerte". Y lo cito en mi comentario sobre el jinete del caballo rojo (Apoc. 6:3-4). De su poesía me encanta especialmente "El Cristo de Velázquez", que también cito en mi comentario al Apocalipsis.
Quedé impactado por "El sentimiento trágico de la vida" y "La agonía del cristianismo" que quedaban a mi propio temperamento y pensamiento como el guante a la mano. Me encantó su ataque al racionalismo y positivismo de su época, destacando más bien el lugar del sentimiento, la intuición, la convicción, la fe y la lucha. También me identifiqué existencialmente con el Quijote de Unamuno, suficientemente loco para soñar y para luchar por sus sueños. Algunos amigos, con mucho cariño, han señalado esa correspondencia, y por andar yo toda la vida en motocicleta, me apodaron "don Quijote de la moto". Los jóvenes de la Iglesia Bíblica Costarricense en esa misma época me describían con otro apodo muy simpático, "el hippy bíblico". Parece que algo dentro de mí responde al existencialismo, por supuesto dentro de los parámetros de la teología evangélica.
En la lucha por entenderme y ser quien quería ser, me llegaron al corazón las palabras del Quijote de Unamuno, "Yo sé quien soy" (cf. Sócrates, "Conócete a ti mismo"; Calvino  Inst  1.1). Quijote, sabiendo quién era y quién quería ser, no permitió que otros lo definieran. El Quijote me enseñó que ser conformista no es un deber cristiano y que romper con los moldes sociales no es pecado.
Creo que en esos años aprendí bastante de Unamuno y otros autores existencialistas, sin nunca convertirme en existencialista. Me alimenté de Albert Camus y Jean Paul Sartre, y sobre todo de Sören Kierkegaard. Paradójicamente, admiraba el ateísmo de Sartre, no sólo por su honestidad y su ardiente pasión, sino por el profundísimo dolor que le producía la ausencia de Dios. Sobre él publiqué un artículo titulado "El ateísmo existencialista de Jean Paul Sartre". Sören Kierkegaard, genio progenitor del existencialismo, me despertó al "precio de la gracia", a todo lo que cuesta ser cristiano auténtico. En "Mi punto de vista como autor" anuncia que la meta de todos sus escritos es hacer que sea difícil ser cristiano, porque en Dinamarca era demasiado fácil llamarse "cristiano". En "Ataque a la cristiandad" desarrolla un tema parecido. En una simpática parábola, Kierkegaard cuenta de un danés que cometió la imprudencia ridícula de preguntarse si era realmente cristiano y todo el mundo lo tuvo por loco.Su esposa le contestó, "Pero mi amor, tú eres danés, nacido en Copenhague, y además eres funcionario del estado y llevas corbata y sombrero. ¡Por supuesto que eres cristiano!".

