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Samuel Santos Solórzano

El cambio de una vida

¡Hola!, Buenas. Veréis, me voy a presentar. Soy Samuel, un “chico” que quiere compartir con vosotros en unos minutos el cambio de una vida: Mi vida.
Si has decidido seguir leyendo, mi historia comienza cuando yo tenía diez años, aunque me gustaría remontarme a unos años atrás.
Yo nací en el seno de una iglesia Evangélica, pero por cuestiones laborales, mis padres tuvieron que ir a Tarragona. Esta nueva situación hizo que la relación que tenían con Dios se fuera enfriando, así que yo crecí ignorando las costumbres cristianas y sus creencias. Sin embargo, tenían claro que ninguna otra creencia religiosa me influyera.

No fui bautizado de pequeño ni hice “La Primera Comunión”. Yo no entendía por qué mis amiguitos recibían muchos regalos y eran protagonistas por un día y yo no. ¿Qué había de malo en eso? En fin, volvamos a cuando yo tenía diez años:
Hago memoria de un día cuando a la vuelta del colegio vi a un señor con bigote, más tarde sabría que se llamaba (y se llama) Cristóbal. Era el Pastor de una iglesia que me parecía extraña porque no tenían imágenes de Dios por ningún sitio y agrupaban a los niños por clases según sus edades.
Este hombre, antiguo conocido de mis padres, les convenció para ir de nuevo a la iglesia a la que pertenecieron diez años atrás.

Recuerdo que la experiencia fue maravillosa. En aquel lugar hablaban de un Dios real para sus vidas*, tenían comunión con Él y además había bastantes niños.
Aunque era verdad que no tenían imágenes en las paredes el Dios de que hablaban estaba vivo. Eso me impactó tanto que me dije que debía compartirlo con los demás, con mis primos, mis amigos del cole y del barrio. Además se despertó en mí una extraña sensación: Yo quería ser como Cristóbal, quería ser Pastor.
Esa fue la razón por la que a los diez años empecé a evangelizar (a hablar de Dios a los demás) y que guay, muchos escuchaban con atención.

Nunca se me olvidará un chico al que vamos a llamar “Pájaro Loco”. Este me escuchaba con tanta atención... Él decía que sí creía lo que mi amigo y yo le contábamos sobre un Jesús que estaba vivo. ¡¡Qué experiencia tan maravillosa!!
Días después un grupo de la pandilla estábamos dando una vuelta con nuestras bicis y de repente sin ninguna explicación “Pájaro Loco” empezó a gritar a mis amigos: “No os juntéis con éste (refiriéndose a mí), es moro, no está bautizado ni ha hecho la comunión”.
Se me vino el mundo entero encima. Todos se reían y yo con mis doce años me prometí que esto nunca más sucedería.

Para un niño es difícil entender que sufrir por causa del Evangelio, sea una bendición. Por eso decidí que nunca más sabrían quien era yo. A partir de ahí empecé una doble vida.
A los catorce años, nos mudamos a Alhaurin de la Torre y con dieciséis más o menos empezaron mis salidas nocturnas, las mentiras a mis padres y a mis amigos.
Estos últimos cuando quedábamos para salir o ir a la playa los domingos, me preguntaban por qué nunca quería ir. La excusa que les daba era que mi padre dedicaba ese día para estar en familia (así ocultaba que iba a la iglesia), o inventaba cualquier otra mentira, todo valía para que no supieran que “era cristiano” (ahora sé que un cristiano no debe avergonzarse de serlo).

En esta nueva época de los dieciséis a los diecinueve fue cuando más me dejé llevar por las cosas que el mundo ofrece: drogas, alcohol, sexo...
Todo era bueno para satisfacer ese “vacío” que todo ser humano tiene aunque sólo fuera momentáneamente.
Por aquél tiempo conseguí montármelo de tal modo que mis amigos nunca supieran quien era yo los domingos, ni mis padres quien era yo por las noches. Con todos era un hipócrita y eso tampoco me agradaba.

A los diecinueve años, el Señor que lo tiene todo muy bien atado hizo un par de “coincidencias” de las suyas. El 24/4 de 1994 me bauticé y ese mismo año nos mudamos a Vélez teniendo así que romper con todas mis amistades del pasado. A partir de ahí, empezó poco a poco a cambiar mi vida.
Ahora soy un hombre casado, padre de una niña y un niño. Trabajo con niños y jóvenes dentro de la iglesia.
Pero detrás de este “curriculum” hay una vida que nadie conoce excepto mis amigos no cristianos de entonces, de la cual no es fácil deshacerse. Hoy por hoy todavía me cuesta sudor y sangre hablarle a alguien de Jesús, pero he de pensar que más sangre derramó Él por mí.

Te aconsejo que no hagas promesas a la ligera, no importa si tienes doce años o la edad que tengas, porque esas promesas te van a marcar.
Hoy en día si tengo la oportunidad, no oculto lo que soy, pero queda algo que me hace temer ser rechazado. Sin embargo las promesas del Señor son fieles y están ahí.


*Hablaban de un Dios real para sus vidas.

Samuel Santos

© sentirCristiano.com

Samuel Santos
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