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Sodoma y el poder del helenismo

Renato Lings


La revista Renovación publicó en enero de 2017 una versión castellana de un ensayo escrito originalmente en inglés por Daniel Helminiak (DH), psicólogo y sacerdote católico. “Sodomía: la mítica invención de un pecado” tiene otra versión española recogida en el libro de Helminiak titulado: Lo que la Biblia dice realmente de la homosexualidad (Egales 2003).

El enfoque adoptado por el Dr. Helminiak para analizar el bíblico relato de Sodoma y Gomorra es interesante desde varios puntos de vista. En primer lugar, resume de forma sintética los criterios comúnmente expresados por los estudiosos de nuestra época sobre esta leyenda del Génesis. En segundo lugar, demuestra cómo el cristianismo desde sus orígenes se nutre en gran medida de las corrientes filosóficas y religiosas que conformaron la cultura helenística.

A continuación comentaré aquellas observaciones de DH que más me han llamado la atención. Las citas de la obra del académico, en algunos casos ligeramente modificada, figuran en letra cursiva.

CITAS Y COMENTARIOS.
La historia de Sodoma es quizá el pasaje de la Biblia más famoso que toca el tema de la homosexualidad, o que por lo menos se dice que toca el tema.

Como veremos más adelante, es importante la salvedad añadida: que por lo menos se dice que toca el tema.

Esta historia se encuentra en el libro del Génesis, capítulo 19, versículos 1 al 11.

Tradicionalmente los comentaristas cristianos se han limitado a estudiar estos escasos versículos al abordar la historia de Sodoma. Evidentemente DH sigue el camino de la tradición establecida. Sin embargo, el citado pasaje no forma sino un elemento del relato propiamente dicho, que es bastante más extenso y más complejo. En realidad la narración comienza con el primer versículo del capítulo 18 del Génesis y termina con el versículo 38 del capítulo 19. Tengo dos hijas que todavía son vírgenes. En el texto hebreo del Génesis (19,8) no figura la palabra “vírgenes”. Según la redacción original, Lot afirma que tiene “dos hijas que no han conocido marido”. Este lenguaje revela que las chicas son jóvenes que aún no alcanzan la edad casadera y por eso viven en casa de su padre.

Para que ustedes hagan con ellas lo que quieran. Una traducción literal de esta declaración de Lot sería distinta: “Haced con ellas como lo bueno en vuestros ojos”. El sentido del texto hebreo parece ser: “Tratadlas bien”.

¡Quítate del medio!

Se trata de una traducción errónea que enturbia el enlace de esta escena. El significado literal de la palabra hebrea guesh es “¡Acércate!” Este dato nos permite ver que los sodomitas no ordenan a Lot que se aparte sino que pretenden llevárselo detenido como castigo por su desobediencia.

El pecado de Sodoma se interpretó como actos homosexuales masculinos. De ese modo, supuestamente Dios condenó y castigó a los ciudadanos de Sodoma, los sodomitas, por actividad homosexual.

Esta interpretación surge por vez primera en el siglo I de la era común en las obras de Filón de Alejandría. Este filósofo judío escribía en griego y leía el Génesis en la versión griega conocida bajo el nombre de Septuaginta o Biblia de los Setenta. (Véase mi artículo publicado en Renovación núm. 38, octubre de 2016, p. 73).

Ciertamente hay una clara referencia sexual en la historia.

DH se ajusta plenamente a la tradición cristiana al atribuir a los vecinos de Sodoma una motivación sexual para su manera de actuar. Sin embargo, los profetas hebreos (Isaías, Jeremías, Ezequiel) no interpretan así la historia sino que ven en Sodoma una grave injusticia social donde el que sufre abusos es el pobre y marginado. En el caso concreto, el agraviado es Lot, extranjero pobre residente de Sodoma. La interpretación sexual, compartida por DH, surge por vez primera en las obras de Filón de Alejandría y encuentra una amplia aceptación entre los padres de la iglesia. Durante la Edad Media este enfoque se afianza haciéndose omnipresente en la teología cristiana. Aún hoy, en el siglo XXI, la visión sexualizada del texto continúa ocupando un lugar de preponderancia entre los comentaristas a pesar de no tener una sólida base lingüística.

