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La inerrancia bíblica

Emilio Lospitao


La literatura evangélica en general está asentada sobre el concepto de la “inerrancia” bíblica. Los defensores de este concepto afirman que esta “inerrancia” es una consecuencia de la “inspiración” divina de la que fueron objeto las personas que escribieron los libros sagrados. Esta “inspiración” e “inerrancia” da como resultado la conocida “infalibilidad” de la Biblia. Es decir, que cada palabra, cada frase, cada dato histórico de la Biblia ha pasado por la mente, la voluntad y la supervisión de Dios mismo, que lo ha “inspirado”.[1] Obviamente, creer que esto es así, entra en el ámbito privado de las creencias religiosas. Incluso los argumentos con los cuales se quiere defender dicha “inerrancia”, “inspiración” e “infalibilidad” no dejan de ser eso: afirmaciones desde la fe dogmática.

Qué duda cabe que los libros que forman la Biblia tienen una gran riqueza cultural por su diversidad de géneros literarios: narrativo, legendario, épico, mítico…, y por la información antropológica que ofrecen sus relatos. Esto no elude el valor religioso que la Biblia tiene para la comunidad que la recibe como “revelación”. Sin embargo –precisamente por esta rica variedad literaria–, su lectura e interpretación requiere de una hermenéutica interdisciplinar que tenga en cuenta la cultura, las instituciones sociales, políticas y religiosas, de la época de sus autores.

Especialmente desde el siglo XVIII los eruditos “cayeron en la cuenta” de esta realidad y fueron incorporando disciplinas como la lingüística, la antropología social, etc. para realizar una exégesis más coherente con la realidad histórica de la Escritura. No obstante de esta lógica, cierto sector del cristianismo (fundamentalista) sigue empeñado en leer e interpretar los textos bíblicos de manera literal, al margen de los presupuestos más elementales de la hermenéutica. Por supuesto habrá muchos textos que habrá que leerlos e interpretarlos literalmente, pero de otros habrá que tener mucho cuidado.

Pues bien, fundamentado en esa supuesta “inerrancia”, “inspiración” e “infalibilidad” de la Biblia, hace cuatro años, en marzo de 2013, Emilio Monjo Bellido[2] firmaba un artículo en Protestante Digital con el título “Fe y cosmología” en el que afirmaba que todo lo escrito en los libros de la Biblia “además de ser palabra de salvación, es información”.[3] Información científica, se entiende. La tesis del Dr Monjo es que el Sol gira alrededor de la Tierra. En la defensa de este geocentrismo no está solo, le acompañan dos matemáticos, Juan Carlos Gorostizaga y Milenko Bernadic, autores del libro “Sin embargo no se mueve”.[4] Recientemente, otro autor, Will Graham, publicaba en el mismo medio un artículo, como corolario de lo anterior, titulado “Por qué creo en la inerrancia bíblica”.[5] Aunque este último habla de cosas distintas, existe un común denominador entre ellos: la “inerrancia” de la Biblia.

El presente “caer en la cuenta” no tiene el propósito de refutar exhaustivamente los artículos y el libro citados, pero sí exponer algunas observaciones que tienen que ver con la “inerrancia” de la exposición de Graham, y con el “geocentrismo” de Monjo y los autores de “Sin embargo no se mueve”. Dejo cinco pinceladas sobre el tema de fondo: a) La cosmología; b) El canon del Nuevo Testamento; c) La “inspiración” de la Escritura; d) La Crítica Textual; y e) El Jesús de los Evangelios y algunas imágenes de Dios “bíblicas”. Lo que puede dar de sí un artículo de esta naturaleza.

1. SOBRE LA COSMOLOGÍA

Ciertamente la cosmovisión y el lenguaje de la Biblia es geocéntrico (por eso el Dr Monjo se siente seguro citando la Biblia para afirmar que el Sol gira alrededor de la Tierra). Basta leer Josué 10:12-13 para cerciorarnos de que es así. Esta es la percepción que tenían –y tenemos– los terrícolas respecto al Sol y la Tierra. Por la mañana vemos que el sol sale por el oriente y al final de la tarde se oculta por el occidente; conclusión: el Sol gira alrededor de nuestro planeta, que, además, es sentido inmóvil (cuando vamos leyendo en el AVE tampoco percibimos que vayamos a casi 300 k/h).

