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Francisco Cisneros
¡Hola! Me llamo Cisneros. Bueno, en realidad es mi apellido pero todo el mundo me llama así.
¿Sabes? Quizá yo no era una persona muy distinta a ti. Yo no era muy de salir pero salía algunas noches con mi grupo de amigos. Estudiaba porque... Bueno, hay que estudiar si quieres tener un trabajo y esas cosas. Mi familia tenía problemas de comunicación. Y bueno, la gente decía que yo era una buena persona.

El verano antes de entrar en la universidad, mi grupo de amigos me falló. Con mis padres no tenía confianza. Me quedé solo.
En esa soledad fue cuando eché mano del último recurso. Comencé a decirle "Hola" a Dios cuando entraba al piso y "Adiós" cuando me iba. Poco a poco empecé a contarle todo lo que me había pasado durante el día. Recordé algo que me enseñaron de pequeño: "Dios está en todas partes" y "Él lo sabe todo". Empecé a tener dudas acerca de Dios: "¿Por qué haces esto? ¿Por qué permites lo otro? ¿Por qué...?". Entonces, le dije: "Señor, quiero alguien que sepa aclarar mis dudas".
Entré en la universidad y conocí a un muchacho que me dijo que era cristiano. Él empezó a hablarme de Jesús y de Su amor por nosotros. Creía que ya sabía todo acerca de Jesús. Pero no era así. Aproveché y le planteé todas mis dudas y me las respondió. Lo más curioso es que vi que todo lo que me decía tenía sentido.

Seguí hablando con Dios y le pedía cosas. Cuando pides a Dios una cosa que no depende de ti y pasa, puedes pensar: "Casualidad". Cuando pides otra y vuelve a pasar, puedes pensar: "Quizá también ha sido casualidad". Pero cuando cada cosa que pides (sabiendo que el que se cumpla o no, no está en tus manos) pasa, piensas: "Bueno, aquí hay algo más". Eso fue lo que me pasó a mí.
Por curiosidad, me puse a leer Apocalipsis: quería saber qué iba a pasar con el mundo en el futuro. Me encontré con dos versículos que me impactaron: Apocalipsis 3:15-16. "Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fuese frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca." Eso me hizo reflexionar y ver que tenía que tomar una decisión: O estaba con Dios o estaba en contra de Él.

Mi decisión fue Estar con Dios. Desde ese momento, empecé a conocer a Dios a través de la lectura de la Biblia y de hablar con Él en oración. He podido experimentar en mi vida como Dios está conmigo cada día. Dios promete en la Biblia que nos dará una vida abundante y hasta hoy no he tenido falta de nada. Él dice que no nos dejará y puedo sentirlo en mi corazón.
La vida que tengo ahora, no la cambio por nada. Mi vida ahora tiene sentido. Ahora sé lo que hago y sé porqué lo hago. Y sé que un día estaré con Él, que será lo mejor que me haya podido pasar nunca y que será para siempre.

Fran Cisneros
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