 El verbo “conocer” aparece unas 943 veces en el Testamento Hebreo (Antiguo Testamento). En diez casos, incluido este texto, la palabra tiene una connotación sexual. DH se equivoca al hablar de “connotación sexual”, ya que “conocer” no actúa en el ámbito de lo erótico. El hebreo clásico recurre a otros verbos inequívocos para indicar las relaciones sexuales (“entrar a” y “acostarse con”). En cambio, “conocer” denota en determinados casos un antiguo uso jurídico o judicial. En el relato de Sodoma, el Dios de Israel piensa sobre Abraham (18,19): “Lo he conocido”. Aquí el verbo significa: “Lo he reconocido” o “con él he formado mi alianza”. En 18,21 la divinidad se expresa sobre la situación que reina en Sodoma: “Que la conozca”, con lo cual quiere decir: “la voy a investigar”. En el mismo sentido los sodomitas declaran en 19,5 sobre los visitantes hospedados en casa de Lot: “Que los conozcamos”, o sea, “queremos investigarlos”. Las hijas de Lot, que aún no han “conocido” marido (19,8), todavía no están casadas formalmente. En 19,33 y 19,35 ambas muchachas utilizan a su propio padre como donante de semen sin que él lo “conozca”. El narrador da a entender que Lot no es responsable desde el punto de vista jurídico de lo sucedido ya que las dos jóvenes concibieron y ejecutaron solas el coito incestuoso para quedar embarazadas.  

En el Testamento Cristiano (Nuevo Testamento) el ángel dice a María que ella será la madre de Jesús. María se pregunta: “¿Cómo puede suceder si yo no he conocido hombre?” (Lucas 1,34).

En determinados contextos bíblicos “conocer” se refiere a alianzas y matrimonios. En este último cuadro se inscribe la declaración de María en Lucas 1. En la literatura griega, la palabra “hombre” significa “esposo” cuando se relaciona con la vida de una mujer. Dicho de otro modo, María pregunta: “¿Cómo puede suceder eso si no tengo marido?”.

Lot ofrece a sus hijas como objetos sexuales a los hombres que se amontonaban en su puerta. Resulta impresionante pensar que Lot hubiera ofrecido sus hijas a los sodomitas.

Este es un buen ejemplo de cuán diferente era la cultura de Lot con respecto a la nuestra. En aquel tiempo el padre de la casa poseía a las mujeres en propiedad. Él era libre de hacer con ellas casi cualquier cosa que quisiera.

Refiriéndose a la antigua cultura hebrea, DH tiene razón al observar que el cabeza de familia era dueño absoluto de su mujer y de sus hijos e hijas. La ley le permitía vender a un hijo suyo como esclavo. En el drama de Sodoma, Lot se siente presionado por la multitud agolpada frente a su puerta y se da cuenta de la necesidad de hacer algo drástico.

Con muy poco margen de maniobra, está en su derecho a la hora de ofrecer a las autoridades de Sodoma a sus dos hijas menores como prendas o rehenes en señal de buena voluntad. De esta manera espera conseguir permiso para llevar a cabo sus deberes de anfitrión, que para él son sagrados, durante la permanencia en su casa de los dos visitantes.

En todo caso, este texto se refiere al abuso, no simplemente al sexo. Lo que está en cuestión en el texto es el abuso de un hombre hacia otro hombre, no simplemente el sexo de un hombre con otro hombre.

Como ya hemos señalado, este razonamiento de DH se basa en gran medida en la tradición iniciada por Filón de Alejandría, recogida por los padres de la iglesia y reforzada por la teología medieval. Es impertinente cualquier referencia al sexo.

En las muchas referencias bíblicas al pecado no hay preocupación alguna acerca de la homosexualidad, pero sí hay preocupación acerca de la dureza de corazón y del abuso.
Las originales interpretaciones proféticas hebreas del pecado de Sodoma, que constan en los libros de Isaías, Jeremías y Ezequiel, se refieren a estos temas: idolatría, arrogancia, corrupción, abusos de poder y violencia.

Forzar el sexo entre hombres era una manera de humillar. Durante la guerra, por ejemplo, además de violar a las mujeres y sacrificar a los niños, los vencedores a menudo “sodomizaban” a los soldados vencidos. La idea era insultar a los hombres al tratarlos como mujeres.

