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EL PRIMER ESCALÓN

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

 

Lo que sigue forma parte de un escrito donde recojo historias que me contaba mi madre.

“La violencia de género y la lucha de sexos no estaban ausentes del pueblo. Hubo una mujer que perdió un meñique huyendo del marido, porque se le quedó enganchado en la baranda de la escalera de su casa.

En ese ambiente, no es raro que ocurriera un suceso que refería mi madre. Cuando una joven iba a casarse, fue aleccionada por su madre, diciéndole algo así como:

-No dejes a tu marido que suba el primer escalón, sé tú quien lo subas, porque quien lo suba será quien mande.

No sabían que el novio estaba cerca enterándose de todo. La noche de bodas, conforme a las costumbres de la época, la pasaron en casa de los padres de la joven. Al poco de retirarse a su alcoba los recién casados, la joven dio un grito:

-¡Ay!

La madre acudió de inmediato a averiguar que sucedía. El marido respondió:

-Que su hija ha querido subir el primer escalón y se ha caído.

Tardé mucho tiempo en comprender el significado de lo que contaba mi madre. Al parecer, la joven había empezado a intentar dar instrucciones a su marido o reclamarle algo, cuando éste le propinó un bofetón. En esos tiempos no había argumentos ni diálogo, solamente pisar o ser pisado. Y en el caso de los hombres, el único argumento que conocían la mayoría cuando se sentían contrariados, eran los golpes.

Hay hombres que siguen en la misma línea. Otros muchos, porque no golpean físicamente, se sienten buenos esposos y parejas, cuando están humillando y maltratando con sus hechos y palabras. Por algo dice Proverbios 12:18: Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada. Todavía falta mucho para que triunfen la igualdad y el diálogo.” Fragmento de El burrito de mi abuelo.

Esto sucedía en un pueblo de la Andalucía rural durante el primer tercio del siglo XX. Han pasado los años y seguimos igual. Muchas mujeres continúan siendo asesinadas por hombres que se creen dueños de la vida y la persona de las mujeres. Otros, que no se atreven a tanto, insultan y humillan a las mujeres en su entorno más cercano, los centros de estudio y los lugares de trabajo. Hace poco escuché un caso de un centro de estudio más propio de otra época. Una conocida se estaba preparando para obtener la titulación necesaria para estudiar igualdad de género. Un día en el que se preguntó a la clase acerca de los estudios que querían seguir, ella dijo que igualdad de género con toda naturalidad. A partir de entonces fue acosada y humillada en clase por un varón a los que otros les reían sus supuestas gracias, sin que el docente hiciera nada. Después de sufrir varios meses de acoso acabó hablando con el director, pero ya cuando estaba a punto de terminar el curso. Hasta ese momento, nadie hizo nada, al contrario, como he dicho, le reían las gracias al machista acosador. Por ahí se empieza la violencia contra las mujeres. No quiero pensar cuál sera la vida de su pareja, si la tiene. Yo todavía oígo muchas risas a cosas que como mínimo se merecen un tirón de orejas. Mientras no cambiemos esa mentalidad, las mujeres continuaremos sufriendo violencia.

 

Mª Auxiliadora Pacheco

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