P.-¿Qué otros nombres forman parte de esa nube de testigos?
R.-Mi primer libro fue, es y será la Santa Biblia, Palabra inspirada por el Espíritu de Dios. Pero esa Biblia, con la que comencé mi peregrinaje espiritual, era una Biblia Scofield, con sus muchas notas nada inspiradas sino muchas veces especulativas. El romper con el sistema dispensacionalista inició mi larga aventura de crítica exegética en busca de la mejor interpretación de las escrituras.
Nuestra iglesia, en las afueras de Paterson, Nueva Jersey, organizaba cada verano un programa de enseñanza bíblica realmente inspiradora e instructiva. Traían los mejores maestros y oradores (Ironside, Armerding, Walvoord, Alva McClain, todos ellos fieles dispensacionalistas). A esos maestros debo dos cosas. En primer lugar, un profundo amor por el estudio bíblico, una pasión por devorar la enseñanza y un deleite en la Palabra. Pero segundo, cuando comencé a darme cuenta de las anomalías exegéticas del dispensacionalismo (sobre todo su doctrina del rapto), despertaron en mí, sin proponérmelo ni darme cuenta, la exigencia de examinar críticamente toda interpretación del texto. Con eso comenzó mi aventura exegética sin fin, siempre dudando de las interpretaciones del texto bíblico.
En el Seminario Fuller leía obras de teología sistemática (Calvino, Hodge, Strong) y hermenéutica (Terry), pero me inspiré sobre todo en los jóvenes autores neo-evangélicos (Ramm, Ladd, Carnell, Jewett, Berkouwer), que hasta hoy siguen siendo fundantes para mis convicciones. Un curso con George Ladd sobre exégesis del Apocalipsis marcó el resto de mi vida, en cuanto tema y en método de análisis. Unos años después, en nuestro apartamento en Basilea, Suiza, Ladd nos inspiró con un valiosísimo conversatorio sobre los métodos históricos en la teología.
Ya en Costa Rica, enseñando en el Seminario Bíblico, el libro que más me impactó fue "Prefacio a la teología" de Juan Mackay, con su desafiante capítulo sobre "El Balcón y el Camino". Lo usé como texto todos los años y dio la orientación básica del curso, tanto que cambié el título de "teología sistemática" por "teología evangélica". "Encuentro con la Revolución", de Richard Shaull, y una ponencia de Míguez-Bonino, titulado "Nuevas Perspectivas", me concientizaron mucho y cambiaron el énfasis de mis cursos. Leía también las publicaciones de ISAL (Iglesia y Sociedad en América Latina), yo diría con una empatía crítica. En los 80 leí mucho de las obras de Karl Marx y publiqué un largo artículo sobre "lo que los cristianos latinoamericanos podemos aprender de Karl Marx". Además, siempre tuve presente especialmente a Kierkegaard, Karl Barth y Emil Brunner (y además Tillich y Bultmann), acompañados por René Padilla, Samuel Escobar, Pedro Arana, Rolando Gutiérrez, José Míguez-Bonino y otros autores latinoamericanos.

P.-Tengo entendido que usted ha dado muchos talleres sobre el Apocalipsis. Muchos piensan que este libro es muy difícil y hasta aterrador…
 R.-Yo puedo decir que mi vida ha sido toda una aventura emocionante con el Apocalipsis, especialmente desde mis estudios con mi amado profesor George Eldon Ladd, en el Seminario Fuller. He escrito un comentario exegético de cuatro gruesos tomos sobre ese libro. He estudiado cada versículo en el griego original, consultando a veces hasta cien libros sobre un versículo (comentarios, léxicos, diccionarios bíblicos, textos de teología bíblica y de teología sistemática y libros de historia antigua), luchando por captar el significado del texto. Comencé el comentario cuando estaba relativamente joven y terminé ya viejo. Para concluir mi comentario cito a un copista antiguo que al fin de su largo manuscrito suscribió, "El fin, a Dios las gracias".
Creo que el Apocalipsis parece difícil y espantoso solo porque lo leemos mal. La clave para entender bien este libro es leerlo en clave pastoral. Definitivamente, Juan tenía corazón de pastor. Desde un principio se presenta como "Yo Juan" (1;4), así de simple, sin títulos, y como "hermano y compañero de ustedes" (1:9). Enseguida introduce siete cartas pastorales (Ap 2-3), algo sin paralelo en la vasta literatura apocalíptica. En cada capítulo, cada página, habla un pastor para sus ovejas. Leído pastoralmente, es un poderoso mensaje de esperanza, no de miedo.
Como pastor, Juan habla de lo que afecta y preocupa a su congregación, en un lenguaje que ellos y ellas podían entender. Hasta los simbolismos eran ya conocidos, fáciles de descifrar. Sospecho que para ellos el Apocalipsis era uno de los libros más fáciles de entender, a lo mejor el más fácil. Es cierto que hoy encontramos algunos detalles difíciles, mayormente porque no tenemos algunas claves de interpretación, pero me atrevo a decir que no hay ningún pasaje (o párrafo) cuyo significado no sea discernible hoy. Al inicio de mi comentario señalo que el Apocalipsis es para los valientes pero también para los humildes, que saben decir "No sé" cuando no saben. Si alguien pretende entender todo, mejor no creerle nada porque no sabe que no sabe, y solo inventa respuestas.
Es evidente en el libro que uno de los problemas que más le preocupaba al pastor Juan era el culto al emperador romano. Éfeso, donde residía Juan, tenía en su avenida central un enorme templo al emperador, donde le adoraban, hacían sacrificios, oraban y lo adoraban en todo sentido. Hacían procesiones con una estatua del emperador, y las familias devotas y patrióticas colocaban mini-altares frente a su casa. No participar en todo eso acarreaba grandes sacrificios y peligros. En el caso del Apocalipsis, contextualizar el libro significa buscar los libros de historia romana y captar los argumentos políticos y económicos que están en el Apocalipsis.

