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Aforismos: La fe y la oración

   

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  “El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra” (Sal. 120, 2). Subrayar esta     frase en nuestra Biblia, con doble línea en rojo y con rotulador naranja. Y sobre todo no   dejarla de mencionar cada día al levantarse, al salir de casa, al ir al trabajo, al estar en el     trabajo, al terminar el trabajo, al regresar a casa, al acostarse y empezar a dormir. Y por supuesto, hacer de esa frase una oración activa todos los días y todas las noches.

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Fe, esto es, la confianza sincera que le brindamos a Dios en nuestra vida y sobre todo desde el interior de nuestra vida misma, desde ese “nuestro cuarto”, en esa “nuestra morada”. Desde ahí, solos con Él,   para que desde ahí fluya la oración, esa oración que puede nacer del agradecimiento sincero y espontáneo a Dios o que puede nacer casi urgida desde las situaciones apremiantes de la vida humana. Fe como confianza total y espontánea en el Padre Dios que nos escucha desde nuestro interior. Confianza, porque nadie escucha y actúa como Él.

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 Si consideramos que Dios es nuestro auxilio, entonces percatémonos bien lo que estamos entendiendo: Dios es nuestro auxilio, pero este auxilio que es Dios, no es cualquier auxilio. Nuestro auxilio es el Dios que hizo el cielo y la tierra. No es imaginable un auxilio superior. Creámosle al mismo Dios, un poquito, un poquito. “Si vuestra fe fuese tan sólo como del tamaño de un grano de mostaza..”.

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¿Qué es la fe? Así, lanzada la pregunta parece pregunta de examen de finales de curso académico. Incluso un cristiano practicante puede trastabillar la respuesta. ¿Qué es la fe? La fe es un recurso de confianza que se deposita en Dios y que se expresa como seguridad en su intervención. La fe se muestra en la oración persistente, por estar llena de confianza. La oración persistente, desde el corazón mismo, sensibiliza el ser interior de Dios. Dios no dejará sin respuesta a un corazón sincero y recto que le ora.  Si le oras a Dios, ten fe, esto es, acepta que Él te escucha y que dará su respuesta.

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La fe y la respuesta de Dios. A veces no leemos bien su respuesta. A veces no entendemos bien su respuesta. Lo que suele experimentarse como silencio de Dios, como “Dios no nos oye”, es ya una respuesta. Para leer y entender estos silencios aparentes de Dios, hace falta tener fe. Un poquito de fe, fe del tamaño de un granito de mostaza…

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Daniel oró a Dios. Y creyó que Dios no le había escuchado. Y volvió a orar y seguramente repitió y volvió a repetir. El texto bíblico dice que Dios dijo a Daniel algo así como: “Daniel, desde el primer momento que oraste, te escuché; ten calma, ya te oí”. Por lo tanto, tener fe es hacer el intento, desde nuestra conciencia totalmente sincera, de hablarle a Dios con amor y respeto y total generosidad. Y el paso siguiente es esperar, esperar. La fe espera, porque siendo Dios amor no puede dejar de responder a la voz generosa de quien le ama y así se ha dirigido a Él. La fe sin duda es espera.  La fe espera en Él, porque Él es fiel y siendo Amor no se puede contradecir a sí mismo.

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¿Qué es la fe? La fe es esa confianza de que Dios nos está escuchando y que ya sabe lo que le vamos a decir o le vamos a pedir.  ¿Y si ya lo sabe, entonces para qué oramos y nos retiramos a “nuestro aposento o morada interior”? Porque  “al hablar con El” (orar) lo hacemos con el deseo de comunicarle nuestra confianza plena en El, sabiendo que sólo El puede darnos el mejor resultado. Le hablamos con toda confianza, porque con toda confianza también comprendemos y sabemos que sólo Él puede darnos la mejor respuesta posible.

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Fe y oración. Fe y amor. Las tres cosas corren paralelas cuando la oración nace de un corazón sincero. La fe busca a Dios por amor y con amor, descansándose, entregándose del todo en los oídos y los brazos del Amor. Y este amor luego espera confiadamente en la respuesta de su Amor.