La cosmovisión general de las antiguas civilizaciones consideraba que la Tierra era el centro del Universo ¡que consistía en el sistema solar! Así lo creían Platón, Aristóteles y otros. Esa era la creencia hasta el siglo XVI. Una de las disciplinas de la ciencia moderna, que nos ha aportado muchos conocimientos, es la Astronomía. Empezó con Nicolás Copérnico en el siglo XV (con la hipótesis del heliocentrismo) y continuó con Galileo Galilei un siglo después (confirmando dicha hipótesis); a estos le siguieron Johannes Kepler (con las leyes del movimiento planetario) e Isaac Newton (con la ley de la gravitación universal), que sentaron las bases para la Física, la Astrofísica y la Astronomía modernas. El sistema heliocéntrico logró por fin explicar el movimiento retrógrado que se observa en algunos planetas (Júpiter, por ejemplo) como consecuencia de que todos los planetas, incluida la Tierra, giran alrededor del Sol. Sobre la rotación de la Tierra sobre sí misma, simplemente citar a Jean Bernard León Foucault, que demostró dicho movimiento mediante el ingenioso péndulo (El Péndulo de Foucault). El consenso en la comunidad científica es absoluto respecto a los movimientos de la Tierra. Estos movimientos explican las estaciones del año y la observación de las diferentes constelaciones del cielo, por ejemplo. Este consenso científico es absoluto, salvo para algunos autores que van por libre, entre los cuales se encuentran los defensores del geocentrismo, de la Tierra plana y otras teorías parecidas.

El cálculo de las coordenadas que requieren las expediciones aeroespaciales de naves no tripuladas para el acercamiento y el estudio de los planetas del sistema solar se basan en los principios del sistema heliocéntrico, cálculos que serían muy diferentes en el caso de que la Tierra estuviera quieta en el centro del sistema solar y fueran los otros planetas –junto con el Sol– los que giraran alrededor de ella. Dudar del sistema heliocéntrico a estas alturas es el disparate más grande que se puede esperar de personas medianamente cultas. Lo cual significa que el adoctrinamiento y el fanatismo religioso no encuentra límites. Negar hoy el sistema heliocéntrico solo es posible bien por causa de una profunda ignorancia, o bien por causa del fanatismo religioso; sobre todo cuando dicha negación procede de personas intelectualmente cultas, a veces incluso muy cultas, como ocurre con los autores de “Sin embargo no se mueve”.

Un pequeño dato escolar

Tanto si es el Sol el que gira alrededor de la Tierra como si es esta la que gira alrededor del Sol, la elíptica que tienen que recorrer mide unos 930 millones de km, por cuanto el radio medio de dicha elíptica es el mismo, 150 millones de km, la distancia que separa la Tierra del Sol (se obvia que es una elíptica teórica teniendo como focos el centro del Sol o de la Tierra respectivamente). Estos datos son aproximaciones pero válidos para el objetivo que persigue.

Según el sistema heliocéntrico, la Tierra recorre durante un año los 930 millones de km que tiene la elíptica. Esto significa que la Tierra se desplaza a 107 mil km/h para cubrir dicho espacio además de rotar sobre su propio eje, cuya rotación produce el día y la noche.

Según el sistema geocéntrico, primero, la Tierra está estática, no gira sobre su eje (según defienden los geocentristas), por ello la noche y el día resulta de la vuelta que da el Sol alrededor de la Tierra cada 24 horas. Esto significa que para cubrir la distancia de dicha elíptica (930 millones de km) el Sol debe desplazarse a una velocidad de 38.750.000 km/h. Si la velocidad de la Tierra ya nos produce vértigo, ¿qué diremos de la velocidad del Sol?

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Fi. 1

La cosmovisión de la Biblia, ciertamente, es geocéntrica, pero sus autores estaban en un profundo error. No fueron “inspirados”. Qué le vamos a hacer.