P.-Entonces, ¿no es profético el libro del Apocalipsis?
R.-Aunque casi universal hoy, es un error entender "profecía" como equivalente exacto de "predicción" o "vaticinio". Los escritos proféticos del Antiguo Testamento (Isaías a Malaquías en la Biblia nuestra) contienen algunas predicciones, pero es realmente muy poco. El profeta es profeta no porque predice el futuro sino porque trae una palabra viva de Dios para el pueblo de Dios. Lo medular del oficio profético es denunciar el pecado y la injusticia y anunciar la promesa de Dios. Fee y Stuart, en su muy valioso libro  La lectura eficaz de la Biblia  (Editorial Vida),señalan, con base en una exégesis cuidadosa de los textos proféticos, que solo 5% de esos libros tiene algo que ver con el futuro, y eso mayormente muy cercano, cumplido siglos antes de Cristo. Además, según Fee y Stuart, sólo 2% es mesiánico y sólo 1% puede ser todavía futuro. El 95% que no tiene nada que ver con el futuro no es menos profético por no ser predictivo.
Las visiones del Apocalipsis pueden ser del futuro, pero no siempre ni necesariamente. También pueden ser del presente de Juan (las siete iglesias). En las visiones, los verbos están en tiempo pasado, no futuro. En el desarrollo de su mensaje pastoral Juan pasa a menudo del presente al futuro (1:5-9), del futuro al presente (1:10) pero también del futuro al pasado remoto (de 11:15-29 a 12:1-3 y siguiente). Es un error dar una preferencia  a priori  a interpretaciones futuras, como también es un error comenzar con un prejuicio contra ellas. Juan no era ni futurista ni preterista, sino pastoral. Ahora es nuestra tarea exegética decidir por las evidencias cómo entender cada pasaje.

P.-Debe ser difícil convencer a la gente de esa interpretación del Apocalipsis y cambiar sus ideas sobre temas como el rapto. ¿Cómo ha podido hacerlo?
R.-El maestro bíblico tiene que ser un "Cupido de la Palabra", muy enamorado de Dios y su Palabra y apasionado por enamorar a otros. Eso es un gran desafío con un libro tan temido como el Apocalipsis, que se acostumbra leer con una fuerte dosis de "espantología bestia-céntrica". He visto muchísimas veces que cuando este libro se lee como un mensaje pastoral cristocéntrico, la gente pierde ese miedo morboso y comienzan a vivirlo como lucha y esperanza. Y encantados por el libro, siempre, prácticamente sin excepción, terminan enamorados/as del Apocalipsis.
Ante el desafío de superar los prejuicios y tradiciones, he desarrollado mis propios métodos de enseñanza. Comienzo conversando sobre la diferencia entre los desafíos de la buena interpretación y les sugiero tres herramientas básicas para el estudio bíblico: una lupa, para mirar bien lo que está en el texto y lo que no está (ilustrado con muchos ejemplos); un borrador de pizarra, para quitar de nuestra mente lo que no está en el texto (esto los prepara sicológicamente para dejar ideas no-bíblicas por interpretaciones más fieles al texto), y tercero, un par de audífonos (para escuchar la voz de Dios y hacer su voluntad). Para ayudarnos a ubicarnos en el primer siglo, hago "entrevistas" con Juan de Patmos. Cuando le pregunté, por ejemplo, si su libro profetizaba televisoras y computadoras (1:7; 13:18), la pregunta le confunde totalmente y nos damos cuenta que no tiene la menor idea de la energía eléctrica.
Mucho del Apocalipsis es drama y se entiende mejor con dramatizaciones. Convertir en acción dramática el gran culto en el cielo (Ap 4-5) o de la media hora de silencio (8:1-6) aporta más a la comprensión de esos pasajes, mucho más que diez comentarios del griego. Toda la segunda mitad de libro (Ap 12-20) es un drama, profundamente significativo, de la larga lucha entre el dragón y el Cordero. Por otra parte, siento que comencé a entender el relato de los dos testigos (11:3-13) cuando unos pastores maya-quiché lo dramatizaron. Entraron los dos testigos y comenzaron a soplar fuego y a matar gente (11:5), llenando el piso de cadáveres. En eso entra la bestia y amenaza a los dos testigos, quienes, confiados en su poder sobrenatural, soplan juntos; pero ¡qué sorpresa!, no les sale fuego. La bestia los mata y hay dos cadáveres más en el piso. Los impíos celebran su muerte con una tremenda fiesta, pero después de varios días uno de ellos abre sus ojos y el otro comienza a mover los brazos, y resucitan y entran victoriosos a la presencia de Dios.
Al Apocalipsis tenemos que vivirlo, tenemos que leerlo con todos los sentidos de percepción: la vista, el oído (y el silencio), el olfato, el toque y el gusto. En este libro "incienso" no es solo una palabra, es una fragancia que uno comienza a olfatear (8:3). La iglesia de Laodicea daba a Jesús ganas de vomitar (¡qué sabor más horrible!), pero al final Cristo está tocando la puerta (tacto) porque quiere comer con ellos (de nuevo, el gusto pero bueno).
¡Qué libro más maravilloso y emocionante!