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La fe y la oración es abandonarse confiadamente en las manos providenciales de Dios, quien es nuestro Creador, nuestro Padre y nuestra providencia y el amor mismo. Dios es amor; a Dios le amamos sobre todas las cosas. En la fe asociada a la oración el amor humano ama al Amor y tal amor se expresa en la confianza que habla y en la confianza que sabe que Él escucha, por tanto, en la confianza también que consiste en esperar, en esperar en Él.

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La fe es abandono en sus brazos providentes.  En efecto, le oramos dejándonos abandonar desde nuestra confianza en El, en su corazón que sabemos nos escucha y que creemos (confiamos amorosa y generosamente) sabrá diseñar para nosotros pautas iluminadoras para vivir mejor, para la satisfacción verdadera de nuestra vida, incluidas nuestra realidad individual y social, nuestro cuerpo y nuestra alma. La fe está en “hablarle” y luego en esperar su respuesta confiadamente. La fe es precisamente reconocer que sólo El puede auxiliarnos, porque sin El no podemos hacer nada. La fe también es agradacerle porque sólo Él pudo tomarse la molestia de dar con plena certeza la mejor respuesta de todas las posibles.

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¿Qué es la fe? Es esperar ser oídos por el Creador de todas las cosas. La fe es percatarse de que es absurdo que Aquel en quien hemos depositado nuestra fe, y con ello nuestra vida, venga a darnos un mal programa presente y futuro de vida. La fe dice que si hemos orado con sincero corazón hemos llegado al corazón de Dios y que un corazón sincero no lo rechaza Dios y que Dios escucha las palabras de quienes le aman con sincero corazón. Por ello, la oración llena de fe tiene un efecto, el efecto de dos amores que se encuentran mutuamente. El efecto se ilustra en la Escritura: ante la fe podría trasplantarse (real o figurativamente) un monte al mar; o podría devolvérsele a un enfermo la salud o a un agonizante la vida (real o figurativamente). No son frases casuales. Son textos bíblicos. Memorandum: repasar los evangelios y la epístola de Santiago.

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Paisaje épico. Paisaje de la fe y la oración. Paisaje de lucha. Los amalecitas atacan a los israelitas y éstos a aquellos. Dos peleas. Los amalecitas y los israelitas en el valle; Moisés en el monte. Los amalecitas e israelitas matándose entre sí. Mientras Moisés oraba, ganaba Israel; cuando las manos suplicantes de Moisés caían rendidas vencían los amalecitas. La fe da la victoria. Pero ejercer la fe no es esperar que la victoria venga toda de Dios; mientras se sea capaz de buscar a Dios, de luchar por los bienes de Dios y su justicia, habrá victoria. La fe no es ausencia de esfuerzos y no se logra con abandonarse al antojo o la molicie. La fe es una actividad de espera en Dios. La fe es una actitud porque la fe es la confianza en Dios.

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La fe se alimenta si crees que Dios te ama. No lo digo yo. Lo dijo él mismo: con sus palabras, con sus milagros, con sus gestos, con su nacimiento inexplicable a la mente de todo ser racional, con su nacimiento inexplicable en contra de toda posible lógica científica y médica hasta hoy; nos lo dijo de la forma más contundente muriendo en la cruz simplemente por amor, cuando pudo evitarla, cuando pudo exigir a su Padre otra forma de expiación y dijo que mejor no, porque su alimento era hacer la voluntad del Padre;  y cuando pudo desclavarse de la cruz y no lo hizo; y cuando resucitando  venció a la muerte, salario de pecadores y venciendo a la muerte dio la vida inmortal a todos los que en Él crean.

14
La fe en Dios se alimenta si crees que Dios te ama. La fe en Dios… no temas, tu Padre Dios bueno no te dejará porque vales más que los pajarillos y las aves del campo, y ellas siempre comen y siempre lucen bien. Dios te ama y no te dejará. Nada más confía en Él.

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La fe en Dios… es la confianza en Dios. Confiar en Dios es demasiado bueno. ¿En quién mejor que Dios para confiar? Es Dios y tu su hijo o su hija. Dios, infinitamente amoroso y sabio sabe de qué tienes necesidad y de qué no, qué te sirve y qué te molesta. Confía en Él, en su amor. Eso es tener fe.


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  Hernán Mora Calvo

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