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Julián Alonso Carriazo

Una vida destrozada por el alcohol y las drogas, mi matrimonio y mi familia rotos sin remedio, solo y sin amigos. Y perdido, totalmente perdido y sin control... Así me encontraba yo con 34 años; hasta ese punto llegué a destruir mi vida y todo lo que la rodeaba.

No puedo justificarme alegando mis circunstancias o no haber tenido oportunidades, pues nada me faltó nunca e incluso llegué a alcanzar un alto nivel económico y social. Fue sobre todo mi propia naturaleza la que me llevó al fondo del pozo en el que acabé; esto y la búsqueda ansiosa de encontrar algo que llenase el vacío que todos llevamos dentro y que yo intenté ocupar envenenándolo con la bebida y las drogas. Tampoco el dinero ni el éxito social sirvieron, sino que lo complicaron todo aún más. Ni siquiera el tener una maravillosa mujer y una niña preciosa pudieron frenar mi caída. Vicio y a la vez enfermedad, son como una plaga imparable que lo destruye todo, sea cual sea la situación de la persona.

Todo lo intenté para salir de esta pesadilla y nada sirvió: fármacos, psicoanálisis, terapias, libros... hasta acabar tirado en la cuneta.

Hoy tengo 42 años, y desde hace ya algún tiempo soy una criatura nueva, limpia, libre del alcohol y las drogas. Mi mujer y mi hija están a mi lado, la familia y los amigos vuelven a contar conmigo; disfruto del presente lleno de realidades y camino hacia el futuro con ilusión y propósito.

Un milagro, porque ahora sé que existen, me liberó totalmente de mis adicciónes*. Es como volver a nacer recuperando todo lo bueno de mi pasado y dejando atrás enterradas las que me destruían. No fui yo, ni mi fuerza de voluntad, ni las personas que tanto me ayudaron quienes lo consiguieron. Fue conocer a Jesucristo de un modo natural y real y entregarme a Él, lo que cambió mi corazón, mi modo de vivir y rompió mis cadenas. No fue fácil – Dios no usa varitas mágicas -, pues lo hizo a través de un proceso que requiere tiempo, esfuerzo y perseverancia por mi parte. Pero todo es gracias a Él, a la obra que continúa realizando en mi y ahora también en mi mujer y mi hija, como la quiere hacer en todos y cada uno.

Dios es real, nos ama y nos ofrece el perdón, la salvación y la vida eterna en Jesucristo; una existencia nueva, libre y llena de propósito. El resto sólo depende de nosotros.

*“Un milagro, porque ahora sé que existen, me liberó totalmente de mis adicciones”.

Julián Alonso
© sentirCristiano.com

Julián Alonso
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