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Encarni Sánchez
Me llamo Encarni Sánchez García, nací en el norte de África, en Melilla, en el año 1946, así que podéis hacer la cuenta, ya soy una mujer de las llamadas “madurita”. Con 2 años me marché con mis padres a Tetuán, una ciudad preciosa del norte de Marruecos y allí vivimos unos 14, de donde nos vinimos a Málaga.
Siempre, desde que recuerdo, he sido una persona que me he relacionado con Dios, de un carácter espiritual y temerosa de Él. Cumplía con mis obligaciones “religiosamente” porque entonces participaba de una religión, pero aún así, no me sentía en paz, sabía que algo me faltaba y no dejé de buscar, sin saber qué, sin saber donde…Un día, recién llegada a esta ciudad, mi madre me dijo que la habían invitado a una reunión “protestante”, yo intenté por todos los medios de convencerla que no fuera, pues podrían “engañarla”, pero en vista de que no me hizo ningún caso, decidí acompañarla para “protegerla”…Si, si… ¿Y a mí quien me protegía?
Allí en aquella reunión el Espíritu Santo cayó sobre mí y me convenció de pecado, no recuerdo de que se habló, ni quién habló, sólo sé que Dios estaba allí y lo sentí como nunca. ¡Por fin había encontrado lo que me faltaba! Pero ahora empezaban los problemas, muy bien lo de ir a “curiosear” qué se hace en otras religiones, pero ser de ellos, de eso nada…Mis padres me prohibieron que volviera.
En aquella época había mucho miedo a que las autoridades te detuvieran, y aunque ellos eran anticlericales de la religión oficial, no querían líos. Naturalmente en plena adolescencia y con la curiosidad a flote, no dejé de ir a escondidas. Durante un gran tiempo, iba en secreto, nadie en mi casa lo supo. Pero he de confesar que la edad es muy peligrosa y más tarde otras cosas me atrajeron, la curiosidad de saber que había ahí fuera, me hizo dejar de reunirme y olvidarme un poco de la iglesia, aunque yo leía mi Nuevo Testamento de vez en cuando, oraba en momentos claves y sentía muy adentro que Dios me llamaba, pero lo dejaba para otro día…Y pasaron años, tantos como 10.
En todo estos años como es natural sucedieron cosas que me hicieron ver; lo poco que el mundo ofrece y lo vacía que me sentía. Me acordé de aquella relación tan especial, de aquel tiempo de mi juventud donde era tan feliz y como el hijo pródigo de la parábola, volví a mi Dios, le pedí perdón y renovamos la relación, de esto hace ya 34 años.
Cuando “volví en sí” escarmentada y arrepentida, decidí obedecer al Señor, empecé por el bautismo y segui con la consagración y la santidad…y en ello sigo.
Años después me casé con un cristiano maravilloso, Miguel Rueda, mi mejor amigo y compañero, tuvimos dos hijos Miguel y Loída y ahora, juntos en la lucha, servimos a Nuestro Señor como mejor sabemos. ¡A Él la gloría!

*“Sólo sé que Dios estaba allí y lo sentí como nunca.”

Encarni

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