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LA PERLA PRECIOSA – MI VERSIÓN

También el reino de los cielos es semejante a un comerciante que busca buenas perlas, y al hallar una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía y la compró. Mateo 13:45-46.

Hace unos días una amiga, sabiendo que hago fotos de flores, me avisó de que había visto una orquídea mariposa en el Parque Periurbano La Virreina. Me envió dos fotos, y en efecto, era una orquídea silvestre de mi zona. La orquídea mariposa, Anacamtis papilionacea, con flores rosa muy llamativas. Yo ignoraba que esa joya botánica estuviera en el parque, a pesar de haber estado haciendo fotos allí anteriormente. Estuve buscando en el lugar donde me indicó, pero no la encontré. Llegué a volver, para asegurarme de buscar a fondo. Vi muchas flores, entre ellas varias que no conocía, por no haber estado anteriormente en esas fechas. Como podréis imaginar, hice muchas fotos, y disfruté del esplendor de la primavera. Le comenté que si había una, tendría que haber otra, confiando en que algún día podría encontrarme con esa maravilla.

Poco después, otras dos personas me comentaron que en el parque hay no una, sino varias especies de orquídeas. Solamente tenía que adentrarme un poco más. Como ya he dicho, no lo sabía, por lo que me quedé completamente asombrada, y deseando volver a ir en su busca. Mucho más, al advertirme que les queda poco tiempo de floración, porque en la costa el calor llega pronto.

En mi ciudad se encuentran unas joyas botánicas, y yo lo ignoraba. Creía que esas flores solamente se daban en lugares apartados de la provincia, en donde indica una guía de orquídeas que descargué hace algún tiempo. Puede que incluso llegara a pasar al lado de ellas en algún momento, y se me pasaran por alto. Cuando he ido en su busca, los primeros intentos han sido fallidos. Así que seguiré buscando cuando el tiempo cambiante de la primavera lo permita.

De la misma forma que yo ahora, muchas veces las personas nos afanamos en conseguir algo que nos agrada, que apreciamos. Vagamos por senderos, por quebradas, por malezas y bosques, en busca de nuestro tesoro particular. Si tenemos la fortuna de encontrarlo, nos alegramos.

En la palabra del encabezado, cito las palabras de Jesús cuando ponía ejemplos sobre el reino de Dios. El reino de Dios es conocer a Dios, poder escuchar sus palabras, ver como su gracia actúa transformando vidas. Y no es algo que haya que estar buscando batiendo la maleza, afanándose por no dejar sin examinar ningún palmo de terreno, sin saber si se va a poder encontrar. Jesús ya abrió el camino al Padre. Basta con creer en Él sinceramente para poder entrar a su reino, para que empiece a obrar en tu vida. Es la perla de gran precio, el tesoro por el que vale la pena darlo todo.

 

Mª Auxiliadora Pacheco


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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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