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Whitney Houston

   

Su canto era casi de ángel. Whitney Houston murió joven y repentinamente. Como le puede pasar a más de uno, y no sólo por elementos que la sociedad acostumbra a juzgar como “reprobables” y dignas de “prohibición”. Whitney Houston murió a sus 48 años. La causa de su muerte no está del todo clara; se dice que fue una combinación de ansiolíticos y licor, claro, ante una fisiología precaria y psíquicamente frágil. Que se tomen en cuenta eso, quienes desde sus alturas todo lo juzgan.

6 Su vida y su muerte nos dan mensajes. Los artistas, los jóvenes ricos y famosos también mueren, y lo hacen en cualquier momento. Los ricos y famosos pueden tener una vida psíquica de una fortaleza muy quebradiza. Al tratar de levantarse de una dura condición vital uno, cualquier ser humano, puede venirse de bajón. La capa caída no es patrimonio exclusivo de algunos. Se puede tener una hermosa voz y estar incapacitado, limitado para elegir a quienes son tus amigos o para separarnos de ellos si lesionan nuestra propia dignidad humana. Esto nos recuerda que en nuestro tiempo actual la defensa y el conocimiento de la dignidad humana no es un tema muy difundido que se diga. No sin razón el siglo XXI es el heredero de esos dos monstruos anti-seres humanos que dividieron al planeta en sacos de fuerzas, sustos y amenazas. Orwell y Camus, Russell, Teresa de Calcuta y Juan Pablo II son altavoces que denunciaron la facilidad para subestimar y lesionar la chispa de la dignidad humana en los demás y en uno mismo.

            Consecuencia, no se debe aceptar como pecado, o egoísmo, defender la propia dignidad. Pecado sí es todo lo que no promueva la dignidad humana, la alegría y el justo desarrollo individual y colectivo. La voz de Whitney llevaba alegría y amor, y esa es una dignificación del otro y para el otro. Esa dignificación fue acogida en el disco sencillo de voz femenina de más ventas de toda la historia (Will Always Love You). Es paradójico, sí, que un lesionado en su dignidad lleve un mensaje de dignidad. Pero eso es bello también, los dignificados pueden también dignificar al dignificante. A eso se llama diálogo y convivencia, a eso se llama el efecto del amor. Ser cantante, como esta cantante, con sus canciones y sus películas, es sin duda más sano que ser político o pensador. Un cantante es un soldado menos, y... un político menos....

            Whitney Houston fue una increíble voz. Inspiraba amor y simpatía. Dejó en la película El guaradaespaldas un mensaje que muy pocos no entenderían. La civilización del amor es elocuente, diáfana, franca y sincera. La civilización del odio jamás podrá ser amada de esa misma manera en que hoy es llorada y soñada la joven de Newark (Nueva Jersey).

            Sin embargo, la enseñaza más fuerte es que la vida de los ricos y famosos, de los cantantes y de quienes viven en la farándula, es temiblemente traicionera. El medio en que ellos se mueven se compara a un zorro: pierde pelos, pero no mañas. Ese mundo te arroja por tus cualidades a la fama, te exige esfuerzos rotundos, extenuantes sacrificios que nadie mira. En tu dolor te refugias en lo que te anime y tranquilice. El vacío continúa. El ser humano no se puede llenar con eso. Tampoco con dinero y con la fama. Tampoco con sexo. Tampoco con drogas y autos y excentricidades. Tampoco con el poder político y el reconocimiento público masivo e ilimitado. La felicidad no está en nada de eso. Tal vez la felicidad empieza por agradecer estar donde estamos y valorar nuestra propia intimidad, y todas las cosas, en nuestra propia intimidad.

            El mundo del dinero es duro y frío. El mundo de la fama es camaleónico. Ambos te arrojan a una inevitable soledad. Vitoreados como artistas, abandonados como seres humanos. Autoreclusos en la enclaustrante soledad por defensa propia. Un mundo que te promete todo y te inflama en todo, incluso en los sentimientos de soledad, angustia, dolor y deseos de huir de este planeta. Un mundo que te hace morir joven y sin clara razón visible. El mundo de Elvis Presley, de Michael Jackson, de Susan Carpenter, de Sandro, incluso de Stefan Zweig, los Hemingway (padre e hija), los Onasis (padre e hija), y también de Dale Carneige y Og Mandino. El mundo que espero no acabe con otros (Britney Spears, Lady Gaga, Miley Cyrus, Selena Gómez, Demi Lobato, Demi Moore, Lindsay Lohan, Shakira, los reguetoneros). Mundo real y fantástico, mundo difícil y fácil, que alegra a los humanos y es deshumanizante. Mundo falto de cariño verdadero y de verdaderos abrazos, porque ahí todo lo que huele a amor también parece actuado...

     

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  Hernán Mora Calvo

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