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CAPITULO 2

EL PROFESOR DE ENSEÑANZA EVANGELICA MISIONERO EN EL CONTEXTO ACADÉMICO

En el artículo anterior hice una presentación general de lo que era la Enseñanza Evangélica en los colegios e institutos públicos, hablé de la legislación en la que estaba apoyada(Constitución, Reales Decretos, etc), de los profesores que la impartían, del organismo que nombraba a dichos profesores(Consejo Provincial) y de algunas circunstancias que rodeaban a un hecho nuevo como es que “otra religión” se imparta en los centros públicos españoles, donde, hasta ahora, sólo se admitía el credo de Roma.

Pues bien, llevamos andados tres meses del presente curso 2006-2007  y, como cada año, siempre hay algún centro en el que se produce alguna reacción adversa ante la pretensión de dar clase a alumnos que han solicitado Enseñanza Evangélica. Ese fue el caso en un centro cuyo director decía que allí no había alumnos matriculados en ERE. Una gestión de la profesora de ERE tuvo que demostrar que sí que los había y que, además, el impreso que dicho centro había utilizado para que los alumnos eligieran Religión o Alternativa, era ilegal, pues en ningún momento especificaba de qué religión se trataba. Posteriormente la actitud de este centro cambió, pero éste no es más que un ejemplo entre otros para demostrar que el simple hecho de que exista una ley y una normativa no es suficiente para lograr el objetivo. Hay una carrera de obstáculos que luego hay que salvar, ya sea al principio o más adelante.

Sin embargo la cuestión clave a la que quiero llegar en este artículo es: ¿Qué es un profesor de Enseñanza Evangélica? ¿Alguien que por su cuenta y riesgo decide ejercer una profesión, o un enviado de la Iglesia con la misión específica de enseñar y llevar la luz de la Palabra en el contexto académico?

Si, como presumo, lo identificamos con la segunda opción, creo que detrás de cada profesor enviado debe haber un “soporte de oración”, es decir, un respaldo espiritual por parte de la Iglesia, de manera que esa punta de lanza que es el profesor sepa que tiene detrás un ejército que lo sostiene.  Muy a menudo, el profesor se siente solo y  a falta de ese apoyo espiritual porque la Iglesia no ha tomado conciencia de su tarea, tal vez porque estamos poniendo siempre el acento en las actividades  internas, en aquello que sucede en el ámbito de las reuniones y nos olvidamos que Dios nos empuja hacia fuera.

Pues bien, en ese contexto de actuar hacia fuera, el profesor de ERE puede ser el canal que nos dé la posibilidad de realizar un montón de actividades en los colegios, desde charlas, música, teatro y un largo etcétera. Es una puerta que se nos ha abierto (no sabemos por cuánto tiempo)  que antes teníamos vetada y que no debemos desperdiciar.

Últimamente existe un debate sobre el futuro de la asignatura de Religión en la Enseñanza Pública. Y, como siempre, los interlocutores son el Gobierno y lo que los medios de comunicación llaman “la iglesia”. Evidentemente, la Iglesia Cristiana Evangélica no debe tener la suficiente entidad en cuestión de decisiones de poder, para eso ya está Roma. Pero bueno, volviendo al tema del debate, parece que la asignatura de Religión no va a desaparecer aunque sí que quedará bastante relegada.  Dentro del pueblo Evangélico, no existe una opinión unánime al respecto. Tradicionalmente hemos sido celosos defensores de la separación Iglesia –Estado en aras de la independencia y de la imparcialidad. Pero, por otra parte, la existencia de hecho de una iglesia pagada con los impuestos de todos los españoles, sea cual sea su credo, nos ha llevado a una posición un tanto pragmática, en el sentido de decir: Bueno, a pesar de la situación injusta que se da, se nos abre una puerta, entremos por ella y como dice el apóstol Pablo prediquemos la Palabra a tiempo y a destiempo. Y ahí estamos.

En fin, que sea cual sea nuestra posición en cuanto a la presencia o no de la asignatura de Religión en la Enseñanza Pública el hecho es que tenemos la oportunidad histórica de tener a unos enviados que necesitan nuestro respaldo espiritual pues ha habido que derribar muchas barreras. Estamos en una lucha que es espiritual. No buscamos esferas de poder  o influencia política. Nuestro Maestro dijo: “ Mi reino no es de este mundo”. Nunca antes en nuestra historia había sido posible esto. ¿Lo despreciaremos o descuidaremos ahora que lo tenemos?


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Pedro V. Gutiérrez

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