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MIL GRULLAS DE PAPEL

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

 

Sadako pliega con la facilidad que da la práctica, un papel de regalo. Ha hecho tantas figuras que muchas veces tiene que utilizar cualquier papel para su trabajo. Con manos hábiles realiza una grulla de papel según el arte conocido como origami. Sonríe. Ya le falta poco para conseguir su objetivo. Su compañera de habitación le contó la leyenda que dice que a quien pliegue mil grullas de papel se le concederá cualquier deseo. También le enseñó como hacerlas. Sadako se puso manos a la obra, y apenas da descanso a sus dedos. Cuando se le acabó el pal que se utiliza normalmente en los trabajos de origami, se dedicó a recolectar cualquier tipo de papel que pudieran darle. No solamente papel de regalo, incluso envoltorios de medicinas. Su amiga Chizuko también le lleva papel de la escuela. Cualquier papel apto para el plegado es bueno para hacer las grullas. Su voluntad lucha contra la enfermedad que la carcome.

Una enfermedad que tuvo su origen en la locura y la maldad humana. El gobierno de Japón emprendió una guerra cruel e insensata. Los gobernantes de Estados Unidos decidieron que la mejor forma de acabar con la guerra era probar su última y más letal arma en dos ciudades de Japón. Un día de horror, cuando Sadako contaba tan solo dos años, salió disparada por la ventana de la casa de Hiroshima donde vivía. Su madre fue tras ella, esperando recoger su cuerpo inanimado. Pero aparentemente estaba bien. Salió corriendo con Sadako en brazos y una lluvia negra cayó sobre la ciudad, como una última imagen de muerte. Sadako y sus padres sobrevivieron sin daños aparentes. Creció, fue a la escuela, como una niña más. Pero a los once años su cuerpo empezó a dar muestras de que algo no marchaba bien. Recién cumplidos los doce, se le diagnosticó leucemia. En ese tiempo, muchas otras personas fueron diagnosticadas de leucemia en Hiroshima.

Sadako trabajaba incansablemente. El día que consiguió su objetivo, primero sonrió, y luego volvió a contar las grullas. Era verdad, ya tenía sus mil grullas. Pidió recuperar su salud. Y después, volvió a elaborar una grulla tras otra, con un nuevo objetivo. Pediría que no hubieran más guerras.

No le dio tiempo a hacer otras mil grullas por la paz. Pero muchos niños le tomaron el relevo, y empezaron a elaborar grullas para pedir paz. Siguen llegando grullas a la casa de Sadako, en homenaje a su memoria. Y en muchas escuelas los niños hacen tapices de grullas multicolores pidiendo por la paz.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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