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El culto y la justicia

¡Prohibida la entrada!

(El templo está cerrado temporalmente

por razones de fuerza mayor)

 

"El templo se llenó de humo

que procedia de la gloria y del poder de Dios,

y nadie podía entrar allí

hasta que se terminaran las siete plagas

de los siete ángeles"

(Apoc 15:8)

 

Este detalle, de un simbolismo muy impactante pero de interpretación algo discutible, remite obviamente a los relatos de la dedicación del tabernáculo y del templo:

En ese instante la nube cubrió la tienda de reunión, y la gloria de Yahvé llenó el santuario. Moisés no podía entrar en la Tienda de reunión porque la nube se había posado en ella y la gloria de Yahvé llenaba el santuario. Éxodo 40:34-35

Cuando los sacerdotes se retiraron del Lugar Santo, la nube llenó el templo de Yahvé. Y por causa de la nube, los sacerdotes no podían celebrar el culto, pues la gloria de Yahvé había llenado el templo. 1 R 8:10-11 (2 Cr 5:13-14)[1]

   En todo el conjunto simbólico de nubes (o viento o humo) que llenan el templo, la última frase de 15:8 es una excepción; los demás pasajes (Ex 40; 2 R 8; Is 6) simbolizan la gloria y majestad de Dios y no la solemnidad y finalidad de su juicio. Los otros relatos tampoco ponen énfasis en un punto terminal del fenómeno, como hace 15:8, ni menos que la reapertura del templo dependiera de que termine una serie de juicios muy severos. Es doblemente extraño: el castigo de los impíos no puede seguir adelante sin afectar el culto de los fieles, y el culto de los fieles no puede seguir su curso mientras Dios esté juzgando a los impíos. ¿Qué tiene que ver el uno con el otro?[2]

   Para todos los buenos cristianos, "ir al templo" es una rutina semanal, que en general se da por sentado como una simple actividad tradicional. Algunos van sin mayores expectativas de posibles sorpresas, otros con gran esperanza y entusiasmo. Pero casi nunca vamos con temor. Sentimos que con asistir estamos haciendo algo bueno, algo que por supuesto agrada a Dios, sin dudar jamás de nuestro derecho de entrada. Si algún día yo llegara al templo y alguien me dijera, "usted no puede entrar hoy", o si encontrara la puerta cerrada con un rótulo, "Templo Cerrado; Dios no está dispuesto a recibirlos", ¡me sentiría muy preocupado!

   ¿Por qué sería que nadie podía entrar al templo? ¿Qué fuerza tiene una nube, o el humo, para impedir que entren? ¿Por qué tuvieron que suspenderse todos los cultos del templo para la duración de los juicios? ¿Será que los fieles, en vez de alegrarse en el sufrimiento ajeno al contemplar la condena de otros, o felicitarse con confianza presumida que ellos son los justos, más bien ponen la mano sobre el pecho y reconocen su propia indignidad para presentarse ante Dios? Ver la presencia de Dios en la condena de otros les llenó de temor reverente, tanto que no se atrevían a presentarse delante del Señor, hasta que se aclararan todas las cosas.

   Entrar en la presencia de Dios no es algo así como un derecho humano, ni un favor que le hacemos a Dios, ni tampoco algo que nosotros podemos merecer. ¿Sería por eso que esta nube de humo vino a interrumpir los rituales del templo? En nuestro mundo actual, de tanta espiritualidad "lite" y tanto evangelio de ofertas y de gracia barata, ¿podría ser también que una nube de humo ha venido entre nosotros y Dios, pero no nos damos cuenta y seguimos adelante con nuestro "show" piadoso?[3] Cuando nos damos cuenta realmente de la santa presencia de Dios, tomamos con temor y temblor el entrar en su templo. Porque Dios está presente ahí, cualquier adoración falsa constituye un sacrilegio frente al mismo rostro del Señor. El culto como espectáculo, como entretenimiento o como masaje en vez de mensaje, no puede ser otra cosa que una blasfemia.

   Los profetas hebreos, en la época pre-exílica (que en mucho se parece a la época nuestra), denunciaban con gran vehemencia lo falso e hipócritica de las prácticas religiosas de Israel. El problema no era el culto mismo, sino la osadía de presentarse ante Dios sin hacer su voluntad. El problema tampoco era que estuvieran desatendiendo los cultos y los rituales, sino que pretendían adorar a Dios sin practicar la justicia. Dios mandó al profeta Jeremís pararse en la puerta del templo y advertir a Israel no atreverse a entrar en esos sagrados precintos:

Enmienden su conducta y sus acciones...

No confíen en esas palabras engañosas que repiten:

    ¡Este es el templo del Señor! ...

Si en verdad practican la justicia los unos  con los otros,

si no oprimen al extranjero ni al huérfano ni a la viuda,

si no derraman sangre inocente en este lugar,

ni siguen a otros dioses para su propio mal,

entonces los dejaré seguir viviendo en este país...

Pero ustedes confían en palabras engañosas...

Roban, matan, cometen adulterio, juran en falso,

queman incienso a Baal, siguen a otros dioses...

¡y vienen y se presentan ante mí

en esta casa que lleva mi nombre...

para luego seguir cometiendo todas esas abominaciones!

¿Creen acaso que esta casa es una cueva de ladrones?

                             Jer 7:1-11[4]

   Comparando a Israel con Sodoma y Gomorra, el profeta Isaías denuncia esta religiosidad falsa:

¡Oigan la palabra del Señor,

      gobernantes de Sodoma!

¡Escuchen la enseñanza de nuestro Dios,

      pueblo de Gomorra!

¿De qué me sirven sus muchos sacrificios?

     -- dice el Señor --.