P.-En América Latina se está dando un crecimiento imparable de los evangélicos. ¿Va acompañado el mismo de una profundización teológica?
R.-El crecimiento ha sido fenomenal pero desigual, muy concentrado en unas pocas mega-iglesias y en los sectores neo-pentecostales de la iglesia. En general, ha habido una especie de banalización del evangelio, con "gritos de victoria", patadas al diablo, teología de la prosperidad y otras aberraciones. Pocos predicadores y predicadoras tienen una buena orientación hermenéutica para poder interpretar fielmente las escrituras con seriedad exegética.
Ha sido tanto el crecimiento de la población protestante y de la asistencia a los cultos, que constituyen ahora un importante bloque político. Un resultado de eso ha sido la formación de "partidos evangélicos", con muy altas posibilidades de elegir congresistas y hasta presidentes por una gran población que vota casi ciegamente por cualquier candidato "cristiano". Los resultados han sido casi siempre negativos. Sin un análisis claro de la condición del país ni mucho menos una voz profética para el pueblo, estos políticos han sido mayormente unos "politiqueros" oportunistas más, aliados incondicionales con el oficialismo reaccionario y corrupto, sin nunca decir esta boca es mía.

P.- Si hiciera una radiografía de la iglesia en América Latina, ¿cuál sería su diagnóstico?
 R.-La iglesia es la comunidad de la Palabra de Dios y vive por ella. Una iglesia es sana solo cuando su interpretación bíblica es sana. Una iglesia que especula con la Palabra de Dios, en vez de escucharla y obedecerla, no puede estar bien. Hoy día en las iglesias protestantes de América Latina se puede encontrar cualquier cosa, desde "apóstoles" y prosperidad hasta guerra espiritual y maldiciones generacionales. Y por supuesto, no puede faltar el diezmo. Aun cuando algunos de esos puntos fueran válidos, ninguno es central al mensaje del evangelio.
Lo más grave en esta situación es que las iglesias prohíben el examen crítico y no permiten pensar. El creyente fiel es el que dice "Amén" a todo sin cuestionar nada. Se cita constantemente: "No juzguéis", pero nunca: "juzgad por vosotros mismos" o "examinadlo todo". Personalmente, en toda mi vida y en los últimos años en mi sitio web ( juanstam.com ), he tratado de promover una sana criticidad, con cierto éxito pero con muchos cientos de denuncias por "murmurar" o por "tocar al ungido de Dios". Una revisión rápida de las respuestas a mis artículos sobre "apóstoles", profetas, diezmos y maldiciones, revela que la gran mayoría ni han entendido bien mis razones, ni mucho menos han podido ver tanto la posición mía como tampoco la de ellos/as con un análisis acertado. (Debo agregar que los que responden por correo personal casi siempre son mejor orientados).
Considero que la iglesia está pasando una grave crisis exegética, acercándose a un caos. El problema de la especulación, en lugar de la exégesis cuidadosa del texto, siempre estuvo muy serio en la interpretación del Apocalipsis. A veces el prejuicio ideológico distorsiona la interpretación ("los pobres tendréis siempre con vosotros"; "mi reino no es de este mundo"; no hace tanto escuché a un predicador concluir de la parábola de los talentos que Dios es el Creador de las desigualdades y muy contento con ellas). Más recientemente han abundado argumentos anti-exegéticos tanto a favor de los derechos homosexuales como en su contra.
Considero que nuestra tarea más urgente hoy es el rescate de la sana interpretación del texto bíblico, incluso la contextualización fiel y acertada del mismo, para orientar nuestra misión en el mundo de hoy.