2. SOBRE LA HISTORIA DEL CANON DEL NUEVO TESTAMENTO

En el artículo sobre la “inerrancia” de la Biblia, Will Graham comienza con el aserto de que “Dios es veraz”. ¡Por supuesto! Es lo que se espera que sea Dios aunque la Biblia no lo dijera. Pero respecto a que la Biblia testifica sobre sí misma que es “inerrante” me parece caer en el viejo y típico sofisma de todas la religiones del Libro: “La Escritura es inspirada por Dios porque lo dice la Escritura”. El Papa es “infalible” porque lo dice el dogma de la infalibilidad del Papa, que lo promulgó un Papa. Por ello, no podía faltar en este punto citar 2Timoteo 3:16 (“toda la Escritura es inspirada por Dios…”)[6] además de cualquier declaración de algún otro escritor neotestamentario sobre la “inspiración” de la Escritura (hebrea).

Ahora bien, ¿a qué Escritura se refería el autor de 2Timoteo 3:16? Obviamente, se refería a la Escritura hebrea y desde el concepto (sagrado) que tenían de ella. El autor de 2Timoteo 3:16 no podía referirse a los escritos del Nuevo Testamento (NT) porque esta parte de la Biblia cristiana aún no estaba formada ni reconocida como tal.

A este respecto, hay que decir lo que sigue:

a)
Hasta mediado del siglo II d.C. no tenemos un núcleo de lo que sería después el NT, que consistía en solo 20 libros: 4 Evangelios, 13 cartas de Pablo, Hechos, 1ª de Pedro y 1ª de Juan.

b) Entre mediados del siglo II hasta el siglo V, cuando el canon se cierra, hubo cuatro listas pre-canónicas atribuidas a Clemente de Alejandría (150-215), a Orígenes (185-254), a Hipólito de Roma (+235), y a Eusebio de Cesarea (+340).

c) Clemente omitía Santiago, 3ª de Juan y 2ª de Pedro. Orígenes reconocía la Didajé, el Pastor de Hermas y la Carta de Bernabé. Eusebio reconocía (esta era una asunción generalizada) una lista de libros “discutidos”, es decir, puestos en duda: Santiago, Judas, 2ª de Pedro, 1ª, 2ª y 3ª de Juan y Apocalipsis. Eusebio, además, reconocía que Hechos de Pablo, El Pastor de Hermas, Apocalipsis de Pedro, la Carta de Bernabé y la Didajé, eran leídas públicamente en las iglesias apostólicas.

d) La Carta de Bernabé, 1ª Carta de Clemente, el Pastor de Hermas y la Didajé estuvieron próximo a entrar en el canon definitivo –Concilio de Calcedonia, 451–. (Julio Trebolle, La Biblia judía y la Biblia cristiana, Trotta).

Debido a esta historia de la formación del canon, que se cierra en el siglo V, ¿cómo creer que el autor de 2Timoteo 3:16 estuviera pensando en los escritos del Nuevo Testamento que forma nuestra Biblia?

3. SOBRE LA HISTORIA DE LA “INSPIRACIÓN” DE LA ESCRITURA

El término “inspirado” que usan algunos autores neotestamentarios para referirse a la Escritura hebrea, independientemente de la semántica, y a la luz de la historia, se debe entender no como algo ontológico, sino sapiencial. Este término procede del mundo griego través del filósofo judío Filón y los Padres de la Iglesia (André Paul, “La inspiración y el canon de la Escritura” – CB 49. Verbo Divino). El fundamentalismo cristiano está en deuda con el filósofo judío Filón de Alejandría (25 a.C – 50 d.C.) respecto a la “inspiración” de la Biblia. En efecto, Filón declaraba que “…el profeta no publica absolutamente nada de su cosecha, sino que es intérprete de otro personaje, que le inspira todas las palabras que pronuncia, en el mismo momento en que la inspiración lo capta y él pierde la conciencia de sí mismo, ante el hecho de que su razón emigra y abandona la ciudadela de su alma, mientras que el Espíritu divino la visita y pone en ella su residencia, haciendo resonar y mover desde dentro toda la instrumentación vocal para manifestar claramente lo que predice” (Las leyes especificas, IV, 48-49, en “Inspiración y el canon de la Escritura”, Cuaderno Bíblico nº 49, p.27- André Paul, Verbo Divino). El filósofo judío incluso otorgaba el don de la “inspiración” a los traductores de la LXX del hebreo al griego.

