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¿Serios serios o como niños?

   Si te preguntas quién eres y para qué naciste, si te preguntas qué harás o qué cosas harás de   aquí a un año o en el resto de tu vida, está bien que lo hagas, y no te debe ni inquietar ni   incomodar. Está bien que los seres humanos seamos administradores de nuestra vida y que   intentemos dirigir racionalmente nuestros días. En vista de nuestros sueños y en vista de lo que   hoy somos quisiéramos vivir diferente a hoy, ser más felices, sufrir menos, o saber sufrir si es   que nos toca hacerlo.

  Quisiéramos saber si la vida que nos toca será mejor o peor y pidiéramos al   Cielo un milagro que nos transforme o garantice que no tendremos sino el mejor de los mundos   posibles con las mejores de todas las oportunidades. Y puede ser que lo deseemos con tales ganas que ello se nos convierte ya no sólo en sueño sino en casi obsesión. Nos confundimos en nuestro sueño y eso, paradójicamente, contribuye mucho más a nuestro extravío y sinsabores. Tanto queremos ser felices que nos daña tanta sed de triunfo. Nos dañamos por desear tanto, nos dañamos de encontrar que los límites de la vida son tan reales como los dolores y como los momentos de goce que esta vida conlleva.

Y nos enfrascamos, a veces, en comparaciones, que Juan es muy feliz, que Berta es así y yo así, que todo un cosmos confabula contra mí... Y siempre la sed y siempre el deseo de que la sed desaparezca y sea sustituida por triunfo`, placer y gloria. En una ocasión un marchante le dijo a unos erráticos eruditos: -"Viviendo en lo que vivís, estaréis siempre con sed". ¿Qué quería decir? Primero acepta el visitante viajero que la sed va con el hombre y su existencia. Pero también como segundo dato que la puntería del ser humano si bien existe casi siempre está dirigida hacia una diana engañosa y equívoca, sino también esquiva. El problema no es dudar, ni sufrir, ni no gozar, el problema es no visualizar de otra forma las cosas. En otras palabras, el problema del ser humano es un problema de perspectiva, quiere decir, de punto de vista.

Resumiendo, ¿adónde queremos llegar?, ¿qué queremos hacer y qué podemos alcanzar?, ¿es dable en nuestra manera de ser y de actuar lo que deseamos?, ¿no dañamos a nadie e incluso a nosotros mismos? Es increíble el mal que nosotros mismos podemos autogestionarnos. Es increíble que nos convirtamos en los limitantes de nuestra vida viviendo una vida falsa y enemiga propiamente de la vida. Hay un principio que también mencionó aquel viajero: "Buscad la justicia... todo lo demás vendrá por sí mismo". La frase nos parecerá conocida, pero francamente creo que no se le ha tratado como debiera. En primer plano se reduce a lo que no es. Digamos lo que nos parece que es: es una invitación a nosotros... Las invitaciones se aceptan o rechazan... no se obligan. Veamos entonces si respondemos a la invitación, y veamos esto como una invitación. Como si la vida fuese una fiesta, un banquete, una experiencia de alguna forma relajante y no obligatoriamente formalista.

En otro plano es invitación para procurar la justicia. Justicia en orden es buscar el bien de todos y evitar el mal a todos, empezando por nosotros mismos y por los que tenemos más próximos. Como efecto de esto, creación de un mundo (sin nosotros saberlo y ni siquiera intuirlo del todo) mucho más feliz y llevadero, calmo y esperanzado. Y receta implícita: "no te preocupes de lo que vendrá de actuar de esa manera tan poco planificada y tan espontánea... que las consecuencias positivas serán tan felices y hermosas y tan sorprendentes...nada más espéralas". En otras palabras, la invitación es una promesa y un juego. Una invitación a ser feliz, a ser espontáneo, a esperar que el bien se multiplique por sí porque mana del bien sólo bien y siempre más y mejor bien.

Hemos dicho que es una invitación y un juego. Se nos invita a jugar. Te invito a jugar con el caminante. Es divertido. Y si nos figuramos que es un enviado de Dios, es más estimulante. ¿Por qué tanta rigidez y planificación en nuestra vida, por qué tanta seriedad y formalidad que, con mala suerte, sólo nos atrofia nuestra propia vida y la de los demás, como rebote social? En visitante dijo que sólo los niños pueden entender esto, que debemos actuar y ser como niños. Yo prefiero esto. Gusto de esto. A veces parezco tonto, de seguro, ante el mundo de la seriedad. Pero río y hago chistes y son míos míos y veo a los demás cambiando su habitual semblante por sonrisas o más bromas y pasamos un momento bonito. No tengo que ir a buscar un Casino, ni pensar en un Hotel cinco estrellas o en seducir a Paris Hilton o dejarme atrapar por Shakira o soñar con lograr tres millones de euros y un Ferrari del año para ser feliz. Mi móvil es un Nokia de finales del XX, una ladrillo dicen mis sobrinas, y algo digno de dejar perdido dice mi mejor amigo. Pero la amistad de ellos y de quienes trato, sea en este país o fuera de él, incluido por supuesto mi amiga vasca, son para mí lo mejor de lo mejor y es sencillo y hermoso y eso sólo se puede empezar a entender en un mundo de niños y no en el frío mundo de las agendas frías y de las vidas encarceladas en el pánico de morir sin haber abrazado a quien tienes al lado y de haber cometido la imprudencia de no ser un niño tan feliz y tan bailante en las manos de un amigo gigante que te sostiene y espera que tú rías y cantes también.

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  Hernán Mora Calvo

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