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Amar a Dios

   


1.   Ama a Dios más que a todas las cosas y seres humanos.

  1. Si consultamos la Biblia, la Palabra Sagrada, en varias ocasiones este amor, que se señala arriba, aparece como el mayor compromiso del ser humano con Dios, esto es, como el mayor mandamiento, o, si se prefiere como parte del mandamiento primero.

  2. Si consultamos los escritos que nos quedan de los primeros cristianos y de los cristianos medievales, encontramos interrogantes planteados por creyentes y no creyentes a partir de este amor primario a Dios: ¿por qué amarle primero y antes que a nada y a nadie?¿Qué, necesita Dios de amor? ¿Es Dios acaso carente de cariño y sufre esa deficiencia y por eso lo reclama de sus criaturas?

  3. Amar a Dios es una acción, ¿pero qué tipo de acción? Sí, es una acción, pero es una acción que se entiende en tanto y desde acción amorosa, es decir, ante todo y sobre todo como todo amor. El amor es un acto voluntario, no impositivo ni coercitivo; se ama porque se siente querer amar; caso contrario, el amor ni nace ni se expresa. El amor a Dios significa tener la voluntad para amarle, el deseo y la entrega para frecuentarle, incluso para intimar con Dios y casi como para sentir ese intimar con Él como una respiración necesaria y vivificante para quien la practica. Por eso, amar a Dios sería una actividad cotidiana, mejor, una intimidad cotidiana.

  4. Amar es volar por el ser amado, recrearse en Él y esperar que cada encuentro sea mayor el tiempo que se le ve y se le comparte al objeto del amor.

  5. Amar es manifestación de una interioridad, de un ser íntimo, por eso muy pleno, hacia un ser que me place querer, a quien me mueve expresarle mi afinidad y a quien le quiero vivo, radiante y feliz, lleno de vitalidad y en progreso constante. El lío enorme es que estos sentimientos y deseos deben, según el mandato, dirigirse primero a Dios. Sí, primero y ante todo a Dios. Dios, Él y sólo Él debe ser el primer amor. Sólo Él y antes que nadie a Él se debe nuestro amor. Dicho con otras palabras: el amor a Dios tiene que preceder a todo otro amor posible y todo otro amor posible no puede ser substituyente de este amor, ni ser supresor de este amor, ni condicionar ni impedir este amor.

  6. Los primeros cristianos lo entendían muy bien: ¡Amar es morir por amor!, ¡amar es morir antes que dejar de amar al Amor! A quienes se atrevían a amar de esta manera, a quienes se atrevían a ser diferentes, a seguir fieles y amando a ese Amor antes que a nadie y a nada, se les llamaba testigos, mártires.

  7. Pedro y Juan dieron un día un testimonio de amor, fueron golpeados inmisericordemente cuando  curaron a un tullido de nacimiento por hacer lo que había dicho el Amor, por seguir lo que pedía el Amor, por cumplir con el Amor, por entregar la curación que ofrecía a los enfermos el Amor. Valientemente fueron consecuentes y así comprendieron que, para llevar el amor de Dios al tullido, debían ellos recibir las consecuencias de atreverse amar a Dios sobre todas las cosas. Las palabras de Pedro en ese momento son de valentía y son de amor, son de amor valiente: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”.

  8. Amar a Dios antes que a todo, antes que a nadie y antes que a nada.

  9. Amar a Dios antes, primero, y después todo lo demás. Todo lo demás, incluso yo mismo, incluso los demás...

  10. Y antes de empezar la labor del día, incluso antes de abrir los párpados al despertar, antes de iniciar cualquier faena diaria, antes de empezar un proyecto, una amistad, una actividad, antes de abrir la boca y de actuar, antes de mover tus pasos... antes que todo y antes que nada... debes amar a Dios.

  11. ¡Cuántos actos descabellados, cuántas acciones y medidas contraproducentes se hubieran evitado y jamás se hubieran realizado si el amor a Dios, antes que a todo, antes que a nadie y antes que a nada, hubiese dominado los desequilibrios de quien no quiso amar primero a Dios.

  12. ¿Y por dónde va el amor a Dios? El amor a Dios va por el espíritu, por la vida interior de cada quien. Cabría esperar que a mayor vida espiritual en cada quien la sociedad marchara mucho mejor. El deterioro social puede sugerir una desnutrida y deslucida vida espiritual, esto es, muy poco desarrollo amor a Dios. Debemos pedir a Dios que aumente en otros y en nosotros el amor por Él. Deberíamos pedirle que nuestro amor por Él aumente tanto y sea tan notorio y contagioso que todos en el planeta quieran vivir con igual o mayor intensidad ese amor y sus manifestaciones. Amar a Dios también es un acto misionero, un acto evangelizador, un acto de testigo, un acto comunicativo del amor.

  13. ¿Por qué amarle a Él primero que a todo, primero que a nada, primero que a nadie? Él nos formó, nos dio la vida, nos guía cada día con mano prodigiosa, qué es sino el funcionamiento preciso de cada cÉlula del cuerpo, de cada proceso fisiológico, químico, anatómico, hormonal que anima nuestros cuerpos? Su amor se manifiesta como un deseo cotidiano de Él hacia nosotros que nos dice quiero que hoy estés vivo. Aunado a ello, hay otras cosas maravillosas: la Providencia que vela por nosotros “porque valemos más que pajarillos”. Si Él tanto ama, y si hizo y hace todo eso, ¿por qué no le amaré primero que a todo, primero que a nada, primero que a nadie y primero que a mí?

  14. ¿Cómo no le amaré primero que a todo, que a nada, que a nadie y que a mí mismo si siempre me ha sido fiel? ¿Por qué, por qué, por qué, que alguien me diga por qué he de ser grosero e ingrato con el Amor?



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  Hernán Mora Calvo

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