Este concepto de la “inspiración” se mantuvo durante toda la Edad Media. Fue en el Concilio Vaticano II cuando se “cae en la cuenta” de que esa “inspiración” debe tener un sentido más generalista. Desde este Concilio las ciencias bíblicas han tenido en cuenta las disciplinas que conforman la hermenéutica, distanciándose del literalismo bíblico. No obstante, en el siglo XIX, como una reacción de defensa ante el deísmo de la Ilustración, unos fieles cristianos norteamericanos establecieron 5 Fundamentos para salvar la “infalibilidad” y la “inerrancia” de la Biblia (de ahí el término “fundamentalismo”). Un representante directo de este fundamentalismo es el grupo llamado de la Tierra Joven, que postula por una creación según el libro de Génesis, en seis días de 24 horas, hace seis mil años.(!) Salvo este sector cristiano fundamentalista, el cristianismo abierto a una hermenéutica interdisciplinar asume, por un lado, los géneros literarios de la Escritura, y, por otro, la información que ofrecen las diferentes disciplinas científicas sobre la naturaleza y el cosmos como condicionantes de la exégesis y la interpretación de los textos de la Biblia. Es decir, independientemente de lo que dice la Biblia, debe prevalecer lo que empíricamente constata la naturaleza, que hoy la ciencia puede falsar.

4. SOBRE LA CRÍTICA TEXTUAL

El canon del Nuevo Testamento que ha llegado hasta nosotros tuvo que andar un largo camino con no pocas dificultades. La primera dificultad –pero no la única– consistió en los criterios por los cuales debían de aceptar o rechazar los diversos y múltiples escritos de las listas pre-canónicas. Por este motivo durante varios siglos mantuvieron una lista de escritos en suspenso (citados más arriba). Ya hemos visto que la aceptación –o el rechazo– de algunos libros no fue unánime durante los primeros siglos del cristianismo. Algunos que fueron leídos como libros “inspirados” en las iglesias, fueron después sacados del canon definitivo. Y al contrario, otros considerados dudosos durante siglos, al final los aceptaron en el canon. Esta selección, aceptando ahora y excluyendo después, no tuvo nada que ver con ninguna “inspiración”, sino con poderes fácticos de la iglesia ya institucionalizada y, a veces, por motivos más políticos que religiosos.

Por otro lado, la expansión del cristianismo en los primeros siglos, traspasando fronteras físicas, culturales y lingüísticas, obligó a traducir los escritos cristianos del griego originario a las lenguas de los pueblos a donde la Escritura llegaba. Pero los textos originales se perdieron para siempre: ya no existen, son irrecuperables. Estas traducciones dieron origen a múltiples Versiones que necesitaban consecuentemente ser copiadas una y otra vez. Muchas de estas Versiones se perdieron o quedaron olvidadas en las bibliotecas durante siglos. Algunas de estas Versiones en forma de Códices, o porciones deterioradas, han ido saliendo a la luz gracias a la pala del arqueólogo o al ratón de biblioteca en la Edad Moderna. La cuestión es que al día de hoy contamos con más de cinco mil (5000) manuscritos entre Versiones, Códices, porciones, de todas las familias y de todas las épocas.

Los especialistas afirman que cotejando esos miles de manuscritos se hallan más de 250 mil variantes. Apenas hay dos versículos iguales. De estas variantes unas 300 son importantes, aun cuando no afecta a la doctrina cristiana (Julio Trebolle, “La Biblia judía y la Biblia cristiana”, Trotta). En cualquier caso, recomponer desde este material un Nuevo Testamento Crítico en griego exige desechar aquellos textos que tienen menos fiabilidad según la época, la familia de textos a la que pertenece, etc. O sea, estos eruditos tienen que optar por la variante que consideran más cercana al texto original (¡que no tienen!).

