Con Acento Poét.

  Enfermería

  ERE

  Evangelismo

  Misión Urbana

T por una Sonrisa

  Visita a los asilos

  Misión Israel

  Álbum de Fotos

  Arqueología

  Artículos

  Entrevistas

  Forwards

  Locura General

  Reportajes

  Testimonios

  Enlaces

Inicio


Errar es bueno

Es común pensar que errar es malo. Errar es una

equivocación. Pero, ¿qué es errar? Más aún: ¿por qué

decimos que erramos? Errar implica la existencia

previa de un “blanco”. Ahora, ¿de dónde salió ese

blanco que condiciona nuestra “puntería”? Más aún,

¡¿quién lo puso delante de nosotros?!

Sigo pensando: ¿errar significa transformarse en

“errante”.? ¡Qué dañinas las subjetivaciones! Mi

condición, mi esencia, a veces de por vida, se ve

sujeta a “aquello” que hago o hice, a ese “error” que

cometí.

¿Qué sería la vida sin errores? Imaginémoslo por un

momento. ¿Sería posible? ¿Existe ese camino derecho,

único, sin vueltas, sin fisuras? (¡Ay, qué escalofríos!)

¿Significa esto que “hacer bien” es no errar, o sea, ir

hacia un blanco predeterminado, sin irme por la

tangente, “caminar derechito”?

Veo la imagen del camino en mis expresiones. Es que

ella es una de las mejores metáforas para definir la

vida. ¿Acaso esta metáfora no encuentra su valor en

la posibilidad de moverse dentro de las multiformes

posibilidades que se le presentan? ¿Acaso Dios mismo

no nos abre hacia ellas para elegir libremente?

(¡Libertad!: esencia del ser humano, sello de la

divinidad en la existencia)

Se dice que errar es malo por “salirse del camino”.

¿Pero acaso lo malo no sería esa visión de la vida que

achica sus enormes potenciales a un sendero

acotado, derecho, único? ¿No es eso desperdiciar

vida?

¿No son los errores oportunidades? ¿Acaso no nos

mantiene en movimiento darnos cuenta que por

donde vamos no es tal vez la mejor opción? Pero

vuelvo a preguntar: ¿quién dijo que por donde voy es

por donde debo ir? (¿Peco por preguntar?)

Si descubro que transitar por donde camino implica

hacer daño, para mí y para quienes me rodean,

¿quiere decir entonces que errar es una

equivocación? Más aún, ¿me hace malo (¡pecador!)

errar?

Creo que errar no es tan malo como se piensa. Darme

cuenta de mis errores implica abrirme a la sorpresa de

la posibilidad, descubrir nuevas ventanas hacia otros

jardines, espiar por las fisuras de ese sendero

supuestamente suturado para ver horizontes

seguramente mejores de los que reconozco a la

distancia. Por ello me pregunto: ¿no será en realidad

malo el caminar por esa avenida de grandes muros

cubiertos de rosas espinosas que me dibujan desde

una ilusión incumplida, el cual me anula como sujeto

en la obligación de transitarlo?

¿Será muy desubicado, entonces, decir que errar es

bueno? ¿Acaso el errar no me mantiene alerta de mis

pasos, no refleja la contingencia de mi caminar, no me

muestra la grieta inherente de mi persona y de cada

camino que pueda emprender, sea cual fuere? Más

que ser un riesgo, lo importante es que errar me

arriesga.

El errar muestra que mis caminos siempre pueden ser

otros. Que no es necesario sumirme a la insatisfacción

de un sendero mirando de lejos la multiplicidad de

posibilidades a mi mano (¿Será eso posible?) Que

nuestra existencia es un bricolage indecible que fustiga

cualquier unidimensionalidad sofocante.

En el errar construimos nuestra libertad.

 

Nicolas Panotto, del poemario Susurros desde lo indecible.

© sentirCristiano.com




Otras colaboraciones

Quiénes somos      Contacto      Preguntas Frecuentes