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Testimonio de Juan Antonio Gallardo Arresa

Me llamo Juan Antonio Gallardo Arresa y me conocen como Juan Arresa en la iglesia de Málaga y este es mi testimonio:

     Me crié en una familia católica y desde muy pequeño me inculcaron la religión porque mi abuela paterna y una tía mía, hermana de mi padre y que vivían con nosotros trabajaban en el colegio de las Esclavas en Málaga y además, tenía otra tía que era monja; Y como era un niño muy gracioso y muy redicho, las monjas me “consagraron” al Señor. En mi familia hay pocos varones, el único primo paterno que tengo es once años mayor que yo, y me crié entre mi madre, mis hermanas, mis tías y mis primas, con lo que crecí muy tímido, de modo que jugaba con niñas y con niños más pequeños que yo. En la escuela tuve mucho sufrimiento por causa de mi timidez. Lo pasé muy mal e incluso mi padre me llevó a un psicólogo para que me tratara, pues me había cerrado mucho en mí mismo.

    Ya en el instituto, conocí a unos chicos que iban a la parroquia de la Amargura y me invitaron a ir. Fui, y para mi sorpresa, me aceptaron tal como era y poco a poco me fui uniendo al grupo. Me llamó la atención la aceptación que me dieron, pero sobre todo las reuniones, que hablaban de Cristo de una forma de la que nunca antes había oído hablar. Me chocaba oír una  canción que decía: “¿Eres limpio en la sangre de Cristo Jesús?” No sabía lo que significaba.

    Varios meses más tarde, en agosto de 1976, yo tenía 15 años; hubo una semana de oración en uno de los locales que tenía la parroquia. Uno de esos días, se acercó uno de los chicos y me dijo: “Jesús  ha muerto por ti. Derramó su sangre en la cruz porque te ama y ahora te está pidiendo que le des tu corazón. Él lo dio todo por ti y ahora te pide tu vida, ¿quieres dársela?” Dije que sí; oramos juntos y recibí a Jesús en mi corazón. Sentí una alegría como jamás la tuve. A partir de entonces me fui integrando  cada vez más al grupo. Me sentí aceptado por primera vez  y el Señor tuvo que tratar conmigo en varias ocasiones. Mi conversión no fue en un solo día, fue un proceso en el que tuve que sufrir que algunos de mis amigos que conocí en la parroquia se apartaran y también pasé varias experiencias con el Señor.

    Un año más tarde, la mayoría del grupo de la parroquia nos salimos de la iglesia católica y nos reuníamos en la calle (el famoso grupo de los Cuadritos). Al año siguiente, 1978, formamos la iglesia de Suárez junto con el grupo de Roberto Ritchie y Joel Iglesias; y al año siguiente, este grupo se unió a su vez a la iglesia de Parque Mediterráneo. Hubo una división y me marché con el grupo originario de los Cuadritos, el cual, a su vez se escindió y a partir de ahí me despisté. Frecuentaba algunas iglesias como las de Bet-el y la de calle Albéniz (la actual iglesia de Parque Victoria), donde tenía bastantes amigos, pero no hacía por integrarme, pues la inercia de mi grupo tiraba de mí.

    Poco a poco me fui apartando y llegué a desvincularme de los cristianos, pues pensaba que siempre estaban peleándose por cuestiones doctrinales y no hacían caso al mensaje de Cristo. Además, al conocer a gente incrédula y al ver que eran mejores personas que algunos cristianos, me fui apartando cada vez más.

    Quería conocer mundo, pero cada vez me veía más solo y los traumas de mi infancia volvieron a aflorar otra vez. Tenía crisis de angustia, miedos, la autoestima por los suelos, sentía que nadie me comprendía. Conocí a una chica alemana, que luego fue mi  novia y a punto estuve de dejarlo todo para irme a Alemania, pero la relación terminó muy mal y cada vez me sentía peor emocionalmente.  Con mi cuñado, mi hermana y un amigo estuvimos en contacto con una secta de la Nueva Era; el Curso de Milagros, pero esto no me daba la paz que necesitaba.

    Por fin, en el año 1999, cuando yo tenía 38 años, mi amigo Pablo Medina me pasó la película Jesús, el hombre que creías conocer y como esa noche no había quedado con nadie, la vi. Mientras veía la película, toda mi resistencia espiritual se vino abajo y me dije: “Años atrás habría dado mi vida por creer estas cosas, y ahora, ¿qué estoy haciendo? Sigo creyendo en Jesús, pero a mi manera y no tengo paz. Voy a volver a la Iglesia, aunque me pongan en disciplina, pero no puedo seguir viviendo así.” Así que al día siguiente, era domingo, me presenté en la iglesia, yo esperaba un rapapolvo e iba en guardia, pero para mi sorpresa, me recibieron con amor, me fui integrando y el Señor fue tratando conmigo, usó a varios hermanos, entre ellos a David Solá, un psicólogo cristiano, y poco a poco me fue restaurado. Hasta entonces no había experimentado lo que significa ser una nueva criatura en Cristo. El Señor ha restaurado todo el mal que recibí desde mi infancia y me ha bendecido(*). Me ha dado una familia que es la Iglesia, por la que me siento muy querido y ha hecho que tenga mi propia familia, con mi esposa Estrella y mi hijo Miguel, lo que jamás pensé que podría ocurrirme, pero Jesucristo lo ha hecho posible.

¡Qué a Él sea la gloria!


*“El Señor ha restaurado todo el mal que recibí desde mi infancia y me ha bendecido.”

Juan Antonio Gallardo Arresa


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