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Las diferencias


      Quiero invitar al lector a realizar un ejercicio. Es sencillo. Imagínese usted una rosa,   rosada, roja, blanca, naranja o amarilla. La rosa que imagine será bienvenida. Póngale,   por favor, olor, intensidad de olor. Coloque esa flor en un florero, en un adorno floral,   acompañada o no de otras rosas o flores, o si prefiere déjela en el rosal. Elija usted   como guste, que es su rosa.

         Acto seguido imagine una destinataria o un destinatario, por qué no. Debe ser toda una experiencia que una mujer regale una rosa a un hombre. Es una situación que   por convencionalmente excepcional hace más excepcional y digno de agradecimiento el   gesto. Imagine a esa rosa en una circunstancia particular y si usted quiere especial: un cumpleaños, un día de san Valentín, una festividad especial, un día de la madre o una visita al camposanto.

         Y luego de esto, si usted desea, fotografíela o guárdela como imagen casi eterna en la memoria de su teléfono móvil y si es más osado envíela por correo electrónico a sus amigos. ¿Cuántas cosas, no? Incluso más, si usted desea puede conservar algunos pétalos de tan hermosa y exclusiva rosa.

         Ahora y así con todo, puedo invitarlos al siguiente paso. Elabore una redacción o algunos criterios o pensamientos donde se señale la diferencia entre su rosa y su pensamiento. ¿Cuál o cuáles son las diferencias? Tómese su tiempo.

         ¿Qué diferencias hay entre su rosa y el pensamiento? ¿Las hay o no las hay? ¿Es su rosa un pensamiento o su rosa es como una criatura nacida de usted, y por ello es usted el padre o la madre de esa rosa? ¿Le debe usted algo a la rosa o la rosa se lo debe a usted?

         Pues nada. Este ejercicio puede que nos importe o no. Pero es un hecho real, algo que usted ha hecho o puede hacer. Hay ideas que nos mueven a vivir, que son nuestras, en ellas creemos firmemente, nos movemos en ellas y hasta por ellas. Una rosa o la justicia, una rosa o la lealtad, una rosa o una sociedad incorrupta, una rosa o el goce de salud bien establecido y posible, una rosa o una familia o una vida social o individual que se planifican para la felicidad, para vivir, para  hacer y tener una verdadera vida humana.


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  Hernán Mora Calvo

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