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El Limbo no existe.

Me ha resultado grata la noticia de la iglesia católica. Dicen que “Han llegado a la conclusión (reflexionen en la expresión) que El Limbo no existe”. Lógico. Habría bastado con leer las Escrituras para no inventar un lugar inexistente, para no jugar a hacer proposiciones teológicas de esa índole y de otras muchas. Al Limbo iban, pobrecitos, hasta ayer mismo, los bebés que por la razón que fuera, no habían sido bautizados.

En El Limbo también estaban los faltos de neuronas “¿Qué te pasa? ¡Pues no parece que estás en El Limbo!” Hay lugares que aparecen y desaparecen por causas naturales, por volcanes, terremotos... Pues El Limbo, apareció y desapareció del mapa celestial, por un plumazo. Lo que son las cosas.

No sé que pensarán los padres de tantas criaturas al conocer el cambio de domicilio de las almas de sus hijos. Imagino que estarán contentos. Confieso que soy una privilegiada. Siempre he sabido donde está el hijo que se malogró en mi vientre. Tengo paz.

Espero que se de suficiente publicidad al comunicado, porque se dijo de pasada, como a hurtadillas, camuflado entre otras noticias sin interés. Si hasta ayer mismo esas almas estaban en un lugar donde ni fú ni fá, donde ni pena ni gloria (nunca mejor dicho), ahora la iglesia católica los devuelve al lugar correcto: Ante la presencia de Dios, porque “han llegado a esa conclusión”.

Yo imagino que El Limbo, gastado por los años y por la mala tinta con que fue construido, se ha venido abajo por su propio peso, se le ha roto los cimientos, e igual que a los damnificados sin hogar por algún desastre, las autoridades eclesiales católicas, “han pensado” y es que el pensamiento no para, alojarlos en viviendas dignas. ¿Es la iglesia católica la que quita y pone? ¿Cuántos años de engaño? ¡Con cuánto poder inventan y con cuánto poder “desinventan”!. Juegan con la fe sencilla de las personas sin base bíblica. Yo me lo guiso, yo me lo como, y ahora lo vomito ante unos pocos, porque ya no me interesa la mentira.

El informe decía que fue Juan Pablo II quien dejó la responsabilidad de hacer publica la noticia a su sucesor, Benedicto XVI . “Sin prisas, aclárelo usted cuando buenamente lo vea conveniente, que a mi me da vergüenza. Saque usted del Limbo a todos los que metimos mientras yo me voy derechito al cielo, que es mi sitio, porque yo lo valgo y me esperan para santificarme, me lo he currao , no como otros que creen que van a ser santos por el mero hecho de creer en la justificación por la fe en el sacrificio de Cristo Jesús”. No, eso no lo dijo Juan Pablo II, eso lo digo yo porque estoy de mal humor. Ya era hora que los bebés de padres católicos, recibieran la “nacionalidad” que les correspondía. Antes eran algo así como “los sin papeles” en el reino de Dios ¡Angelicos!.

A ver cuántos encargos más dejó el difunto para conseguir los votos necesarios para su santificación, de quien los católicos no tienen la menor duda que se encuentra en la presencia de Dios y no en el Limbo. A ver si se animan y hacen lo mismo con otras tantas mentiras que se han ido inventando y añadiendo durante siglos a la Palabra de Dios, para redondearla, como al euro. ¡¡¡Redondear el verdadero mensaje de Cristo!!!

Enhorabuena a los rescatados del País de Nunca Jamás, a los Niños Perdidos que convivían con el fantasma de Peter Pan. Al fin y al cabo, más vale tarde que nunca, o nunca es tarde, si la dicha es buena. Por cierto, y del purgatorio, y las misas por los difuntos, y las indulgencias, etc., etc. ¿Qué? Como decía uno: “La cura la llevo bien, pero el ojo lo pierdo”. Animo a los católicos practicantes y no practicantes, a leer las Escrituras para seguir reparando errores.

Perdonen mi irreverencia al querer terminar comparando la Palabra de Dios con aquellos sobres sorpresas que cuando los abríamos y descubríamos asombrados lo que había en su interior, una nota nos alentaba a: SEGUIR BUSCANDO.

Misericordia, Señor, misericordia.

© Isabel Pavón. sentirCristiano.com

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