Con Acento Poét.

  Enfermería

  ERE

  Evangelismo

  Misión Urbana

T por una Sonrisa

  Visita a los asilos

  Álbum de Fotos

  Arqueología

  Artículos

  Entrevistas

  Forwards

  Locura General

  Reportajes

  Testimonios

  Enlaces

Inicio


   

Dios y los buenos…

 

  

  Hernán Mora



Uno de los pasajes más llamativos en la vida de Jesús es cuando se dedicó a hacer extensiva la participación del anuncio del Reino de Dios. Manifestó que vino por los enfermos y no por los sanos, por ejemplo; y fue curando enfermedades y dolencias, por ejemplo, entre un grupo de leprosos curó a uno que era samaritano; samaritano, quiere decir, alguien considerado como un pagano y un enemigo del judaísmo y de los judíos practicantes de la Ley y respetuosos de las tradiciones rabínicas.

En uno de esos momentos, y narrado por el evangelista Juan, se forma una borrasca popular, una confrontación más que personalizada. Un caso problemático para la ciencia médica de cualquier época: un ciego de nacimiento, sin mencionar la petición de sanidad por parte del ciego, recibe de Jesús el don del sentido de la vista. Previamente los discípulos de Jesús le habían preguntado a éste: “-Maestro, ¿qué pecados son la causa de que este hombre haya nacido ciego; sus pecados o los pecados de sus padres?” (Jn. 9. 2). Para los discípulos es claro, si ese hombre es ciego y, peor aún, ha nacido ciego es por causa del pecado, sea de él o de sus padres; ah… él mismo; ah…los pecadores padres. Y Jesús ciertamente responde. “-No es por culpa de él, tampoco es culpa de sus padres; más bien es para que las obras de Dios resplandezcan en él”; y agrega: “-Es de conveniencia que yo realice las obras de quien me ha enviado mientras es de día; pues viene la noche y en la noche nadie puede trabajar. Y mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo” (Jn 9. 3-4). Y apenas dijo estas palabras, dice Juan, efectuó la obra del Padre: manifestar en el ciego el amor divino por el ciego y la realidad de que el enviado por el Padre es la luz del mundo; luz que alumbra a todos; pues hay ciegos de múltiple variedad.

            Las acciones del Padre se derraman sobre los seres humanos; tanto sobre los buenos como sobre los malos; tanto sobre los creyentes como sobre los paganos, recuerda Jesús en el evangelio de Mateo (Mt. 5.45); y, el Padre envía al médico y el médico es para los enfermos y para los enfermos y en los enfermos se manifiesta la obra del Padre. El Padre, el padre de todos (buenos y malos), aprovecha una condición deplorable, tristísima humanamente y manifiesta la luz de la redención, de la libertad que concede el amor de Dios, sobre todo a los más lastimados. Y Jesús se acercó a esos que humanamente se suelen considerar lastimados, lisiados, desafortunados: los carentes de salud, los considerados malditos en muchos sentidos (leprosos, cambistas de dinero, secretarios y tesoreros inescrupulosos), los considerados asquerosos moralmente (ladrones, borrachos, prostitutas, soldados de paga). Convivió con ellos y entre ellos realizó la obra iluminadora y reveladora del amoroso Padre que busca y espera sobre todo a sus hijos descarriados. Jesús hace manifiesto que el Padre se acerca a los hombres y sobre todo a los corporal y espiritualmente más necesitados. Pero también es instante de sanidad del ciego revela que Jesús no es partidario del sentido común de algunos: si alguien es ciego es que es que es un pecador o lo son sus padres.

            Con mayor claridad y en otra ocasión Jesús reafirma rotundamente el concepto enunciado anteriormente: “¿Acaso pensáis que los galileos sacrificados y castigados en Galilea eran los más pecadores entre todos los galileos? Yo os aseguro que no; y si vosotros no hacéis penitencia, todos pereceréis de la misma manera. ¿Pensáis que los dieciocho hombres sobre los que cayó la torre de Siloé fueron los más culpables habitantes de toda Jerusalén? Yo os digo que no; y que si vosotros no hacéis penitencia, todos pereceréis igualmente” (Lc. 13. 2-5). Jesús arremete; no contra la gente, sí contra lo que representa lo que esa gente siente y considera. ¡Cambiad de pareceres, cambiad de actitudes!, aconseja Jesús. ¡Ved lo que hace el Padre! ¡Ved cómo se manifiesta la obra del Padre! ¡Ved lo que quiere decir la obra del Padre! Y aún así, parece que un sector de la humanidad no verá con claridad el amor de Dios y el pecado como realidad de todos y a Cristo como liberación de la gracia divina, de manera especial sobre los más necesitados y olvidados entre el mundo. Y claro, a este propósito explicativo, el discurso de Jesús se extendió y dio lugar a la imagen del Buen Pastor…“y el discurso de Jesús produjo una nueva división (J. 10. 19).

            Condenar a otro, menospreciar a otros por su estado, por su pobreza, por su enfermedad y guindarles del cuello y colocar sobre su cabeza el rótulo de “castigados por Dios” es apalear espiritualmente a los demás. Y es también un acto contrario a la caridad, entiéndase, contrario al amor que Jesús nos enseña que tiene el Padre para con todos; y también es desconocer que en las contrariedades de la vida es donde aparece la manera sobrenatural en que se manifiesta el amor del Padre. Pero también es una triste evidencia de una triste realidad: esas afirmaciones evidencian cuánto no se ha comprendido aquella voz correctiva y amorosa de Jesús cuando dijo: “¿Y por qué me llamas bueno? Nadie es bueno; sino sólo Dios” (Mc. 10. 18; y también Mt. 19.17 y Lc. 18. 19).

            La vida es indiscutiblemente dura. A veces más dura para unos que para otros y en ese sentido todos deberíamos colaborar en ayudar y hacer más llevaderas las cargas de los más débiles y cargados. Este escrito tiene un origen. Me encontraba en un café. Al lado mío una pareja hablaba tan fuerte que podía ser escuchada por las ¾ partes del salón. En un momento ella salió diciéndole a él que no podía “aguantar” más; salió y se fumó dos cigarrillos. Entró. El mesero se les acercó y ella le preguntó: “¿Entonces ese señor se murió de COVID? ¿Y lo entubaron? -¡Sí!, contestó el joven mesero, con un hito en su rostro. -¿Amor, lo ve?, eso quiere decir que Dios lo castigó. Dios castiga a los pecadores. Era un pecador!!!”

PD. si alguien desea saber el oficio a que se dedica esa pareja del café, para mí es muy triste decirlo y creo que se aprendería más si se sacan enseñanzas de leer 1 Ped 5. 1-4. Por ahí tendrán pistas.


    -Indice de artículos de Hernán Mora


    -Indice general de artículos


  Hernán Mora Calvo

© SentirCristiano.com

Quiénes somos      Contacto      Preguntas Frecuentes