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Testimonio de Ana Padilla Reyes


Hola, me llamo Ana y espero que mi testimonio le sirva a quienes lo lean.

Mi primer colegio fue de monjas de clausura y allí tuve conocimiento de Dios, pero de una manera fría y triste, por lo menos a mis ocho años así me parecía.

Aunque era muy pequeña, los asuntos de Dios me gustaban. A mi manera le buscaba. Confesaba los domingos y comulgaba. No tenía bastante discernimiento pero yo buscaba y buscaba y Dios me oía en muchas ocasiones. Así fue como Él envió a una persona a quien nunca llegué a conocer, pero que a mis padres les daba unos folletos que yo leía con hambre. Tuve la idea de ir a hablar con este misionero pero me daba vergüenza que alguien pensara que yo era o quería ser protestante. En el año 68-69 eso era una herejía.

Me eché novio, a los dos años nos casamos y emigramos a Alemania. Allí seguía en mi iglesia católica.
Pasaba el tiempo y al año tuve mi primera hija. A los 33 meses de vivir en Alemania, estando embarazada de mi segundo hijo llegó una señora joven a mi casa y me dijo que si le podía enseñar español, a cambio, ella me enseñaría alemán. En conclusión, yo aprendí a chapurrear alemán y ella español, pero de ahí nació una bonita amistad.

Supo que yo era católica practicante (nunca me dijo que era protestante ni hizo falta ya que con su comportamiento me dio testimonio) y me invitó para ir a escuchar a un misionero español. El hombre habló en alemán y predicó en alemán. Mi marido y yo estuvimos atentos a lo que decía y me gustó.

Poco a poco fui integrándome en aquella iglesia y un buen día, hace ya 29 años, en mi habitación a solas con el Señor me entregué a Él. Porque aunque yo estaba en Alemania, el Señor sabe alemán y cualquier idioma si tú clamas a Él*.

Fueron tiempos duros. El clima, las pocas comodidades, el idioma... Todo eran inconvenientes, mas si tu matrimonio va de mal en peor, pues no fue fácil. Gracias al Señor Jesús, los hermanos de la iglesia supieron trabajar con mi marido a través del fútbol y así fue ganado para Cristo.

En Alemania nos bautizamos.

A los hermanos extranjeros que están en nuestro país y se reúnen con nosotros les digo que aunque parezca que sólo hay nubes, con el Señor Jesús podemos ver rayos de sol, pese a que a veces sean intermitentes. Gloria al Señor que mi casa es salvada por Él.


*“El Señor sabe alemán y cualquier idioma si tú clamas a Él”.

Ana

© sentirCristiano.com

Ana Padilla Reyes
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