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Testimonio de Mª Rosa Marfil Cuevas

Yo Tenía ocho años cuando ocurrió lo que cuento en el testimonio de mi madre que narro después, y pude guardar esto en mi corazón como otras tantas cosas que Dios hizo en nosotras.

En el verano del 74, mi madre decidió regresar a España. Esto era algo que ya llevaba pensando un tiempo, pero tenía temores de volver y no encontrar trabajo. Sin embargo, todos sus miedos se disiparon al conocer al Señor y así fue que a principios de septiembre del 74, estábamos de regreso a Málaga. Mi madre enseguida buscó trabajo y solucionó el problema del colegio para mí. Pero sobre todo preguntaba por una iglesia donde reunirse.
Nos hablaron de una que estaba en “Plaza Hospital Civil”, y así fue como empezamos a asistir. Allí encontramos gran amor de Dios por parte de los hermanos.

No puedo decir día, ni hora cuando el Señor tocó mi corazón y me dio convencimiento de la necesidad que tenía de entregarme a Él, pero fue a través del testimonio de mi madre, de las clases de escuela dominical, predicaciones, etc... y así el 6 de agosto del 78, cuando tenía 12 años fui bautizada en el nombre de Jesús, y a los dos años fui llena del Espíritu Santo.

Puedo decir que a través de los años, el Señor sigue fiel. Él nos prosperó tanto con el trabajo como con la salud. Nos ayudó en lo bueno y en lo malo.

En el año 86 me casé con un hombre cristiano “Pepe de Huelva” y tenemos tres preciosos hijos.

Uno de los peores momentos que pasé fue cuando mi madre en el año 92 murió repentinamente. No pude comprender, ni aún hoy, en el 2003 lo entiendo. Pero son los caminos del Señor. Lo que sí puedo decir es que nuestras vidas están en sus manos* aunque a veces no lo veamos.

La noche que ella falleció pude recordar toda su vida y lo que en mi mente resonaba con más intensidad fueron las palabras del Salmo 84:10 tantas veces dichas al Señor: “Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos”. Eso es lo que deseaba para mí en sus oraciones: “Prefiero que te la lleves a verla fuera de tus caminos”.

Su oración fue oída, el Señor es fiel y digo: “Prefiero un día a las puertas de la casa de mi Dios que mil fuera de ella”.


*“Nuestras vidas están en sus manos”

Mª Rosa


A continuación os cuento el testimonio de mi madre:

Testimonio de Antonia Marfil Cuevas

Sería imposible para mí contar mi conversión al Señor sin hablar primero de la de mi madre ya que desde pequeña pude ver en ella su temor y amor al Señor.

En los años 60 mi madre emigró con parte de su familia a Francia para trabajar. Allí conoció a mi padre y en el año 66 nacía yo en la ciudad de Paris.

Nuestros días transcurrían con toda normalidad, mi madre me llevaba todos los domingos a la iglesia católica y a clases de catequesis para que hiciera la primera comunión, porque ella quería que yo me criara con temor de Dios.

Un día durante su jornada laboral, tuvo que ir a la tintorería y allí entabló conversación con una señora que le empezó a hablar de que el fin del mundo estaba cerca y de textos de la Bíblia. La cuestión es que nos empezaron a visitar en casa todas las semanas. Así fue como mi madre empezó a leer y conocer la Palabra de Dios. Pero su cabeza no podía asumir todo lo que les hablaban y entró en mucha confusión.

En una ocasión comentándole todo esto a una familia conocida le dijeron: “Ten cuidado, estas personas son Testigos de Jehová”. Entonces ella decidió que no la visitaran más.
Pero seguía anhelando un encuentro con Dios y le buscaba. Algún tiempo después la invitaron a una reunión evangélica allí en Francia, en la ciudad de Paris y fue.

Cambió de la noche al día. Era lo que por tantos años buscó. El Señor la llenó de paz, de felicidad y de ese modo empezamos a ir domingo tras domingo a la iglesia.

Un día invitaron acercarse al altar a aquellos que querían aceptar al Señor como Salvador personal, y un 2 de marzo de 1974, mi madre salió e invitó al Señor a morar siempre en ella*.

A partir de ahí, todo su afán y ganas era compartir con los demás su experiencia. Una tarde invitó a casa a una señora amiga suya, que era de  Isla de  la Martinica y mi madre empezó a leerle la Bíblia y a hablarle del Señor, de como Él la cambió. Esta señora, Teresa, le preguntaba y mi madre le contestaba. Fueron pasando las horas hasta que mi madre se dio cuenta que era bastante tarde y no tenía más remedio que ir a comprar porque necesitaba pan, leche y yogur para la cena y desayuno de la mañana siguiente. Pero Teresa no paraba de preguntarle y mi madre por dos o tres veces tuvo que decirle: “Teresa lo vamos a tener que dejar porque tengo que ir al supermercado”.

En fin, llegó la hora de cierre del supermercado y mi madre seguía hablándole a Teresa y ésta seguía escuchándola, cuando en ese momento llamaron a la puerta. Era una chica a quien tiempo atrás mi madre le hizo un favor y ella, en agradecimiento, trajo un paquete de regalo. Mi madre al momento pensó en unos caramelos para mí o algo parecido. Cual fue  su sorpresa cuando miró dentro y fue sacando: una barra de pan, leche, yogur y huevos.

Nos quedamos todas (menos la chica que no estaba al tanto de lo que ocurría) con la boca abierta. Nos dimos cuenta de que Dios esta pendiente de nosotros en todos los sentidos. Fue un gran testimonio para Teresa que poco tiempo después se entregaría al Señor.

*“Mi madre salió e invitó al Señor a morar siempre en ella”

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” Juan 5:24



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María Rosa
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