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Isabel Cortés Pozo
Ocupo el octavo lugar entre nueve hermanos. Cuando tenía siete años, murió mi padre. Mi madre no tuvo más remedio que internarme en un colegio durante cinco años. Mi niñez fue difícil. He anhelado mucho el cariño de mis padres.

A los dieciséis años, conocí al muchacho con el que estoy casada desde los dieciocho y tenemos dos hijos. En ellos se sostenía nuestro matrimonio porque vivíamos mirando hacia lados distintos y apenas sin preocuparnos el uno por el otro. Actuábamos según aprendimos.

En una ocasión, fuimos a un pueblo llamado Mijas. Mi hermano y dos sobrinos se hallaban internados en un centro para la reinserción de drogadictos. Los responsables de este lugar eran cristianos evangélicos. Al llegar asistimos a una reunión que comenzaba. Las canciones tocaron mi corazón. Nunca oí hablar del Señor como lo hice durante aquella predicación*. Ese día creímos en Él mi marido y yo, entregamos nuestras vidas al Señor.

Desde entonces, mi vida cambió. Mi matrimonio mejoró y mi actitud como madre, también. Todo esto es gracias a la hermosura de Dios. Soy una mujer nueva. Dios me dio amor hacia mi marido. Proporcionó un sentido nuevo a mi vida. Sé que soy amada por Dios y me enseñó que murió por mí en la cruz. Anteriormente, cuando iba a alguna iglesia y veía un crucifijo, no alcanzaba a comprender su significado. Hoy gracias a Dios lo sé. Sé que Él murió por mí en la cruz y me da fe para creerlo. Soy feliz de haber dado este paso. Soy feliz de conocer más del Señor y le doy gracias a Él por todo.

*"Nunca oí hablar del Señor como lo hice durante aquella predicación".

Isabel Cortés
© sentirCristiano.com

Isabel Cortés
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