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ZONAS OSCURAS

Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. Salmo 51:17. 

 

En el interior de cada persona creyente hay áreas oscuras. Lo malo es acostumbrarse a ellas, como algo natural. Porque más tarde o más temprano nos llevarán a caer. El salmo 51 expresa los sentimientos de David después de que cometiera graves pecados. En su juventud fue un joven valeroso que amaba y confiaba en el Señor con todo su corazón. Pasó años huyendo de Saúl, con muchos momentos de peligro. Pero en un momento dado se acostumbró a su posición como rey, y abusó de su autoridad, con terribles resultados.

Debemos prestar atención a nuestras vidas, porque es fácil deslizarse. Cuando te acomodas a un mal hábito, se convierte en una piedra que te hace tropezar. Como David, podemos irnos deslizando poco a poco, casi sin darnos cuenta. Hasta que un día te encuentras en un pantano de aguas estancadas. En el mejor de los casos, te das cuenta cuando ya tus piernas se mueven entre aguas pestilentes. En el peor, te conviertes en una persona religiosa. En alguien que va a los cultos, que lee la Biblia, pero que con sus hechos dice lo contrario. Algo muy malo no sólo para quien lo hace, sino para quienes están a su alrededor, como ocurrió con David.

Pero el Señor no abandona a su suerte a quien algún día estuvo con Él. Avisa, reprende si es necesario, hasta conseguir que despertemos. Para David, que había cometido graves pecados, fue un momento muy duro y amargo. Pero supo reaccionar, y salir del pozo pestilente en el que había caído. David reconocía que el Señor había estado con él hasta entonces, su obra en él. Pero hubo de clamar para ser limpio. Pidió un corazón limpio un espíritu recto. No podía cambiar lo que había hecho, pero se humilló ante el Señor, se rindió a su voluntad, y encontró perdón.

Podemos, como David, haber caído en lo más bajo, haber hecho cosas que lamentemos amargamente, que no es posible borrar. Pero aunque nos toque sufrir las consecuencias de nuestros errores, Dios nunca niega su perdón a quien acude a Él con un corazón arrepentido. Clamemos, pues, al Señor, y pidámosle que nos ayude en nuestras zonas oscuras. Siempre habrá luchas en nuestras vidas. Pero roguemos para que nos dé la victoria, y nos dé fuerzas para no dejarnos llevar por la costumbre, o cualquier cosa que nos aparte de Él.

 

Mª Auxiliadora Pacheco



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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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