P.-Hoy se habla constantemente de gobiernos corruptos que propician la injusticia social… Esto nos lleva a preguntar si es Dios quien pone a los gobernantes y si es pecado oponerse a ellos…
R.-Pablo escribió Romanos 13 antes de la masacre de cristianos/as por Nerón en el 64 d.C. Señalaba que la existencia de gobiernos es fruto de la gracia de Dios y que las autoridades tienen la espada para defender al justo y castigar al injusto. Pero unos 30 años después, Juan de Patmos explica en Apocalipsis 13, la contraparte de Romanos 13, qué pasa cuando el gobierno protege a los injustos y castiga a los justos: el dragón mismos dio a la bestia (muy probablemente el imperio romano) su trono y su gran autoridad (Ap 13:2); por eso, adorar al emperador era culto a Satanás (13:3-4).
A menudo se manipula el texto de Romanos 13. Bajo Somoza en Nicaragua, el texto favorito de sus partidarios era que Dios puso al dictador y había que someterse a él. Cuando los Sandinistas ganaron la guerra, esa misma gente cambió de texto y su mandato bíblico era Hechos 5:29: "Es necesario obedecer a Dios y no a los hombres".

P.- O sea que debemos seguir la estela de los profetas de antaño. E indignarnos cuando sea necesario…
R.-Ante el pecado y la injusticia, Dios es el primero de los indignados, y nosotros con él. La tarea de los profetas era denunciar y anunciar. En vez de callarse prudentemente, atacaban al pecado sin pelos en la lengua. El Espíritu que cayó el día de Pentecostés fue ese mismo Espíritu de los profetas antiguos. Eso significa que la Iglesia nació profética (Hch 2:17-18), levantando su voz de denuncia y anuncio, y además que todo/a creyente ("toda carne") debe de una u otra forma ser profético también y jamás anti-profético. En cuanto a "profetas" de oficio, de los que hay muchos falsos, deben ser juzgados por el modelo bíblico de denuncia y anuncio, no sólo por predicciones y cumplimientos (Deut 18:15-22; 13:1-5; sobre éste y muchos otros temas hay artículos en  www.   juanstam.com ; correo electrónico juanstam@gmail.com ).

P.- ¿Debe la teología dar respuesta a la realidad de los tiempos que vivimos, ofreciendo una respuesta con el mensaje evangélico? ¿Es posible servir a Dios sin entender la realidad de nuestro mundo y de nuestro tiempo?
R.-Claro, la tarea de la teología es específicamente la de responder a los desafíos de su contexto, a la luz de la revelación divina. La teología es inseparable de la ética, y la ética incluye la vida política. Más que sólo respuestas, la teología debe plantearle preguntas a la realidad y orientaciones para enfocarla según principios y paradigmas bíblicos. Las escrituras hebreo-cristianas ofrecen paradigmas que debemos "conjugar" para las situaciones actuales. Ejemplos son el programa de alimentación internacional que organizó José en Egipto, el año sabático (Deut 15) y el Año de Jubileo (Lev 25), el Pentecostés, el último viaje de Pablo para traer ofrendas a los pobres de Jerusalén y todo el impresionante mensaje social y económico del Apocalipsis. El mensaje bíblico es riquísimo y muy transformador para la vida socio-política de los pueblos. La Biblia es un libro profundamente político.

