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La sociedad de lo provisional

   

  

Provisional es aquello que se establece como propio para un tiempo limitado, específico y por lo tanto no mantenido hasta las últimas consecuencias, con toda la entereza de un cuerpo a cuerpo, de una total donación y entrega, hasta dar la sangre y la vida. La provisionalidad, consecuentemente, no tiene un espíritu de sacrificio en atención a la permanencia o a la heroicidad y la plenitud del compromiso con uno y con los demás. Provisional significa, por eso, transitorio, interino, que hoy es y mañana no, que algo tiene un período de vigencia y que ese algo no es nada definitivo.

                Nuestra sociedad actual se caracteriza por su rapidez para hacer cosas, por su fragilidad para substituir unas cosas y personas por otras, por su alta capacidad para mutar de sus costumbres a otras costumbres que incluso ponen en riesgo la vida humana. Sociedad transitoria la nuestra, sociedad que mira las costumbres, las tradiciones, los valores morales, la vida según y desde el razonamiento como superables, relativas, incómodas y superfluas. Nuestra sociedad vive de la prontitud, en la prontitud y pese a la prontitud. Nuestra sociedad toma decisiones para períodos cortos, desde puntos de partida de “esto que se va a hacer no es definitivo”, “esto es hoy y mañana muy seguramente ya no será ni tiene porque serlo”.

                De esta manera, desde mediados del siglo XX, se ha venido tejiendo la vida humana de Occidente. Así se vive hoy, con prontitud y asumiendo que nada tiene razón de existir mucho tiempo, que “todo pasa y nada queda”, que todo es insignificante, superable y diluido, contingente y accidental, “des—apareci--ble” (sustituible, reciclable).

                Llevando esto a nuestra vida actual: “amores transformers” (hoy son una cosa y mañana una maraña de cosas y discrepancias); familias sólo nominales (padres y madres que se autosubstituyen con dinero, viajes, cosas y regalos); matrimonios de acuerdos y arreglos previos (de acuerdo con mis planes, de acuerdo con tus planes, en acuerdo para futuros desacuerdos); relaciones humanas fundadas en lo transitorio de los comportamientos de la Bolsa de Valores, de los incrementos en el grosor de las billeteras y de las agilidades de las tarjetas de crédito; fidelidades de novios y matrimonios por horas y por instantes, fidelidades de calentura, térmicas, intermitentes (de ahora sí, dentro de 5 horas o el miércoles por la tarde ya no, pero después tal vez sí, por dos días, pero después…). Sociedades que viven comportándose viendo todo como provisional, como si la vida fuera igual que ver TV en una cable de 125 canales las 24 horas del día y con programas diferentes cada hora en cada canal.

                Una sociedad que depende de lo provisional, una sociedad que depende provisionalmente de lo que depende, pero que siempre depende, o sea, que siempre vive como “usando”, como “consumiendo” y que luego “desecha” eso que consumió, sean cosas, animales, situaciones o personas. Una tal sociedad es dable que empeore, primero moralmente, luego en lo económico y luego en lo social. La sociedad de hoy sufre de NO esperanza, porque ha admitido la desfiguración de la esperanza y ha sostenido la permanencia aceptada de lo transitorio pues todo se entiende o asume como fatuo.

                La vida guiada por valores morales, por normas de una vida superior a una vida sólo instintiva o improvisada; la vida individual y social conducidas por la inspiración de modelos superiores de vida, pues el hombre no es una conciencia humana ante las cosas, sino que el ser humano es una vida con una conciencia humana frente a las cosas; por lo tanto, la vida y la conciencia pueden disponerse a mejorar lugares y condiciones humanas.

                Se puede vivir en la esperanza. Es necesario vivir en la esperanza. Un ser humano no puede aceptar el asesinato de la esperanza. Una sociedad que impide la esperanza o que mata la esperanza en la sociedad misma o en el individuo es una sociedad insana, enferma, asesina, perturbada psicológicamente, espiritualmente.

                La esperanza es posible. La esperanza afirma y sostiene que el hombre no es una cosa entre las cosas; el hombre, más bien, es la realidad que transforma desde sí mismo, y desde las asociaciones de sí con otros seres humanos, la realidad que lo rodea. La praxis social supone, por tanto, la posibilidad de la trascendencia de todo ser humano, quiere decir, ésta es garantía de todo verdadero progreso humano individual y social.


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  Hernán Mora Calvo

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