El narrador del Génesis no habla de sexo sino en el episodio final donde se produce el incesto entre padre e hijas. Además, no hay ningún indicio de que los visitantes recién instalados en casa de Lot sean “soldados vencidos” ni prisioneros de guerra. Han entrado libremente y de manera pacífica por la puerta de la ciudad.

¿Entonces cuál era el pecado de Sodoma? Abuso y ofensa contra extranjeros, insulto al viajero e inhospitalidad hacia el necesitado. Este es el meollo de la historia entendida en su propio contexto histórico.

Hablando de “falta de hospitalidad”, DH y la tradición cristiana se apartan de la narración original, desviando la atención hacia los dos enviados divinos. Sin embargo, según el Génesis y los profetas hebreos, el que sufre insulto, abuso y agresión es Lot, residente extranjero de Sodoma (19,9). La falta de hospitalidad para con los viajeros, tema secundario que está presente en el texto de manera implícita, no se comenta hasta la época helenística, periodo en que se convierte en el pecado primario.

En campo desértico, donde descansa Sodoma, quedarse afuera expuesto al frío de la noche podría ser fatal. Así pues, una regla cardinal para la sociedad de Lot era ofrecer hospitalidad a los viajeros. La misma regla era una parte tradicional en las culturas semita y arábica.

He aquí un error de interpretación muy difundido que se debe corregir. Geográficamente Sodoma no se ubica en ningún terreno desértico. El narrador del Génesis deja claro en 13,10 que Sodoma está en la vega del Jordán, tierra fértil y de regadío, comparable al jardín del Edén.

Incluso Jesús hace referencia a Sodoma y el tema es el rechazo a los mensajeros de Dios. Al instruir a sus doce apóstoles, les instruyó: “Cualquier pueblo al que entren, entérense de quién es valioso, y quédense ahí... Si no son bienvenidos, sacúdanse el polvo de sus pies al dejar ese pueblo. En verdad les digo, que el día del juicio será más tolerable para Sodoma y Gomorra que para ese pueblo” (Mateo 10:5-15). ¿Cuál es la referencia en este incidente del Evangelio? Hay una clara referencia al rechazo de los mensajeros de Dios. El paralelo entre el evangelio y Sodoma es el corazón cerrado que rechaza al extranjero.

Lo cierto es que la época helenística, marco cultural e histórico en que se redactan los cuatro evangelios, es innovadora al dar prioridad al tema de la hospitalidad a la hora de comentar el drama de Sodoma y Gomorra.

Usar este texto para condenar la homosexualidad es equivocado. Ésa es la conclusión que sigue de una lectura crítica de la historia de Sodoma.

Esta observación es muy certera. El narrador del relato del Génesis jamás pensó en las personas lesbianas, gay, bisexuales y transgénero como culpables de la destrucción de las ciudades ubicadas en la llanura del Jordán. No obstante, durante largos siglos los teólogos cristianos dejaron a un lado los testimonios proféticos, prefiriendo utilizar como base de su análisis el criterio sexualizado aportado en la época helenística por Filón de Alejandría. Se trata de una tergiversación histórica y literaria de graves consecuencias para la iglesia cristiana, consecuencias de las que aún hoy, en el siglo XXI, tarda en arrepentirse.

En resumen, la tradición cristiana en materia de Sodoma se ha inspirado plenamente en las corrientes literarias surgidas en el periodo helenístico. Desde los primeros momentos, el helenismo ejerce una poderosa influencia sobre la conformación del pensamiento cristiano. Como lo demuestran las obras de Daniel Helminiak y de numerosos otros comentaristas, el helenismo sigue presente en el mundo teológico y bíblico de nuestros días. Evidentemente los teólogos se sienten a gusto en el universo helenístico, cuya óptica sobre Sodoma en la forma de “falta de hospitalidad” debe caracterizarse como tardía. Al mismo tiempo, tal vez se intuya que a la teología cristiana le incomodan las tajantes denuncias de los profetas hebreos, para quienes Sodoma es sinónimo de “injusticia social”.

 

Publicado en Revista Renovación:


sentircristiano.com


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