P.-¿Piensa que a Dios le interesa la política?
R.-Para realizar su plan salvífico, Dios entró en la historia humana y comenzó con crear un pueblo suyo, para bendición a todas las naciones. Los pueblos son realidades políticas y Dios se interesa por ellos. Dios es Señor de la historia y la historia es política. Dios ama y busca la justicia y eso es profundamente político. Debe ser claro que "política" se refiere a la vida de la "pólis" (el pueblo, la comunidad). De la "politiquería" Dios se interesa pero para juzgarla.
Un sabio refrán, popularizado por Leonardo Boff, reza: "Todo es político, pero la política no es todo". La interpretación de la Biblia también debe ser política, pero no "politiquera". No se debe politizar el texto bíblico más político de lo que es, o en un sentido político contrario a su sentido original. Pero tampoco debemos despolitizar el texto bíblico, perdiendo la fuerza ético-política de su mensaje.

P.- ¿Qué es para usted la Misión Integral? ¿La ha entendido la iglesia latinoamericana?
R.-Es la comprensión multifacética del evangelio y su práctica concreta en todas sus dimensiones bíblicas. Busca superar los dualismos tradicionales entre alma y cuerpo, individuo y comunidad, eternidad y tiempo, iglesia y sociedad, fe y política. Busca integrar todas estas facetas en una sola fe viva. Esa fe se base en igual medida del "evangelio de Jesucristo" (encarnación, crucifixión, resurrección, regreso; evangelización) y "el evangelio del reino" (justicia, paz, igualdad). Vive integralmente la Gran Comisión, de hacer discípulos que obedecen lo mandado por Cristo (Mat 28:20) y la oración del Señor, "Venga tu reino, hágase tu voluntad en nuestras tierras hispanoparlantes, así como se hace en el cielo".
En mi opinión, muchas iglesias han entendido la dimensión social del evangelio, pero mucho menos la dimensión política.

P.- Pregunto: ¿qué piensa de los evangélicos que han incursionado en la política de los países de América Latina?
 R.-Si están plenamente capacitados, inteligentes y bien orientados, y sobre todo si buscan el bien común y no el bien personal o eclesial, bienvenidos/as, pero que compitan a nivel nacional en uno de los partidos existentes. Como expliqué arriba, me opongo a los partidos protestantes aunque sean inevitables en nuestras circunstancias. Las iglesias protestantes constituyen un bloque importante de nuestras sociedades, casi totalmente carente de formación socio-política. La historia de los partidos "evangélicos" en América Latina es mayormente una vergüenza para el evangelio que pretenden representar. Muy pocos de ellos son luz y levadura del reino de Dios y su justicia. Casi nunca tienen una voz profética para la nación. Y para concluir, ¿qué mensaje darías a la iglesia hispanoparlantes?
Considero que la necesidad más urgente de nuestras iglesias es un mayor discernimiento al interpretar las Escrituras. Casi todos/as creen que la Biblia es Palabra de Dios, dada por acción del Espíritu Santo, pero a la hora de interpretarla muy pocos se acostumbran "escudriñar las escrituras, para ver si estas cosas [son] así" (Hech 17:11). Es importante recordar que el texto inspirado es una cosa y nuestras interpretaciones son otra cosa, muy humanas y falibles. Es interesante que la interpretación bíblica no aparece entre los dones carismáticos. Eso viene por examinar el texto y hacerle preguntas, con mucha oración ( bene orare, bene studere,  decía Lutero).
Hermanos y hermanas, ¡Comprometámonos con Dios, con su Palabra, con la Iglesia y con nuestros pueblos en su cruda realidad!

Finaliza la entrevista. Agradecemos a Juan Stam por aceptar dialogar con nosotros y traernos aires del otro lado del charco que nos recuerdan la amplitud del pueblo de Dios.


Publicado en:

http://www.protestantedigital.com


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