Recomponer un Nuevo Testamento Crítico a partir de tan ingente cantidad de manuscritos se considera uno de los logros modernos de la historia de la Escritura (por ejemplo el “Textus Receptus”)[7]. De este Nuevo Testamento Griego Crítico (o de otras recensiones de autores diferentes) se traducen las muchas y distintas Versiones de la Biblia actuales. La Crítica Textual, cuando escoge una variante determinada para incorporarla al “Nuevo Testamento Crítico”, se pregunta: ¿cuál de ellas es la más próxima a la original? ¡Porque no sabemos cuál de ellas es la más auténtica!

“Con la aplicación al estudio de la Biblia de las distintas ramas del saber se abrieron nuevas posibilidades de comprender la palabra bíblica en su sentido original. Dios, para comunicarse con los seres humanos, hace uso de la palabra y esta palabra está enraizada en la vida de los grupos humanos, pues es la palabra la que permite que los seres humanos podamos entendernos. Las ciencias humanas como la lingüística, narratología, semiótica, antropología, sociología, paleografía, arqueología, psicología, historia, literatura comparada, etc. pueden contribuir a una mejor comprensión de algunos aspectos de los textos.” (“Las ciencias bíblicas”, sociedadbiblica.org). A la luz de todo esto, ¿tenemos que concluir que también los traductores son “inerrantes”?

5. SOBRE JESÚS Y ALGUNAS IMÁGENES DE DIOS EN LA BIBLIA

Cuando leemos críticamente los relatos evangélicos nos da la impresión de que Jesús no creía en la “inerrancia” de la Escritura (al menos con el sentido moderno). De hecho, este concepto no estaba en el sentir ni en el lenguaje de la época de Jesús; es un concepto moderno acuñado especialmente por el fundamentalismo protestante.

La Biblia presenta muchas y diferentes imágenes de Dios. Solo hay que reflexionar acerca de ciertos textos, que no son pocos. Pero el Galileo se opuso a las imágenes arbitrarias de aquel dios que se sustentaban precisamente en la Escritura.

El fuego del cielo (Lucas 9:51-56)

Cuando atravesaban Samaria para dirigirse a Jerusalén, los lugareños rechazaron al grupo liderado por el Maestro. La sugerencia de los discípulos fue mandar “fuego del cielo” para castigar a los samaritanos. Era una evocación del relato de 2Reyes 1:1-15 según el cual perecieron dos unidades militares de 50 soldados cada una con sus respectivos capitanes, una tercera unidad se salvó por la clemencia que pidió el capitán. Y total, un fuego mortal para acreditar al profeta como “siervo de Dios” (!). Pues bien, Jesús rechazó la petición de los discípulos, y con ello rechazó la evocación del supuesto suceso y la imagen de aquel dios arbitrario del que se hacía eco la Escritura.

La mujer acusada de adulterio (Juan 8:1-11)

Cuando le presentaron a una mujer “sorprendida en adulterio” los piadosos escribas y fariseos inquirieron a Jesús con la “Biblia en la mano” (solo la citaron) qué pensaba hacer él, ya que la Escritura indicaba indiscutiblemente que había que lapidar a la mujer según Levítico 20:10 (también al hombre, pero a este no le retuvieron). Pero Jesús se las valió para no obedecer la Escritura. Guardó primero silencio, luego les interpeló con el sentido común, con la misericordia, con la justicia de Dios que es siempre salvífica. Después de esta interpelación, según el texto, nadie lanzó ninguna piedra contra la mujer “adúltera”. Jesús tampoco, por el contrario, la perdonó. Obviamente, Jesús debió usar una “hermenéutica” muy diferente a la de los escribas que exigían lapidar a la mujer.

Estos son solo dos botones de muestra en los que Jesús se distancia de esa imagen arbitraria y justiciera de Dios contenida en la Escritura hebrea. Ahora bien, esta imagen justiciera de Dios perduró todavía en el cristianismo primitivo, como vemos en el caso de la muerte infligida (por Dios) a Ananías y a Safira, por mentir sobre el dinero que habían sacado en la venta de una propiedad. (Hechos 5:1-11). ¿Se corresponde este juicio sumarísimo con la actitud de Jesús?

