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Oración por la sorpresa

Amado Dios, hoy te busco sabiendo que la vida

significa plenitud cuando tenemos fe. Muchas veces

ella se me presenta distinta: como que nada puede

cambiar; como que todo me llega desde algún

recóndito rincón que desconozco y que no puedo ni

ver ni controlar; como que alguien se empeña para

que no pueda caminar; como que no hay mucho

espacio para la maniobra; como que la fe nada

nuevo tiene para mi, salvo un camino prefijado qué

seguir.

Por eso, ayúdame a ver la sorpresa de la vida. A poder

abrir ese regalo que está ahí, delante de mí. Ayúdame

a ver lo hermoso que me rodea, sin esperar las

promesas grandilocuentes de los éxitos que se

anuncian por doquier, que parecen imposibles de

alcanzar.

Quiero sentir la sorpresa que me provoca la sonrisa

tierna de quien tengo delante de mí, que transforma

mis sentidos inmediatamente.

Ayúdame a abrir mi cuerpo al roce y al gesto de mi

hermano y mi hermana.

Quiero sentir la sorpresa que provoca conocer algo

nuevo sobre quién eres y de cómo actúas a través de

las experiencias tan ricas y diversas que me rodean.

Ayúdame a ser humilde y a abrir mis oídos a tu voz en

las palabras de mi prójimo y mis ojos a las obras en las

vidas de quienes me acompañan en el camino.

Quiero sentir la sorpresa que provoca ver que un

pequeño movimiento en mis pasos puede crear

cambios nunca imaginados.

Ayúdame a discernir mis caminos y sentir tu guía en mis

decisiones, siendo sensible a la riqueza de las vivencias

humanas tan diversas con que me encuentro.

En fin, amado Dios, ayúdame a vivir en la sorpresa.

Ayúdanos como comunidad que te sigue, que camina

junta, como puede, con sus saltos y tropiezos, a

aprender a ver que los senderos que tienes para

nosotros son infinitos en tu gracia y beneplácito.

Que juntos y juntas, en las miradas, en los gestos, en las

palabras, en los pensamientos y experiencias

compartidas, podamos aprender que tu grandeza es

infinita, y que en esa grandeza la vida también se

hace grande, rica, plena, abundante y sin límites.

Amén.


Nicolas Panotto, del poemario Susurros desde lo indecible.

© sentirCristiano.com




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