Con Acento Poét.

  Enfermería

  ERE

  Evangelismo

  Misión Urbana

T por una Sonrisa

  Visita a los asilos

  Misión Israel

  Álbum de Fotos

  Arqueología

  Artículos

  Entrevistas

  Forwards

  Locura General

  Reportajes

  Testimonios

  Enlaces

Inicio



YO TE AYUDO

Porque yo Jehová soy tu Dios,
quien te sostiene de tu mano derecha
y te dice: “No temas, yo te ayudo”.

 ¡No temas, gusanito de Jacob;
vosotros, los poquitos de Israel!
Yo soy tu socorro,
dice Jehová;
el Santo de Israel es tu Redentor.

He aquí que yo te he puesto por trillo,
por trillo nuevo, lleno de dientes;
trillarás montes y los molerás,
y collados reducirás a tamo.

Los aventarás y se los llevará el viento;
los esparcirá el torbellino;
pero tú te regocijarás en Jehová,
te gloriarás en el Santo de Israel.

Isaías 41:13-16. 

 

En este pasaje el Señor nos habla de quien es Él para nosotros. Nos dice que no temamos. Él no está solamente al alcance de nosotros, de nuestra llamada. Él está a nuestro lado, y no sólo presente de una forma pasiva, sino cogiendo nuestra mano. Podemos estar en momentos de debilidad, vernos como poca cosa, pero su presencia está con nosotros acompañándonos, y sosteniéndonos cuando nuestras fuerzas fallan. Él no dejará caer a ninguna persona de su pueblo que confíe en Él y le pida ayuda. Sus caminos no son los nuestros, a veces no comprendemos nuestras circunstancias. Pero Dios promete firmemente estar con nosotros pase lo que pase. Esta certeza nos debe ayudar a echar fuera los miedos, a aumentar nuestra confianza en el Señor.

A veces nos vemos tan débiles y pequeños como un gusanito. También hay personas dañinas, que buscan nuestro mal o el del pueblo de Dios, que nos ven como gusanos, como poca cosa, o que por ser pocos nos menosprecian. Ante esto, el Señor dice que es nuestro socorro, nuestro redentor. En el hebreo, redentor es goel. Esta palabra se refiere al pariente más cercano, que tiene derecho a hacerse responsable de cualquier necesidad o desgracia que haya podido caer sobre su pariente. Así que en este texto el Señor toma este papel. Somos parte de su familia, Él es nuestro Padre, y promete tomar a su cargo nuestra causa, nuestra necesidad. No hay nadie mayor ni mejor que Él para ayudarnos. Y si aquí nos llama gusanitos, es porque comparados con Él somos muy poca cosa, criaturas a las que manejar con ternura. No somos víboras, de la familia del Diablo. Somos de la familia de Dios y objeto de su amor.

Para mostrar la fortaleza y la ayuda que nos va a dar en nuestra pequeñez, la Palabra usa ejemplos sacados del cultivo del trigo. Una vez que se ha recogido el trigo de los campos, quedan los manojos de espigas unidas al tallo y las hojas secas. Hay que llevar a cabo varios pasos para separar el trigo de la paja. El primer paso que se daba era cortar la paja y abrir las espigas dejando los granos sueltos. Para ello, se iban tendiendo las espigas con su tallo en un lugar reservado para este propósito. Y se les pasaba por encima un instrumento llamado trillo arrastrado por animales de labranza. El trillo era básicamente un tablero grueso, que en la parte inferior posee esquirlas de piedra (lascas), o sierras metálicas. Para poder hacer bien su trabajo, debía estar en buenas condiciones, y bien provisto de dientes. En ese tiempo, cuando el pueblo de Dios se veía tan débil y pequeño, Dios promete hacerles tan fuertes como un trillo nuevo. A veces pasamos por momentos de debilidad, puede que las cosas no vayan bien, nos podemos sentir desafilados e inútiles como un trillo viejo. Pero si ponemos nuestra confianza en Dios, si clamamos a Él, promete volver a restaurar nuestras fuerzas. Volver a darnos la capacidad de hacer aquellas cosas para las que nos ha llamado.

Siguiendo con el ejemplo de la cosecha del trigo, le dice a su pueblo que molerá los montes y se los llevará el viento. Esto se refiere al segundo paso necesario para limpiar de paja el trigo. Una vez que había pasado por el trillo, la mezcla resultante debía ser aventada, echada al aire. El viento se llevaba la paja y los granos de trigo caían y podían ser después recogidos. Pero aquí habla de montes y collados que serían molidos y aventados como la paja. El enemigo pone obstáculos en nuestro camino, a veces las circunstancias parecen insuperables. Pero cuando estamos en la voluntad de Dios y andamos en sus caminos, llega un momento en que esos montes son derribados. Puede haber tiempos de prueba, pero nada ni nadie se puede oponer a la voluntad de Dios. Podemos pasar por un desierto, pero todo desierto tiene su fin.

Después de la prueba, viene la victoria, y tras ella la alabanza. Cuando se cumple aquello por lo que hemos estado esperando, cuando salimos de la sequedad, hay alegría en nuestros corazones. Confiemos en el Señor en medio de nuestras pruebas y debilidades, que si andamos en su voluntad, llegará el momento del gozo y la alabanza.

 

Mª Auxiliadora Pacheco


    -Indice de artículos de Mª Auxiliadora

    -Página facebook de Auxiliadora

    -Indice general de artículos


© sentirCristiano.com

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

Quiénes somos      Contacto      Preguntas Frecuentes