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LA TONTA

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

 

Hace unos días, sin saber por qué, me vino un recuerdo de mi adolescencia. Me dirigía al salón de la parroquia acompañada de un varón de mi familia. Había un grupo de adolescentes sentados a un lado de la calle por donde teníamos que pasar. Eran los tiempos en los que no había móvil, no tenían con quien chatear y si se aburrían, tenían que buscarse una forma de divertirse, aunque no fuera precisamente la más adecuada. Al llegar a su altura, uno de ellos, queriendo hacerse el gracioso, le preguntó a mi acompañante:

 

-¿Esta es tu tonta?

 

Él le respondió diciendo nuestro parentesco y ahí quedó la cosa. Pensarán que solamente eran un grupo de gamberretes, pero había más detrás, mucho más. En ese tiempo, la chica que salía con un varón no era la novia o la amiga, era la tonta de fulanito o menganito. El menosprecio hacia la mujer estaba completamente normalizado.

Cuando una mujer entraba sola a la taberna La Campana, los varones tenían derecho a meterse con ella sin consecuencias. No tenía derecho a poder entrar a tomarse lo que le apeteciera sin compañía, como hacían muchos de los varones que frecuentaban el establecimiento.

Eso es lo que éramos, seres que únicamente tenían la cabeza para peinarse el pelo, sin capacidades intelectuales, ni tampoco las de decidir libremente con quien estar. Solamente unas tontas a las que embaucar para distraerse y satisfacer los bajos instintos. Seres sin libertad de movimientos, con muchos sitios vedados o inseguros por el simple hecho de ser mujeres.

Ha pasado el tiempo, pero todavía quedan muchos varones de esa malsana escuela, para los que solamente somos buenas para la cama y la casa. Y se les ríen las gracias, sus chistes y comentarios machistas, que denigran a la mujer. Lo que importa es divertirse, que más da que se esté menospreciando a la mitad de la humanidad. Que más da que por llevarles la corriente se crean en el derecho de tratarnos como les venga en gana, como si fuéramos un objeto de su posesión. Con cuatro gracietas o cuatro palabras para adular se tapan montones de basura, lo sé de primera mano, y por muchas cosas.

En las iglesias evangélicas, que deberían de ser un lugar de refugio y respeto, se consiente que bastantes de estos “señores” campen a sus anchas. Y además de lo dicho anteriormente, muchos de ellos se creen más sabios que Salomón e interpretan la Biblia a su antojo para menospreciarnos. Como ya he dicho en otros escritos, Jesús nunca menospreció a las mujeres, sino todo lo contrario. Y en el Antiguo Testamento está escrito que tanto el varón como la mujer fueron hechos a imagen de Dios (Génesis 1:27), se dictaron leyes para protegerlas, y se elogió a las mujeres sabias que enseñaban el temor de Dios, e intervinieron en momentos decisivos de la historia de Israel.

Y los de la nueva escuela están aprendiendo que solamente somos objetos de placer. Que debemos satisfacer todas sus demandas. Que pueden hacernos lo que ellos quieran, lo deseemos o no, y si es con un grupo de gorilas con móvil, mejor que mejor. (Mis disculpas para los gorilas, animales que tienen un gran respeto a las hembras). Y volvemos a estar inseguras y tener que estar tomando toda clase de precauciones. Porque nos quieren convertir de nuevo en las tontas.

Neguémonos a ser las tontas, aquéllas con las que se puede hacer lo que les venga en gana. Y vosotros, varones, si habéis visto lo que hizo el Maestro de maestros, seguid su ejemplo. Y echemos fuera de las iglesias de una vez por todas el menosprecio hacia la mujer, que ya es hora.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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