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RESPETAR LO PRIVADO

Los seres humanos somos personas sociales. En las iglesias sanas, se busca la comunión unos con otros. Se hacen actividades para estar juntos, y disfrutar de la compañía mutua. Jesús nos animó a amarnos unos a otros. En los Hechos se describe la vida de los primeros creyentes, y como vivían unidos y en comunión.

El Nuevo Testamento no describe una iglesia perfecta, porque la Escritura es realista, y describe tanto las luces como las sombras. Esta es una de las pruebas que demuestran que lo que contiene es verdadero, porque si solamente se hablara de lo bueno y lo bonito ocurrirían dos cosas. Por un lado, podría ser tachada con justicia de no decir la verdad. Por otro lado, su lectura podría llevar al desánimo a las personas creyentes, al entender que no debe existir nada que no sea enteramente bello ni perfecto.

Pero ahí está la Palabra, donde fuera del Hijo de Dios no existe nadie intachable, ninguna persona a la que no se le pueda hacer un reproche. Esto es un gran consuelo para los creyentes, porque viendo que las personas más destacadas en la Escritura tuvieron debilidades y errores, algunos de una gran envergadura, pueden tomar ánimo y seguir al Señor a pesar de verse rodeadas de debilidades. Es más, el Señor promete ayudarnos con nuestras propias debilidades (2ª de Corintios 12:9).

Por desgracia, hay algunas personas que en vez de tomar ejemplo del Señor, se convierten en censores de las vidas ajenas. Se creen en el derecho de andar juzgando y condenando a los demás por nimiedades. Se entremeten en asuntos familiares o personales sin que nadie les haya dado permiso, para juzgar según su propio criterio. Algunas tienen incluso una lista de las faltas de otros creyentes más larga que el censo del país. Yo le llamo a estas cosas hacer daño y meter cizaña.

Es muy delicado meterse a hurgar en un campo donde no se ha dado permiso para entrar. Cuando se ve a alguien en problemas o necesidad, y se desea ayudar, se le puede aconsejar con respeto, respetando los límites que ponga la persona. Pero yo hablo de andar entremetiéndose donde no se debe (1ª de Timoteo 5:13). Este texto de Timoteo habla de viudas, pero es extensivo a todas las personas, y de ambos sexos. Y yo he conocido a más de un varón que si se mordiera la lengua, se envenenaba. Siguiendo con respetar la privacidad, otro mal que veo en quienes no la respetan, y hacen las cosas que comento, es que además no son así con todas las personas de la iglesia. Los defectos y problemas de algunas personas son dignos de juicio y condena, cuanto más severos mejor. Pero los de otras, aunque sean mayores, se disculpan y se les echa una manta encima para que no se vean. Y a unas personas se las juzga por nimiedades o cosas en las que no hay por qué meterse, y a otras se les perdona todo.

No, no está bien andar por la vida de esa forma, menos todavía siendo creyentes. No nos convirtamos en censores de las vidas ajenas. Y por muy cercanas que nos parezcan ciertas personas, eso no nos da derecho a meternos donde no nos llaman. Busquemos más bien lo que contribuya a la paz y al amor, en lugar de lo que divide y hace daño. Porque defectos los tenemos todos. Tú también que lees esto.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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