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   El valor de ser

  Suelen transcurrir los días y nosotros con ellos. Suelen transcurrir los meses y nosotros con   ellos. Sin embargo, uno que se va en los días es naturalmente más importante que todos los días   juntos. También podríamos decir que nosotros, no seríamos nada si no se nos fuese dado tener   día, hacer de los días y con los días nuestra propia creación.

  A lugar de esto decimos y pensamos, sentimos y queremos, nos enamoramos y dejamos de   amar según no haya ido en una relación o en un proyecto. Tenemos la posibilidad de emprender   o de desemprender. Todo esto junto constituye parte de la oportunidad de vivir.

  Las oportunidades de vivir se hacen encontradizas, muchas veces, conocemos a alguien por estar al frente de nuestro camino, por la dirección y el momento en que cruzamos una calle o tomamos un teléfono o nos ingresamos en un cine o un café. Si tuviésemos fe diríamos que se trata de un proyecto de la Providencia, y si fuésemos científicos que hay fuerzas siderales o magnéticas que nos llevan a vivir lo que vivimos. Sea como sea, es obvio que vivir es toda una experiencia, reservada en cuanto tal y como tal quizás sólo a los seres humanos, hombres y mujeres, sin importar su edad. Es decir, que sin ofensa de los animales y las plantas, no sabemos con seguridad plena que éstos piensen y vivan como nosotros, los del género y especie Homo sapiens, afirmamos y planeamos vivir. En efecto, nuestra vida es una construcción entre detalles y circunstancias que día a día se nos presentan como en potencial o real ofrecimiento. Es una hermosa experiencia cuando te encuentras con alguien, cuando dialogas con alguien, cuando puedes alzar tu cuchara para tomar tu sopa o puedes extender tu mano para tomar el azúcar y endulzar tu café. Son oportunidades de actuar, de ser, de vivir. En ciertas circunstancias los seres humanos no podemos hacer esas sencillas cosas, pues es posible que estemos sufriendo una limitación para hacerlas. Por eso se sigue que la vida es no sólo una oportunidad sino un don que hay que saber valorar y que, muy probablemente, debemos empezar a valorar con alegría y con inmenso agradecimiento.

Uno de los agradecimientos más sencillos es el aceptarnos los elegidos, tal vez por esa Providencia o por la Naturaleza, para que fuese ese espermatozoide que fecundó ese óvulo el que en un momento específico y no otro dio precisamente origen a este ser humano (hombre o mujer) y no a otro. Esto es un milagro. El primer milagro que nos acompaña y que nos constituye. Al vernos al espejo, en alguna ocasión de cualquier día, si te ves al espejo, piénsalo: nací yo, ese soy yo, abrázate, bésate. Y piensa, pues soy un milagro, algo tiene que haber en todo esto para que yo y no otro que yo haya venido a esa probabilidad milagrosa de estar viviendo. Eso significa que, definitivamente, tú vales mucho, que eres especial.


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  Hernán Mora Calvo

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