Harto estoy de holocaustos de carneros

y de la grasa de animales engordados...

¿Por qué vienen a presentarse ante mí?

¿Quién les mandó traer animales

para que pisotearan mis atrios?

No me sigan trayendo vanas ofrendas;

el incienso es para mí una abominación.

Luna nueva, día de reposo,

     asambleas convocadas;

¡No soporto que con su adoración me ofendan!

Yo aborrezco sus lunas nuevas y festividades;

se me han vuelto una carga

que estoy cansado de soportar.

Cuando levantan sus manos,

    yo aparto de ustedes mis ojos;

aunque multipliquen sus oraciones,

    no las escucharé;

pues tienen las manos llenas de sangre.

¡Lávense, límpiense!

   ¡Aparten de mi vista sus obras malvadas!

¡Dejen de hacer el mal!

¡Aprendan a hacer el bien!

¡Busquen la justicia y reprendan al opresor!

¡Aboguen por el huérfano

      y defiendan a la viuda!

Vegan, pongamos las cosas en claro,

    -- dice el Señor --.

                             Is 1:10-18

   Aún más fuertes son las palabras de Amós:

"Yo aborrezco sus fiestas religiosas;

no me agradan sus cultos solemnes.

Aunque me traigan holocaustos y

    ofrendas de cereal,

no los aceptaré,

ni prestaré atención a los sacrificios...[5]

Aleja de mi el bullicio de tus canciones;

no quiero oír la música de tus cítaras.

¡Pero que fluya el derecho como las aguas,

y la justicia como arroyo inagotable!

                                         Amós 5:21-25

 

   Son muy enfáticos en el mismo sentido Os 6:6; Miq 6:6-8, Jer 7:21-23 y 1 Sm 15:22. Todos estos pasajes insisten tajantemente en la práctica de la justicia, e insisten en que sin la justicia, toda la práctica religiosa no es otra cosa que una abominación ante Dios que le da asco. Si no hay justicia, Dios rechaza sus ofrendas (Am 4:4-5), abomina sus festividades y asambleas (Os 2:11; Am 8:10) y no escucha sus cánticos (Os 5:23-24; Am 8:10) ni sus oraciones (Is 1:15; 58:4). Sobre los ayunos dice el Señor:

Denúnciale a mi pueblo sus rebeldías...

Porque día tras día me buscan,

y desean conocer mis caminos,

como si fueran una nación que practicara la justicia...

Me piden decisiones justas y desean acercarse a mí,

y hasta me reclaman: ¿Para qué ayunamos,

    si no lo tomas en cuenta?...

Pero el día en que ustedes ayunan,

hacen negocios y explotan a sus obreros...

Si quieren que el cielo atienda sus ruegos,

¡ayunen, pero no como ahora lo hacen!

¿Acaso el ayuno que he escogido es sólo un día,

     para que el hombre se mortifique? ...

¿A eso llaman ustedes día de ayuno

     y el día aceptable al Señor?

El ayuno que he escogido,

¿no es más bien romper las cadenas de injusticia

y desatar las correas del yugo,

poner en libertad a los oprimidos

   y romper toda atadura?

¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con el hambriento

y dar refugio a los pobres sin techo,

vestir al desnudo,

y no dejar de lado a tus semejantes?

Si así procedes,

tu luz despuntará como la aurora,

y al instante llegará tu sanidad;

tu justicia te abrirá el camino,

   y la gloria del Señor te seguirá.

Llamarás, y el Señor responderá;

pedirás ayuda, y él dirá: "¡Aquí estoy!

                                         Is 58:1-9

 

   La perspectiva bíblica es evidente. La adoración a Dios debe ser en Espíritu y en verdad (Jn 4:24). Culto más justicia agrada a Dios. Culto sin justicia es abominación ante Dios. Mejor no adorar del todo, que adorar viviendo en pecado, corrupción e injusticia. "Sin santidad nadie verá a Dios" (Hb 12:14), por mucha "piadosidad" que exhiba. Culto sin justicia es la espiritualidad de los que repiten sin cesar, "Señor, Señor", pero en vez de hacer la voluntad del Padre que está en los cielos, son hacedores de maldad (Mt 7:21-23).[6]

   ¡Sí, es cierto! ¡El verdadero culto es peligroso! A veces sería mejor no acercarnos al templo, es decir, sin antes arrepentirnos de nuestros pecados e injusticias. Antes de ir al culto el próximo domingo, examínante ante Dios  -- deja que Dios te examine -- para estar seguro de que no existan nubes oscuras entre ti y Dios que te bloquean el acceso a su presencia.

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[1] También en Ez 10:4 "la casa fue llena de una nube"; en la visión de un futuro templo, "la gloria de Yahvé entró en la casa" y "la gloria de Yahvé llenó la casa" (Ez 43:4-5; 44:4; cf. Hch 2:2, "un viento...llenó toda la casa").

[2] Un aspecto del mensaje podría ser que el juicio divino no es sólo para "ellos" (gentiles, ateos, islámicos etc) sino es también para "nosotros". El juicio comienza por la casa de Dios (1 P 4:17).

[3] Exactamente lo mismo pasaba en tiempos del profeta Osías (7:8-10, "ni cuenta se da"), véase "¿Es posible ser idólatra sin darse cuenta?" bajo Apoc 13.

[4] Jesús cita el último versículo de este pasaje en Mat 21:13 y paralelos en su propia denuncia contra el abuso del templo.

[5] Hoy podríamos traducir "fiestas religiosas" por vigilias y retiros, y "sacrificios" por diezmos y ofrendas.

[6] Viene al caso también la exhortación de Mt 5:23-24: "Si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda".

Publicado en el blog de Juan Stam


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