CONCLUSIÓN

Hemos expuesto cinco pinceladas breves, pero concisas, de cinco tópicos que ponen en la cuerda floja la “inerrancia” de la Biblia. Al menos como lo entiende el fundamentalismo evangélico. Pero al margen de este grupo religioso cristiano, en el cristianismo existen otros grupos con una visión distinta de la “inspiración” de la Escritura. Así pues, CONSIDERANDO:

–Que la cosmovisión de los autores de la Biblia es precientífica.

–Que el canon del NT tuvo un desarrollo gradual en el tiempo, excluyendo y/o aceptando una ingente cantidad de escritos cristianos.

–Que el concepto de la “inspiración” procede del mundo griego a través del filósofo judío Filón y los Padres de la Iglesia.

–Que no tenemos los escritos originales, sino copias de copias, y la divergencia entre ellas es tal que los traductores tienen que recurrir a la lingüística y otras ciencias para decantarse por una probable mejor traducción.

–Que la Escritura en general ofrece imágenes míticas de Dios (matar a los primogénitos de un país por culpa de su gobernante)…

¿Cómo atribuir algún tipo de “inerrancia” a la Biblia? En cualquier caso, ¿qué valor deberíamos dar a este concepto? ¿Implica dicha “inerrancia” que el relato de la muerte de los primogénitos es histórico y, por lo tanto, refleja el carácter de Dios? ¿Se corresponde esta imagen de Dios con la que predicó Jesús de Nazaret?

Desde el siglo XVI (como hito histórico de referencia) el cristianismo ha venido haciendo una catarsis teológica e intelectual debido al avance de la ciencia moderna, que es empírica, y muy especialmente por el salto del geocentrismo al heliocentrismo (a pesar de Emilio Monjo y otros). Esta catarsis se ha objetivado en la afirmación de leyes en el campo de la física, la mecánica, la biología, la genética, la geología, etc. Esta catarsis, que ha originado un cambio profundo en el concepto que teníamos del mundo y de la realidad, no ha afectado a la fe, al contrario, la ha fortalecido precisamente porque ha limpiado el trigo de la paja, o sea, ha solventado racionalmente los “errores” hermenéuticos de la Escritura: La Tierra no es el centro del universo ni el Sol gira alrededor de la Tierra, como sugiere la Biblia. Por ello, la pregunta pertinente que planteamos ¿es inerrante la Biblia?

––––––

Notas:

[1]Existen varias maneras de entender la “inspiración” de la Biblia. Aquí estamos considerando la llamada “verbal” o “plenaria”.

[2] Emilio Monjo Bellido es director del Centro de Investigación y Memoria del Protestantismo Español (CIMPE), y de la Colección Historia de la Editorial MAD. En cuanto al campo de formación y académico es Doctor en Filosofía por la Universidad de Sevilla, y autor de varias obras.

(Fuente:http://protestantedigital.com/l/autores/7/Emilio_Monjo).

[3]http://protestantedigital.com/magacin/13369/Fe_y_cosmologia

[4]http://protestantedigital.com/sociedad/28862/El_Universo_gira_sobre_la_Tierra_cientificos_catolicos_contra_Galileo

[5]http://protestantedigital.com/magacin/41231/Por_que_creo_en_la_inerrancia_biblica

[6] Según los especialistas, el verbo “es”no existe en el griego, lo pone el traductor y puede ir también después de Dios: “toda la Escritura inspirada por Dios “es” útil para…”. Es distinto.

[7] El “Textus Receptus” (Texto recibido) en griego fue realizado por Erasmo de Rotterdam a partir de los manuscritos existentes, que eran en esa época los mayoritarios. No obstante, la crítica bíblica considera que dicho “Textus Receptus” es mejorable por el material hallado posteriormente que son más antiguos y en algunos casos más fiables. Sobre este tema, ver el artículo del Prof. Daniel B. Wallace “¿Son idénticos el texto mayoritario y el texto original?” en: http://revistarenovacion.es/Revista_Renovacion_files/5enero14_Renovacion.pdf

Como contrapunto, consultar:

http://www.iglesiareformada.com/Acevedo_El_Textus_Receptus.pdf

 

Publicado en Revista Renovación:
http://revistarenovacion.es/Revista_Renovacion.html


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