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Te necesito, amado Jesús

En la mañana te encuentro en la serenidad del despertar del Universo.

La luna muy de puntillas se oculta en el horizonte.

El sol comienza con su calor a derretir el rocío.

La naturaleza encuentra su alegría en el canto matutino de la mañana.

Mi alma se despereza buscándote, Señor, en mis sentidos.

Saliste, a mi encuentro y no te he visto, cargado de regalos para darme,

Y yo preocupada en mis propios desvaríos.

¿Cuándo vuelves, Señor, para esperarte?

¡Sosiégame, por dentro para saber el modo de encontrarte!

Mi alma se agita como el junco con la velocidad del viento.

Siento angustia, vértigo y desasosiego.

¿Cómo seré capaz de encontrarte, Señor, en el silencio?

Murmullos siento a mí alrededor y pregunto ¿quién viene? 

Y me contestas Tú, ¡no tengas miedo!, que vengo cargado de perdones para que seas nuevo, quitándote la carga de angustia de tu pecho.

¡Y yo te pregunto Señor!

¿Por qué sigues clavado en la Cruz sobre un madero?

Y tu respuesta fue, para seguir queriendo a todos mis hermanos que van por el desierto buscando el agua VIVA que calme su destierro.

¡Te necesito AMADO para ser tu aguacero y llevar tu frescura de AMOR al Universo!

¡Te necesito AMADO para llevar tú amor al angustiado!

Para llevar tú callado al vacilante.

Para llevar tú alegría al triste y tú abrazo de PERDÓN al desahuciado.

¡Te necesito AMADO, quiero ser tus pies, tus manos, tu mirada, tu caricia!

¡Quiero ser instrumento en tus manos!

Paqui Pérez

© sentirCristiano.com


 



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