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Testimonio de Francisco Bernal Ortiz

Deseo expresar mi gratitud a Jesucristo por darle a mi existencia una nueva dimensión y una esperanza.

En mi juventud, llegué a conocerle de un modo progresivo, y desde entonces observo su mano llamándonos a su encuentro.

Siempre tuve conciencia de Dios por la enseñanza religiosa recibida. Pero aunque  en mi relación con Él quería agradarle, se interponían mis pecados mortales que rompían no sólo esa unión sino mi salvación. Así Dios se convertía en un legalismo de: no toques, no hagas, no mires... Sin embargo, la carta de Pablo a los colosenses dice en el capítulo 2:20-23: “Vosotros habéis muerto con Cristo, y ya no estáis sujetos a los poderes que dominan este mundo. ¿Por qué, pues, vivís como si todavía fuerais del mundo, sometidos a normas tales como:  No toques eso. No comas aquello. No lo tomes en tus manos? Todas estas reglas tienen que ver con cosas que se desgastan con el uso, que sólo son mandatos y enseñanzas de hombres. Es verdad que tales cosas pueden parecer sabias, porque exigen cierta religiosidad, humildad y duro trato del cuerpo, pero de nada sirven para combatir los deseos mundanos”.

Llevaba tiempo sin relacionarme con mis amigos porque se mudaron a otros barrios de la ciudad. Una tarde salí a pasear solo y tuve el sentimiento de quedarme esperando en las escaleras de acceso a un puente. Durante un rato no sabía que hacía allí, pero tampoco tenía a donde ir en concreto. Vi entonces a un grupo de jóvenes que cruzaban el puente y con ellos un compañero de colegio de un curso superior. Los saludé y me invitaron a que me uniera a ellos. Iban a un famoso bar de juventud, donde hoy se celebran reuniones de escritores. Me contaron que pertenecían a un grupo parroquial y que allí se realizaban actividades interesantes. Me animé a visitarlos. Me gustó el trato y la atención que me dieron, realmente la necesitaba y me incorporé a “Juventud para Cristo”.

Allí conocí al responsable. Era un sacerdote español que estuvo trabajando como misionero en Uruguay. Tenía inquietudes religiosas distintas a las de los curas normales. Tal fue el hecho, que trajo a la parroquia un montón de Bíblias con posibilidad de comprarlas para uso particular a buen precio. Además dirigía el grupo de música de la iglesia preparando las letras de las canciones, comprando de su bolsillo un órgano electrónico y otros instrumentos musicales.

Su predicación fue haciéndose más interesante y profunda acerca de Jesucristo y tanto él como gran parte de los jóvenes fuimos descubriendo a un Dios vivo y real que no estaba lejos de nosotros. Así en Semana Santa de 1974 en medio de las predicaciones de un Vía Crucis muy especial, tuve conciencia de mi conversión a Cristo, donde dejaba de ser un Dios de religión para ser mi Salvador, mi Señor*, con el que podía tener una relación personal y con el que deseaba estar en comunión.

Conforme leíamos las escrituras, la compartíamos, orábamos y leíamos libros cristianos, el evangelio se nos iba revelando. La fe se acrecentaba y Cristo se nos revelaba más vivo que nunca, siendo el mismo ayer, hoy y mañana.

Tuvimos una experiencia carismática donde la unión personal con el Señor se hizo  más íntima y dejó de ser algo de libros a ser una experiencia diaria. La oración, dependencia, enfoque de mi vida y quehaceres, se hicieron más intensos en Jesucristo. En la lectura de la Bíblia su mensaje se volvía autentico y me identificaba con ella. No era algo ajeno, yo apreciaba interiormente lo mismo que expresaban los Evangelios.

Lo que más gozo y paz me dio fue reconocer en la Palabra que mi salvación no dependía de mis pecados “mortales” sino que se sustentaba en la obra que Jesús hizo en la cruz por mí y sólo en ella. Así mi confianza está en su amor, que le llevó a morir por mí.
Aprendimos en la Bíblia que no necesitamos a nadie intermediario entre Dios y nosotros, sólo Jesucristo, Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

 El cura con el que aprendimos todo esto se marchó y llegó otro para hacerse cargo de nosotros. Esto nuevo que aprendía y vivía chocaba con las tradiciones de la Iglesia Católica, llegando a ser expulsado el 1 de Mayo de 1977 de la Parroquia Nuestra Señora de la Amargura.

Tengo que expresar mi gratitud al Señor de que en mi corazón su Espíritu hace brotar ese (ABBA) papá con el que Dios me hizo su hijo cuando acepté a Cristo. Veo día a día su mano actuando en continuo apoyo, sobre todo en las adversidades Él es fiel amigo.
Por ello te aconsejo que apuestes por Jesucristo, vuélvete a Dios. Él se acerca a nosotros, no te pierdas tu encuentro con el Creador.

Doy testimonio de que no existe nadie igual de maravilloso.


*“dejaba de ser un Dios de religión para ser mi Salvador, mi Señor”

Paco Bernal


© sentirCristiano.com

Francisco Bernal
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